Durante el siglo XIX, la capital cubana había sido escenario de una notable actividad ajedrecística que se expresó en la creación del Club de Ajedrez de La Habana; la celebración de dos encuentros por el campeonato del mundo entre el titular Wilhelm Steinitz y su retador Mijaíl Chigorin en 1889 y 1992; el match entre Chigorin y Gunsberg en 1890; así como en la organización de simultáneas con varios de los más renombrados maestros de la época: entre otros, Paul Murphy, George Henry Mackenzie, Joseph Blackbourne y el propio Steinitz.  

Todavía en marzo de 1900 visitó La Habana el gran ajedrecista estadounidense Harry Nelson Pillsbury, a la sazón uno de los mejores del mundo y, de hecho, considerado principal rival de Enmanuel Lasker. Pillsbury realizó exhibiciones a ciegas y se enfrentó a varios de los más importantes jugadores del Club de Ajedrez de La Habana. 

Probablemente la desaparición física de varios de los principales impulsores locales del juego ciencia llevó a una ralentización de la actividad ajedrecística en la capital cubana. César Golmayo había fallecido en 1898 y Andrés Clemente Vázquez en 1901. Por entonces, el más fuerte jugador de la isla era Juan Corzo, nacido en España y radicado en Cuba. Había ganado el campeonato nacional en 1898, y en 1901 se organizó un encuentro de exhibición entre el vigente campeón y José Raúl Capablanca y Graupera, quien para entonces contaba 13 años. El «niño prodigio» ganó el match por la mínima diferencia, 7-6, producto de cuatro victorias, tres derrotas y seis tablas. La victoria sobre Corzo no le aseguró al adolescente la condición de mejor jugador del país; al año siguiente participó en el Campeonato de Cuba y obtuvo solo el cuarto lugar, con 4½ puntos de diez posibles. Corzo volvió a conquistar el torneo —y derrotó en sus dos partidas a Capablanca

Sin embargo, la fuerza de juego de Capablanca aumentó muy rápidamente a partir de que se estableció en Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia —donde, por cierto, fue miembro del equipo de béisbol. Su victoria 15-8 en 1909 sobre el entonces campeón estadounidense Frank J. Marshall, considerado también uno de los mejores del mundo, catapultó al joven cubano al estrellato ajedrecístico mundial, no sin ciertas reservas por parte de algunos que aún no conocían su juego. En 1911, contra todo pronóstico, Capablanca dominó torneo de San Sebastián, con 9½ de 14 posibles, donde participaron los más fuertes ajedrecistas de aquellos años (Akiba Rubinstein, Milan Vidmar, Frank Marshall, Siegbert Tarrasch, Carl Schlechter, Aaron Nimzowitsch, Osip Bernstein y Rudolf Spielmann, etc.), con excepción del campeón mundial Emmanuel Lasker. 

Tras esta victoria, Capablanca se convertía en un evidente aspirante al título mundial, aunque por entonces no se dieron las condiciones para concretar el match con el campeón. No obstante, la estrecha relación existente entre el Manhattan Chess Club y el Club de Ajedrez de La Habana llevó a sus directivas a pensar en un gran torneo internacional —dos vueltas a celebrarse, la primera, en Nueva York y, la segunda, en la capital cubana— que reuniría a nueve maestros europeos junto a Capablanca, Marshall y un tercer ajedrecista del hemisferio occidental. 

Sin embargo, esto no pudo concretarse y en su lugar se efectuaron dos torneos en 1913, uno en cada ciudad. Para vincular ambos torneos se decidió que los seis primeros clasificados en la urbe estadounidense compitieran luego en la capital cubana junto a dos maestros cubanos. Capablanca ganó la cita neoyorquina, con 11 puntos de 13 posibles, seguido por Marshall (10 ½), Charles Jaffe (9½), David Janowski (9) y Oscar Chajes y John Homer Stapfer (8). Más tarde, este último no pudo viajar a la isla, y su puesto lo ocupó el joven maestro ruso Abraham Kupchik.

A instancias del concejal Jacinto Ayala, y con el apoyo del entonces alcalde, general Fernando Freyre de Andrade, el Ayuntamiento habanero decidió apoyar el torneo con un crédito de tres mil dólares estadounidenses (en aquella época aún no se había establecido el peso cubano como moneda nacional) que luego fue aumentado hasta cuatro mil gracias a las contribuciones de la sociedad cubana, del Club de Ajedrez y del propio cabildo. El evento sería a doble vuelta, y al primer lugar correspondería un premio de 500 dólares. El segundo ganaría 375 dólares; el tercero, 200; el cuatro, 125, y el quinto, 50.

El 12 de febrero de 1913 llegaron a La Habana, a bordo del vapor Saratoga, José Raúl Capablanca, Frank J. Marshall, David Janowski, Charles Jaffe, Oscar Chajes y Abraham Kupchik. Al día siguiente se celebró un almuerzo de bienvenida en el Hotel Plaza, al cual asistieron, además de los participantes, la esposa de Marshall; el alcalde Freyre de Andrade; el concejal Ayala; Ernesto Asbert, gobernador de La Habana; León Paredes, presidente del Club de Ajedrez, junto a los miembros de su directiva, y el presidente del Unión Club, acompañado por su comitiva. La nómina de jugadores se completó con los cubanos Juan Corzo y Rafael Blanco.

El certamen transcurrió entre el 15 de febrero y el 6 de marzo de 1913. Las cuatro rondas iniciales se efectuaron en los altos del Hotel Plaza, y las restantes en el Ateneo y Círculo de La Habana, en el Paseo del Prado. 

Capablanca comenzó liderando con sucesivas victorias sobre los cubanos Corzo y Blanco. En la tercera ronda hizo tablas con Marshall; en la cuarta se impuso a Jaffe, y en la quinta empató con Chajes. En la sexta jornada Janowski lo superó; en tanto, Marshall se impuso a Blanco y lo alcanzó en lo alto de la tabla. En la séptima ronda Capablanca derrotó a Kupchik, y Marshall, a Janowski.  

En consecuencia, Capablanca y Marshall compartieron la cima al final de la primera vuelta, con cinco puntos de siete posibles; seguidos por Janowski (4 ½), Kupchik (4), Jaffe (3), Chajes (2 ½), Blanco (2) y Corzo (2).

Janowski versus Juan Corzo en el Torneo Internacional de Ajedrez de La Habana, 1913. / Foto: chesshistory.com

Durante la segunda fase, Capablanca volvió a conseguir un temprano liderazgo con victorias sobre sus dos compatriotas, pero Marshall logró similar resultado contra Jaffe y Chajes. Fue entonces en la tercera ronda cuando el estadounidense se impuso al cubano en 54 movimientos de una Defensa Petroff, aunque este último conducía las piezas blancas. 

Blancas: Capablanca, J. R. | Negras: Marshall, F. J. (Defensa Petroff) / Imagen: chesshistory.com

Marshall continuó su racha vencedora imponiéndose a Kupchik en la cuarta ronda, mientras que Capablanca solo alcanzó tablas ante Jaffe. En la quinta, se invirtieron los resultados: el cubano venció a Chajes y Marshall entabló frente a Corzo. A continuación, Capablanca eliminó a Janowski de la batalla por el primer escaño, derrotándolo en 52 movimientos de una Apertura Ruy López. Por su parte, Marshall conservó el liderazgo superando al cubano Blanco. 

Blancas: Capablanca, J. R.  | Negras: Janowski, D. (Apertura Ruy López) / Imagen: chesshistory.com

El jueves 6 de marzo, ronda final, Marshall acumulaba 10.5 puntos; Capablanca, 9.5, y Janowski, 8. El francés demostró que no era un rival menor al derrotar al líder del torneo en 47 movimientos de una Apertura de Peón Dama; pero el cubano tampoco logró superar a Kupchik, lo que le habría permitido empatar en el primer lugar. Su partida quedó tablas en 52 movimientos de una Apertura de los Tres Caballos.

Tabla final de posiciones del Torneo Internacional de Ajedrez de La Habana, 1913 / Fuente: Megadatabase 2022; chessbase.com
Tabla final de posiciones del Torneo Internacional de Ajedrez de La Habana, 1913 / Fuente: Megadatabase 2022; chessbase.com

El desarrollo de esta lid fue cubierto por diversos medios de prensa, entre ellos el diario La Discusión, que otorgó un premio de 50 dólares a la partida más brillante. Ese dinero fue a manos de Capablanca por su victoria sobre Corzo en la primera ronda. También estuvieron presentes semanarios como El Fígaro y Bohemia. Esta última otorgó una copa de plata al jugador no profesional cubano que obtuviera la mejor clasificación, el cual correspondió a Rafael Blanco.

Gracias a este certamen la capital cubana recuperaba el sitial conseguido a fines del siglo XIX, cuando fue sede de dos encuentros por el campeonato del mundo y pasó a formar parte del circuito de ciudades organizadoras de importantes torneos internacionales. Sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial y mediados del XX, La Habana solo acogería un par de eventos ajedrecísticos de alto nivel: el encuentro por el campeonato del mundo entre Emmanuel Lasker y José Raúl Capablanca, en 1921, y, tres décadas más tarde el potente torneo internacional realizado en 1952 para conmemorar el Cincuentenario de la República. 

Referencias:

-Capablanca, José Raúl & Sloan, Sam et al. (1913). Torneo Internacional de Ajedrez, celebrado en La Habana entre el 15 de febrero y el 6 de marzo de 1913. Reimpresión del original de la Imprenta Avisador Comercial y añadidas las partidas en notación algebraica por Sam Solan. Ishi Press New York-Tokyo, 2015.

-Folguera, Francisco (2020) Biografía del ajedrez cubano. Publicación independiente.

-Sánchez, Miguel Ángel (2019) Capablanca. Leyenda y realidad. Tomo 1. Editorial La Casa Vacía.

5 Comentarios

  1. Mauricio de Miranda nos recuerda en su crónica el torneo internacional de La Habana de 1913, el único de ese tipo que Capablanca jugó en Cuba, ya que sus dos otras presentaciones en la capital de la Isla fueron encuentros personales. El primero de ello contra Boris Kostic, 1919, en el cual triunfó con cinco victorias en igual número de encuentros, Segundo ya tuvo una trascendecia mayor, su disputa por la corona contra el Dr. Emanuel Lasker, 1921, en el que triunfó con cuatro victorias, diez empates y ninguna derrota.
    En ese torneo Capablanca no alcanzó el primer lugar para desanimo propio y de sus admiradores. Es decir que en el único evento de ese tipo que él jugó en Cuba no lo ganó y el recuerdo de esa competencia tiene que ver más con ese hecho que con la misma. Me parece muy apropiado que estas viñetas de la historia de Capablanca y de Cuba sean recordadas pues muchas cosas, lamentablemente, han quedado sepultadas por el peso del olvido. Para acentuar un detalle: Capablanca abrumó a Kostic y a Lasker con sus nueve victorias sin derrotas.

  2. Curiosa la foto grupal al empezar el post. Parecería por sus caras que se enfrentarían en breve a un pelotón de fusilamiento. Incluso el genio cubano parece un muerto en vida. Entiendo que eran tiempos difíciles, sin computadores para prepararse antes de la contienda ni preparatorias analíticas de grupos asesores, estos matches conllevaban un fuerte factor sicológico.

  3. Según comentarios de los propios jugadores el calor era brutal, de ahí tal vez el rostro compungido multiplicado. Se jugó ese torneo en el Hotel Plaza cuando todavía el aire acondicionado era una quimera.

    • Gracias por responder.
      Tiene lógica, sin ser de los meses mas calurosos en Cuba, al estar entre 4 paredes y enfundados en esos trajes se estarian asando. Con lo agradable que les hubiera sido disputarlo en short y camiseta, a la orilla de un fresco río cubano. Los humanos y sus absurdas solemnidades.

  4. En short y camisa a la orilla de un fresco río cubano hubiera sido un picnic y no un torneo formal de ajedrez. Pero si se observa bien Capablanca llevaba un traje blanco, su defensa contra el calor.

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