De la Matrix a Santiago de Chile

El autor de estas imágenes es alguien que fotografía un doble asombro. Alguien que captura fragmentos de una realidad ajena, inusitada, la del país y la ciudad en que acaba de desembarcar; hablamos de la novedad fundamental que experimenta el viajero primerizo. Y, a la vez, alguien que por fin tiene ante sí la evidencia desplazada sobre lo conocido ausente, la prueba definitiva de algo que, hasta ahora, con todo, no podía más que sospechar…

«Todos los cubanos vivimos en una Matrix particular en la que nos encerraron hace 65 años», dice Ariel Maceo, quien antes de viajar por primera vez fuera de la isla ya disentía de su realidad. Como quien, por un error de programación, ha tomado la píldora equivocada. O la correcta.

En estos casos, entendemos, el sentimiento de iniciación puede ser aún más agudo… Una desfloración empírica y simbólica con muchos grados de magnitud.

«Cuando uno sale de Cuba por primera vez, ese país al que llegue se convertirá en su segunda patria», declara solemnemente Maceo, y lo que dice suena a exageración. Pero no tanto si damos por bueno que dejar aquel sistema operativo para caer en el mundo real puede ser vivido, ciertamente, como nacer de nuevo. «Eso es para siempre. Como la primera noviecita de la Primaria. Es una ley universal [sic] que nadie escribió pero que está ahí. Eso es Chile para mí, otra casa».

Los colores intensificados… La mirada extasiada que infunde su particular densidad a estas imágenes es el testimonio de ese asombro, o estupor, esencialmente político. 

Santiago de Chile, 2019
Santiago de Chile, 2019 / Foto: Ariel Maceo

«Llegué a Santiago de Chile en la madrugada, con un frío del que solo tenía conocimiento por las películas, y con la sensación de la estafa respirándome en la nuca», relata Maceo. «Estaba amaneciendo y llevaba la cabeza pegada al cristal del auto mientras recorría la ciudad y analizaba el fraude. Porque, sí, los cubanos estamos engañados».

Hay una rabia plena de actualidad en el statement que acompaña estas instantáneas de 2019: «Cámara en mano y superado el engaño comunista, salí a recorrer las calles […] El mundo no sabe lo iluminador que puede ser para un cubano entrar a un Mc Donald´s». 

Como hay un viejo amor, una forma de candoroso re-conocimiento, en esta salutación fotográfica de una metrópoli extraña que, automáticamente, reencuadra y pone bajo otra luz a la ciudad natal.

«Santiago de Chile y La Habana no se parecen, pero ambas tienen en común a España», advierte Maceo, ansioso, sin embargo, por definir un común denominador. «La madre patria está ahí, latente en cada tramo de la avenida Nueva Providencia, o la plaza Baquedano, el barrio de Lastarria o el Cerro Santa Lucía. España es una señora que dejó su glamour europeo en ambas capitales».

La breve aventura de aprendizaje hallaría a su vez confirmaciones en el retorno: «Santiago de Chile me devolvió lúcido, con el sentido común afilado», confiesa el autor de estas postales sudamericanas, ya por entonces cada vez más inclinado al activismo político. «Igual la realidad cubana me estrelló contra el suelo porque meses después de ese viaje, fui arrestado en una manifestación y agentes de la Seguridad del Estado me rompieron la cámara. Por suerte estas fotos […] las tenía salvadas».

(Fotografías autorizadas por Ariel Maceo).

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