Las «ruinas habitadas» de La Habana podrían ser el escenario indicado tras el ataque norteamericano tantas veces invocado por el discurso político cubano de los últimos sesenta años.
La vigilancia y la represión gubernamental contra activistas, opositores políticos y periodistas independientes en Cuba constituye una realidad cada vez más excoriante.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.