Llamémosle X. Hace unas semanas me habló X., estadounidense, un tipo afable, entusiasta y periodista. Me pidió tips para aterrizar en La Habana, pistas...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.