Cuando Prokófiev derrotó a Capablanca

    Hace unos días, y quizás debido a mi publicación sobre La Habana como «Eldorado del ajedrez» en el siglo XIX, una apreciada amiga me sugirió indagar en la relación que tuvo José Raúl Capablanca (La Habana, 1888 – Nueva York, 1942) con el pianista y compositor Serguéi Prokófiev (Sóntsovka, actual Ucrania, 1891 – Moscú, 1953), quien lo derrotó en unas simultáneas que el genio cubano ofreció en Rusia. 

    El reto fue supremamente interesante. Capablanca es, sin duda, mi ídolo en el ajedrez. En mi opinión, es la mayor expresión de la genialidad hecha persona que ha enaltecido el concepto de «cubanía». Prokófiev, por otra parte, es uno de mis músicos preferidos. Es uno de esos grandes compositores que creó maravillosas partituras para diversos formatos, así como piezas para grandes obras cinematográficas. Compuso siete sinfonías, seis conciertos para piano y orquesta, dos conciertos para violín y orquesta, tres obras para chelo y orquesta (un concierto, un concertino y una sinfonía concertante), además de sonatas para piano, música de cámara, canciones, suites orquestales, nueve ballets y 14 óperas.

    De manera especial destaco su fabuloso Concierto No. 3 para piano y orquesta, Opus 26 en do mayor, sus dos conciertos de violín, sus ballets Romeo y JulietaLa flor de piedra y Cenicienta, así como la música que compuso para los filmes Alexander Nevsky e Iván El Terrible, ambos dirigidos por Serguéi Eisenstein. En ópera subrayo Guerra y pazSemion KotkoEl jugadorEl ángel de fuego y El amor por tres naranjas.El genio musical ruso pasó momentos terribles. En 1918, poco tiempo después de la Revolución bolchevique, y tras obtener el permiso de salida concedido por el entonces Comisario del Pueblo de Educación (a cargo de la Cultura), Anatoli Lunacharski, emigró de la Rusia soviética hacia Estados Unidos. En 1920 se trasladó a París, uno de los principales centros de la emigración rusa. Allí se vinculó a los Ballets Russes de Diáguiliev y compuso su fabuloso Concierto No. 3 para piano y orquesta. Sin embargo, la añoranza por la tierra es algo inherente al «alma rusa» y, en 1927, visitó la Unión Soviética (URSS) para una gira de conciertos. En 1928-29 compuso El hijo pródigo para los Ballets Russes de Diáguiliev, que se representó en París el 21 de mayo de 1929, con coreografía de Georges Balanchine y con Serge Lifar en el rol principal. Resultó un éxito mayúsculo. 

    En 1936 regresó a la URSS y continuó su prolífica creación artística. A diferencia de otros grandes artistas soviéticos, no fue represaliado por el estalinismo. Sin embargo, en 1948, el cancerbero de la cultura soviética, Andrei Zhdánov, acusó a Prokófiev, Shostakóvich, Jachaturián y Miaskovsky de «formalismo», lo cual era equivalente a «desviaciones burguesas» en la música porque introducía «sonidos confusos y angustiosos». A pesar de ello, sobrevivió a las purgas. En todo caso, sus obras tenían cada vez más dificultades para representarse. En 1952, después de fallecido Zhdánov, recibió el Premio Stalin por su (séptima y última) Sinfonía en do sostenido menor, opus 131. Obviamente, ello significó su salida del ostracismo. 

    Serguéi Sergueiévich Prokófiev falleció a los 62 años el 5 de marzo de 1953, víctima de una hemorragia cerebral. Su muerte coincidió con la del «Padre de los Pueblos», Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin), por lo que la noticia pasó «sin pena ni gloria» en la prensa soviética e, incluso, internacional.

    Prokófiev y el ajedrez

    Además de uno de los más importantes compositores del siglo XX, Prokófiev fue un gran amante del ajedrez. Lo practicaba como aficionado, pero era presumiblemente un jugador muy fuerte. Había aprendido a jugar a los siete años, estudiaba teoría, jugaba informalmente con amigos y conocidos, y era un asiduo los torneos que se efectuaban en Rusia y, luego, en la URSS. 

    Se enfrentó en un match a otro gran músico soviético aficionado al juego ciencia, el violinista David Oistrakh. El excampeón mundial Mijaíl Botvinník dijo que el compositor era un ajedrecista de «estilo ofensivo que solía utilizar gambitos en sus partidas», mientras que Oistrakh era «metódico y fuerte en la defensa». Al parecer, el match lo ganó el instrumentista, lo cual implicaba que Prokófiev debía ofrecer un concierto para los miembros del Club de Ajedrez de Moscú. 

    Además del match contra Oistrakh, quizá la anécdota ajedrecística más interesante del compositor ruso fue su victoria sobre Capablanca. Ocurrió en la tercera partida entre ambos, en unas simultáneas realizadas por el habanero en mayo de 1914 en San Petersburgo. La entonces capital del Imperio Ruso acogía un célebre torneo con la participación de varios de los mejores exponentes de la época.

    Serguéi Prokófiev se enfrenta con blancas a David Oistrakh. Observa Elizaveta Gilels. / Foto: Tomada de Internet
    Serguéi Prokófiev se enfrenta con blancas a David Oistrakh. Observa Elizaveta Gilels. / Foto: Tomada de Internet

    San Petersburgo, 1914

    Poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial se organizó en San Petersburgo uno de los eventos más fuertes en la historia del ajedrez. Por entonces no existía la Federación Internacional de Ajedrez, y tampoco reglas definidas para el campeonato del mundo. 

    De modo informal se había reconocido al alemán nacionalizado estadounidense Wilhelm Steinitz como el primer campeón mundial luego de su victoria en un match contra Adolf Anderssen en 1866. Quienes demostraran gran fuerza ajedrecística y lograran reunir fondos para disputar la corona, podían desafiar al campeón vigente. A continuación, se pactaría un encuentro con una serie de condiciones económicas. 

    Steinitz —tras vencer a Henry Bird en 1866, a Johannes Zukertort en 1872 y 1866, a Joseph Blackbourne en 1876, a Mijaíl Chigorin en 1889 y 1892, y a Isidor Gunsberg en 1890-1891— cayó en 1894 ante Emmanuel Lasker. Este ganó la revancha en 1896-1897, y luego venció a Frank Marshall en 1907, Siegbert Tarrasch en 1908, David Janowski en 1909 y 1910, y Carl Schlechter en 1910.

    El joven cubano José Raúl Capablanca derrotó en 1909 al campeón estadounidense, Frank Marshall, con un marcador apabullante, 15-8, producto de ocho victorias, dos derrotas y 13 tablas; una actuación que lo catapultó a la primera línea de aspirantes al título mundial. En 1911, terminó segundo a solo medio punto de Marshall en el Torneo Nacional Americano, pero el cubano se impuso en el potente certamen de San Sebastián, en España, donde superó a ajedrecistas de la talla de Rubinstein, Vidmar, Marshall, Tarrasch, Schlechter, Nimzowitsch, Bernstein, Spielmann, Teichman y Maroczy. Tras ese triunfo, creyó llegado el momento de disputarle el cetro a Lasker. Sin embargo, el alemán consideró que Capablanca aún no reunía suficientes victorias para merecer la condición de retador. 

    Un año más tarde, Capablanca no participó en el evento de San Sebastián, y allí se impuso Akiba Rubinstein, quien también tenía aspiraciones de enfrentar a Lasker por la primacía ajedrecística. En 1913, el antillano ganó el Torneo Nacional Americano superando, por un punto, otra vez a Marshall, mientras que Rubinstein quedaba muy relegado. Poco después, sin embargo, quedaría segundo detrás del propio Marshall —ante quien perdió una de sus dos partidas— en el Torneo de La Habana de 1913, la primera gran cita internacional de ajedrez efectuada en la capital de la isla.

    En 1914 la Sociedad de Ajedrez de San Petersburgo decidió celebrar su décimo aniversario de existencia con un evento internacional al que fueron convocados Lasker; Capablanca, retador in pectore, y varios de los más reputados ajedrecistas de la época: Alexander Alekhine, Siegbert Tarrasch, Frank Marshall, Akiba Rubinstein, Ossip Bernstein, Aaron Nimzowitsch, Joseph Blackburne, Dawid Janoeski e Isidor Gunsberg. 

    Participantes del Torneo Internacional de San Petersburgo, 1914, junto a otras personalidades / Imagen: ‘Zenda Libros’
    Participantes del Torneo Internacional de San Petersburgo, 1914, junto a otras personalidades / Imagen: ‘Zenda Libros’

    Las reglas eran un poco extrañas. Primero se efectuó un torneo por el sistema round robin (todos contra todos); los cinco primeros lugares clasificaban a una etapa final a doble vuelta. Los premios resultarían de sumar los resultados obtenidos en ambas etapas. Se había logrado una especie de «pacto de caballeros» según el cual el ganador sería considerado retador del campeón mundial. Pero no se definió qué pasaría si ganaba el propio titular. 

    Capablanca ganó la primera etapa, invicto, con ocho puntos de 11 posibles (+6, =4), seguido por Lasker y Tarrasch, con 6 ½, y Alekhine y Marshall, con seis. En la segunda ronda, sin embargo, el viejo campeón se impuso con siete puntos de ocho posibles, y derrotó por 1 ½ – ½ al cubano, quien solo consiguió cinco puntos; Alekhine acumuló cuatro unidades, mientras que Tarrash y Marshall consiguieron apenas dos. En consecuencia, Lasker fue el triunfador con 13 ½ puntos, seguido por Capablanca con 13, Alekhine con diez, Tarrasch con 8 ½, y Marshall con ocho. Enmanuel Lasker ahora no estaba obligado a aceptar el duelo singular con el cubano, quien debió esperar siete años para enfrentarlo y derrotarlo, precisamente, en La Habana. 

    Como ha quedado dicho, apenas unos meses después comenzó la Primera Guerra Mundial, y la actividad ajedrecística sufrió los embates del conflicto bélico. 

    Prokófiev y las simultáneas de Capablanca

    El joven Serguéi Prokófiev tenía 21 años cuando se efectuó el gran torneo de San Petersburgo. De acuerdo con sus diarios, asistía sistemáticamente a la sala de competencia y decidió entrar en las sesiones de simultáneas en que participaría el jugador cubano, estrella naciente del firmamento ajedrecístico.

    Poco antes había finalizado sus estudios en el conservatorio y ganado un concurso en que tomaron parte los cinco mejores estudiantes con su Concierto No. 1 para piano y orquesta en re bemol, opus 10. 

    En la entrada de su diario correspondiente al 7 de abril de 1914 escribe: «A las ocho en punto asistí a la inauguración del Campeonato de ajedrez y me trasladaron inmediatamente a un reino encantado, un reino vivo con la actividad más increíble en las tres salas del Club de Ajedrez y tres salas más disponibles por el Comité de la Asamblea”. Más adelante dice: «Así fue como me encontré en este reino irresistiblemente seductor, absorbido desde el primer momento por la próxima contienda».  

    Desarrollo de la partida Prokófiev vs. Capablanca / Imagen: www.chessgames.com
    Desarrollo de la partida Prokófiev vs. Capablanca / Imagen: www.chessgames.com

    Prokófiev perdió las dos primeras veces; la segunda dio batalla e intentó acorralar a su adversario, pero este impuso su maestría. Fue en la tercera partida, el 16 de mayo de 1914 (según el calendario juliano vigente entonces en Rusia), cuando por fin el prometedor músico ruso aventajó a Capablanca en 43 movimientos de una apertura de peón de dama.

    Posición final de la partida Prokófiev vs. Capablanca / Imagen: www.chessgames.com
    Posición final de la partida Prokófiev vs. Capablanca / Imagen: www.chessgames.com

    Capablanca volvería en 1925 a la URSS, donde participó sin mucho éxito en el Torneo Internacional de Moscú. Ya era campeón del mundo, pero entonces solo pudo clasificarse tercero, detrás de Bogoljubov y Lasker; encajó dos derrotas ante los jóvenes soviéticos Alexander Ilyn-Zhenevsky y Borís Verlinsky. Diez años después quedaría cuarto en la capital soviética, a la zaga de los ganadores, Salo Flohr y Mijaíl Botvinník, y de Emmanuel Lasker; lo vencieron entonces el viejo alemán y el joven soviético Nikolai Riumin. Sin embargo, en 1936, en el aparente ocaso de su carrera, se impuso finalmente en el certamen moscovita organizado a doble vuelta, superando por un punto, y en sus encuentros individuales (1 ½- ½), a la nueva estrella del ajedrez local, Mijaíl Botvinník, así como a Salo Flohr, Andrea Lilienthal, Viacheslav Ragozin, Emmanuel Lasker, Grigori Levenfish, Eric Eliskasses, Ilya Kan y Nikolai Riumin. Solo igualó en sus enfrentamientos particulares con Flohr y Levenfisch. 

    Pasados unos meses dominó el Torneo Internacional de Nottingham, empatado con Botvinník. Prevaleció allí ante el entonces campeón universal, Max Euwe; los excampeones Alekhine y Lasker; veteranos como Milán Vidmar, Xavielly Tartakower y Ewfim Bogoljubow, y promesas como Reuben Fine y Samuel Reshevsky.

    Dicen algunas fuentes que, tras su inesperada derrota en San Petersburgo, Capablanca deseó al recién graduado Prokófiev mucho éxito en la música. Las palabras que el compositor ruso dedica en su diario al cubano muestran el inmenso respeto y la auténtica fascinación que le causaba el gran ajedrecista nacido en La Habana.

    En su diario escribe: «Alrededor de las seis, Capablanca entró en el Club: es una persona absolutamente irresistible, vivaz, apuesto, ingenioso, y, este es el punto, un genio. ¡Deberías haber visto lo rápido que mostró los errores de nuestros maestros de Petersburgo: en el acto, en el instante en que terminaron sus juegos, y justo frente a sus propios ojos! Estaba en trance».

    Luego menciona que sostuvo una animada conversación con el cubano en francés en casa de un amigo común de apellido Bashkirov.Luego de que Prokófiev interpretara varias piezas suyas al piano, caminaron juntos en la madrugada hasta que Capablanca llegó al Hotel Astoria. El ruso siguió hacia su destino. 

    Capablanca ofreciendo simultáneas en Londres / Foto: Tomada de ‘Zenda Libros’
    Capablanca ofreciendo simultáneas en Londres / Foto: Tomada de ‘Zenda Libros’
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    2 COMENTARIOS

    1. Gran anécdota! Se encontraron dos artistas frente a frente ejecutando el arte de uno de los dos..
      Estoy seguro que Prokófied se enorgullecía de eso. El equivalente a que Capablanca hiciera una sonata mejor que el ruso al menos una vez en su vida.
      El ajedrez es un juego intelectual pero también se considera un arte. Jose Raul Capablanca más que un intelectual fué un artista. Un artista cubano para el mundo. Y como todos los artistas, nació bendecido con un don. Como el Beny, como Alfredo de Oro y Kid Chocolate.

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