Todas las mujeres merecen vivir sin miedo, sin violencia, y con derecho a la justicia (…) Nadie sangra más que aquella persona cuya cicatriz está siendo reabierta y martirizada. El apoyo, la ayuda, debe partir de reconocer la autenticidad del grito o el sollozo, porque cada mujer sobreviviente a la violencia ha tenido que generar sus propias estrategias de superación en el camino. 

Asamblea Feminista (2019

El 18 de abril fallecía en La Habana a los 70 años José Luis El Tosco Cortés. Instituciones, a través de sus redes oficiales, medios —dentro y fuera de Cuba— y figuras del panorama sonoro de la isla lamentaron la muerte de quien fue catalogado como un instrumentista virtuoso, uno de los rostros más visibles del boom de la timba durante la última década del pasado siglo y el creador de la «nueva escuela» de cantantes y flautistas de la música popular cubana.

«La música cubana (está) de luto», escribió el Instituto Cubano de la Música, en relación al arreglista, compositor y director de la orquesta NG La Banda

Cubadebate sacó del baúl de los recuerdos una entrevista realizada en 2020 en que El Tosco aseguraba que ese sobrenombre nada tenía que ver con su personalidad. Era, más bien, un resultado de las botas rústicas que usara durante su infancia. 

«No tengo nada que ver con la tosquedad», aseguró. «Me gustan las flores, los pájaros, la música, todas las cosas sublimes del mundo.  Pero, bueno, me dicen así, qué le vamos a hacer. Uno tiene que conformarse con lo que viene y con lo que le toca, y dentro de eso, buscar la forma de vivir la vida lo más placentero y exacto posible».

Solo algunos medios —ninguno vinculado a la prensa estatal cubana—, ya al final de sus obituarios, luego de hablar sobre la fundación de NG La Banda y el supuesto papel que jugó en sostener la moral de un país devastado por el Periodo Especial, indicaban que este personaje, tan sumido en el estrellato, tan grande, era un personaje lleno de contradicciones. Sí, porque el 18 de abril no solo fallecía en La Habana el aclamado Premio Nacional de Música 2017, sino también, impunemente, un agresor. El agresor de la cantante Dianelys Alfonso, alias «La Diosa de Cuba». 

***

Dianelys Alfonso conoció a José Luis Cortés a inicios del siglo, mientras esperaba un taxi en Santa Marta, provincia de Matanzas. Así lo recordó en una entrevista concedida a Tremenda Nota. Esa misma noche, él la visitó en el cabaret La Cueva del Pirata, donde trabajaba como cantante, y a partir de ahí comenzaron una relación. 

«Durante ese año José Luis se comportó muy bien, logró atraparme para que me sintiera cómoda y llegué a idolatrarlo como músico. Era una adoración muy grande lo que yo sentía por él. Nunca hizo, en esa etapa, nada para dañarme. Ni un pellizco», relata. 

Dianelys Alfonso, sin embargo, no comenzó a trabajar oficialmente en NG La Banda hasta que un día Mónica Mesa, una de las cantantes de la alineación, se quedó ronca y Cortés pidió que la sustituyera. En sus palabras, era la única que conocía lo suficiente el espectáculo. El inicio de su carrera en la mítica agrupación de música popular bailable también significó el fin de la relación romántica. «Donde se come no se caga» le dijo El Tosco, y La Diosa estuvo de acuerdo. 

Lo que no sabría Dianelys Alfonso es que aquel salto transcendental vendría acompañado de maltratos físicos, psicológicos y sexuales. Según cuenta, las golpizas eran más recurrentes durante las giras, llegando a casi romperle una jarra de cristal en la cabeza o a abandonarla en un matorral en Italia porque «eso era lo que le exigían los muertos». Pareciera que la religión es un plus para los agresores. Mientras tanto, en La Habana, El Tosco monitoreaba constantemente la ubicación de la cantante porque necesitaba «tenerla controlada». 

En 2006, después de cuatro años, Dianelys Alfonso dejó NG La Banda mientras se encontraban de gira en Milano, Italia. No esperó a finalizar los conciertos o recoger el dinero por las presentaciones. Estaba desesperada.

La historia de los abusos sufridos por La Diosa quedó ahí, sepultada entre los logros y los aplausos que siguió acumulando la agrupación y el silencio de quienes llegaron en algún punto a ser testigos. O por lo menos así fue hasta el 14 de junio 2019, cuando el influencer Alex Otaola preguntó directamente a Dianelys Alfonso sobre las golpizas y las violaciones perpetradas por El Tosco. «Tranquila que no es nada político. Me han contado que tú, cuando formaste parte de NG La Banda, fuiste golpeada por el maestro de la flauta», dijo el conductor del programa online de farándula Hola! Ota-Ola, quien momentos antes pedía a su audiencia que compartiera el video y anticipaba la implosión de una bomba en forma de chisme. 

La exposición de una víctima y sus traumas en la palestra pública a cambio de views constituye una falta de responsabilidad ética por parte de cualquier comunicador. Las denuncias no son materia prima de espectáculos y el tráfico de información sobre cuerpos física y psicológicamente violentados ha de ser condenable, bajo la premisa de que son solo las víctimas quienes poseen la total legitimidad para decidir cuándo y cómo contar su historia. Sin embargo, el incidente sacó a la luz un problema de raíces bien profundas que forma parte de la cotidianidad de la mayoría de la población en la isla: la violencia machista y el pacto patriarcal de las estructuras que nos rigen. 

Ante el rápido proceso de deslegitimación que enfrentó el testimonio de Dianleys Alfonso, en muros y chats de Facebook, se alzó un movimiento de apoyo y sororidad con la cantante. Un movimiento, que bajo #YoSíTeCreohashtag que daría nombre a la primera plataforma cubana de apoyo y acompañamiento a personas en situación de violencia machista, retomaba el urgente reclamo de una ley integral contra la violencia de género en el país. Una normativa capaz de penalizar su ejercicio —en todas sus manifestaciones— y de implementar protocolos efectivos en los procesos de denuncia, acompañamiento y orientación de las víctimas. 

«Su actitud [de Dianelys Alfonso] merece respeto y protección para mitigar las posibles secuelas de lo que ha expuesto. Debe ser tomada en cuenta porque lo que confía es serio y sobrecogedor», sostenía en una carta abierta la Asamblea Feminista. «El caso merecería, al menos, una investigación jurídica al supuesto maltratador y la revisión de las políticas institucionales del Ministerio de Cultura para los proyectos artísticos que involucran a menores de edad. No importa de quién se trate, si un artista famoso, un coronel del ejército o un disidente político; no importa el tiempo que haya pasado desde el episodio de maltrato; no importa la relación sentimental-afectiva entre la víctima y el maltratador: la violencia de género debe ser visibilizada, denunciada, castigada y reparada. Las víctimas de la violencia machista necesitan ser escuchadas, apoyadas y protegidas. Es su derecho. Contarlo cuesta mucho, pues por lo general implica cuestionamientos, amenazas, descrédito y re victimización». 

Una semana después de la entrevista en Hola! Ota-Ola, Dianelys Alfonso denunció a El Tosco por «amenazas», tras recibir varios mensajes donde el agresor la alertaba de que tendría que atenerse a las «consecuencias». En una de las varias estaciones policiales a las que acudió La Diosa, acompañada por representantes de la no gubernamental Unión Nacional de Juristas de Cuba, los oficiales indicaron que el músico también había interpuesto una demanda contra ella por «difamación». Personas que acompañaron a La Diosa en su denuncia indicaron que la cantante tuvo que pagar una multa, según lo estipulado en el apartado 1 del Artículo 376 del Código Penal de 1978. 

Dianelys Alfonso, La Diosa / Foto: Facebook
Dianelys Alfonso, La Diosa / Foto: Facebook

***

A casi tres años de aquella denuncia, el consagrado músico, el maestro, el rey de la timba cubana, pero también el agresor, el victimario, según el testimonio de Dianelys Alfonso, falleció impune, sin que haya constancia de un proceso legal en que se viera obligado a rendir cuentas sobre las acciones que se le atribuyeron públicamente. Entonces, ¿ahora qué? ¿Se convierte esto en escenario para aplicar aquella frase —y disculpen la agresividad del enunciado—: «muerto el perro se acabó la rabia»? La respuesta a esta pregunta puede contener un sinfín de matices, pero, en esencia, es no. El sistema patriarcal y sus manifestaciones no desaparecieron con El Tosco; tampoco los recuerdos y traumas que hoy carga la víctima de sus ofensas. 

Tanto sus obras, como sus atropellos hacia los cuerpos feminizados, perdurarán en la memoria colectiva. Seguramente, más para unos que para otros. En todo caso, quedará en tarea de nuestras militancias que no se olvide. Bajo esta premisa, ¿hemos de censurar el duelo? Tampoco.

Bien sabemos que nuestros agresores son hombres de carne y hueso. Hombres con familia, amigos y —cuando son figuras públicas, como lo fue Cortés— seguidores y admiradores. El velatorio del argentino Diego Armando Maradona, dueño de «la mano de Dios» y conocido violador, pedófilo y maltratador, fue un evento masivo en plena pandemia. Cuando las cifras del coronavirus en Argentina sobrepasaban los ocho mil casos diarios, el Gobierno de Alberto Fernández abrió las puertas de la Casa Rosada para que miles de fanáticos lloraran y se despidieran del ídolo. 

Ellos tendrán el derecho pleno de llorar y transitar por el largo proceso de adaptación emocional que representa todo duelo. Esto, a su vez, nos recuerda que los agresores, hijos del patriarcado, no son entes especiales, atípicos, o sujetos patológicos cuyos valores y comportamientos estén en disonancia con los del resto de la sociedad. Nos recuerda que son eso: hombres de carne y hueso, como nuestros padres, hermanos, amigos, vecinos. La labor de los feminismos no debería concentrarse en la censura emotiva, más aún en un país donde la censura es el pan de cada día

Las propias víctimas igualmente tienen el derecho de llorar a sus victimarios, sobre todo, porque, en la mayoría de los casos, los unía un nexo familiar, romántico, laboral, etc. La muerte resulta a menudo un fin abrupto; no un cierre acompañado por la justicia y con el sello de credibilidad otorgado por el resto de la sociedad: «Ella tenía razón». Como también las víctimas podrían no derramar una sola lágrima y expresar alivio: «Dios sabes que cada palabra que dije fue real. Hoy me siento en paz. El tiempo de Dios es perfecto», escribió en sus redes sociales Dianelys Alfonso. 

Solo la víctima, quien transita por su particular proceso de duelo, conocerá cuáles son sus necesidades, y queda en nosotros entenderlas y aceptarlas. 

Si existe un comportamiento único y correcto en estos casos, todavía no cuento con la respuesta. Habrá quien apele a la «cultura de cancelación», entendida como una forma de justicia colectiva que busca la pérdida de influencia de personajes o instituciones. Una estrategia, por cierto, muy extendida a lo largo de la historia de las luchas anticoloniales, antiespecistas, sexodisidentes, feministas, y que tomó un mayor peso en la era de las redes sociales y de la presunta «democratización de la información». 

Pero en una sociedad tan lejos aún de ser equitativa, sería utópico pensar que las estructuras e instituciones culturales dejarán de nombrar a El Tosco y sus obras dentro de la historia de la música cubana. Además, obviar y anular la existencia de El Tosco es obviar todas sus acciones y, por tanto, los propios testimonios ofrecidos por Dianelys Alfonso. Porque, como ya indicaba a inicios de este análisis, la obra y el artista van de la mano. Hay ahí una relación intrínseca, donde un elemento necesita de la subjetividad del otro para existir. Claramente, no hay libro sin autor, guion sin guionista, como no hay partitura sin músico. 

En lo personal, luego de la muerte de Cortés, me percaté de que podía continuar mi vida sin la perenne necesidad de escuchar «Santa palabra», «La expresiva», «Échale limón» o «La cachimba». Su virtuosismo no era indispensable para mí antes y no lo sería ahora, sobre todo, luego de escuchar los relatos de quien fuera durante años su víctima. Pero no soy musicóloga y mi cotidianidad laboral ya no transita en las ramas del panorama sonoro de la isla. 

Sí tomé la decisión de no volver a ver una película de Woody Allen en el momento exacto en que decidí creerle a su hija adoptiva, Dylan Farrow, quien lo denunció por haber abusado de ella cuando aún era una niña. Aquel tiempo que parecía perdido en la escuela de cine me dotó con las suficientes herramientas para entender que la psicología de los personajes se construye a partir de la subjetividad de su autor. Cada personaje de Allen era una representación de sus agresiones y de su impunidad en la esfera pública y legal. Woody Allen, para mí, pasó de ser un director de cine a ser un pedófilo. El Tosco, para mí, pasó de ser el director de NG La Banda al agresor de Dianelys Alfonso, y así se quedará.

Quedará a título individual si cada uno elige seguir bailando al ritmo de «Lelolei». Lo que sí no debería ocurrir es que esto sea razón para romper los lazos de sororidad y colaboración. Ya lo decía la escritora afroamericana, feminista y activista por los derechos civiles Audre Geraldine Lorde (1979): «las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo». Porque es exactamente eso lo que busca el patriarcado, que quede en nuestras manos la lógica de la sanción. Algo que muchas veces encontramos como única alternativa: la búsqueda de algún tipo de justicia cuando la propia justicia no llega. 

Pero sabemos que la muerte, la violencia o la cancelación no es justicia total o completa, aunque la sociedad donde vivimos así nos lo haga creer. Justicia hubiese sido que El Tosco rindiera cuentas por sus acciones y recibiera una condena por ello. Un resultado no imposible, pero sí bien difícil bajo los preceptos del recién aprobado Código Penal, que ni siquiera contempla la tipificación de los delitos de feminicidio y femicidio.  

***

Cuando comenzaron los debates públicos sobre la posible «actualización» del Código Penal, activistas y plataformas feministas aprovecharon una vez más para elevar el reclamo. A pesar de los esfuerzos y las múltiples llamadas de atención, la última versión del anteproyecto —«moderno y ajustado a su realidad», según el oficialismo— fue aprobado este 15 de mayo por los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) en presencia de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. En ninguna de sus páginas quedaron explícitamente mencionados los conceptos de feminicidio o de femicidio. También quedaron fuera los delitos de violencia vicaria, digital, política y obstétrica.

Durante esa sesión extraordinaria del Parlamento, Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), pidió a los presentes incorporar tales delitos al ya redactado Artículo 345. «No está la nomenclatura femicidio o feminicidio porque habría que establecer en el asesinato nomenclaturas distintas, como infanticidio, por ejemplo», contrarrestó Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular. Teresa Amarelle, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), incluso llegó a señalar que en el boceto final no existían vacíos legales con respecto a la violencia de género. La solicitud fue cortada de raíz, y en el momento de la votación la propuesta, como era de esperarse, fue desestimada[1].

El inciso d) del Artículo 344 de la nueva ley penal dispone sanciones que van desde la pena de muerte o la cadena perpetua hasta la privación de libertad [20 a 30 años] «a quien mate a otra persona concurriendo (…) por motivo de discriminación de género». Asimismo, el Artículo 345.1. prevé las mismas consecuencias para quien «a) de propósito, mate a un ascendiente o descendiente, o a la persona con la que mantiene o ha mantenido una relación conyugal o de pareja de hecho afectiva»; «b) dé muerte a una mujer como consecuencia de la violencia de género»; «c) se ejecute por odio contra la víctima por motivo de su raza, religión, género, identidad de género u orientación sexual». 

En la versión 26 —y definitiva— del proyecto también quedó incluida la violencia de género dentro de la descripción de los siguientes delitos: acoso laboral, asesinato, lesiones, amenazas, coacción, violación de domicilio, agresión sexual, acoso y ultraje sexual, hurto, extorsión, chantaje, usurpación, estafa y daños. 

La «actualización» del Código Penal y del Código de Familia, así como la publicación de la esperada «Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y la violencia en el escenario familiar», un día después de que salieran a la luz en El Estornudo las primeras cinco denuncias contra el trovador Fernando Bécquer, forma parte de la tarea de ordenamiento cubano trazada por el régimen de la isla. La «Estrategia integral…», por otra parte, si bien ha sido calificada por activistas como «un punto de partida», solo se conocerá su funcionalidad cuando varias mujeres hayan tenido que recurrir a ella y esta dé —o no— respuesta a sus demandas y necesidades. Parafraseando a la académica y ensayista Mabel Cuesta, la credibilidad de las instituciones solo se logra a base de efectividad. 

No obstante, la estrategia no llega a despejar la necesidad de una Ley Integral contra la Violencia de Género. Y no sé cuánto tiempo más podamos esperar por ello. 

Mientras los decisores, la gran mayoría hombres cis, concuerdan, desacuerdan y continúan aplazando la efectiva implementación de normativas que protejan a las mujeres —y mujeres trans—, seguirán caminando por las calles depredadores cuyas acciones ya han sido expuestas y denunciadas tanto en redes sociales como judicialmente. A día de hoy, con decenas de testimonios en su contra, Bécquer —quien está muy lejos de ser una de las «glorias de la cultura cubana»— todavía se encuentra perfectamente libre. Aunque el trovador no goza de la misma influencia y poder que tuvo en vida El Tosco, sus víctimas —al igual que Dianelys Alfonso— se encuentran en clara situación de desventaja, obligadas a repetir una y otra vez su historia para ganar credibilidad. En ambos casos, los agresores han contado con el apoyo o el silencio cómplice de las instituciones.

Hace solo unos días, en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, la colombiana Paula Andrea Ramírez, quien denunció haber sufrido una agresión sexual por parte de Bécquer en 2006, entregó en mano al ministro cubano de Cultura, Alpidio Alonso, una carta abierta firmada por el colectivo de sobrevivientes del trovador y aliados. La misiva también fue entregada al director de Casa de las Américas, Abel Prieto, y al embajador de Cuba en Argentina, Pedro Pablo Prada. 

«Le dije que como en Cuba hay otras mujeres que también lo han denunciado penalmente lo que yo quiero hacer es sumar mi denuncia a esas causas. Que la justicia en Cuba no me ha dado las garantías para que yo pueda entregar mi testimonio y mis pruebas porque solamente hay un mail que no te responden el acuse de recibido. Le dije también que tengo un equipo del Ministerio de la Mujer de Argentina que me acompaña desde diciembre, cuando todo esto salió a la luz», relató Ramírez en sus redes sociales.

Alpidio Alonso se limitó a indicar que el caso estaba en manos de la justicia cubana y aseguró que el músico ya no estaba dando conciertos. Pareciera que el ministro, como el resto de los titulares de los organismos públicos en Cuba, pudiera limpiarse las manos porque… identificar y lidiar con la violencia de género no forma parte de su plan de trabajo. Y menos cuando el agresor es una figura reconocida por su propia institución. 

Fernando Bécquer / Foto: Facebook
Fernando Bécquer / Foto: Facebook

Cuando el monstruo es baluarte nacional de la Cultura, tienen más peso su flauta, su guitarra, sus acordes que su monstruosidad. ¿Qué habría sido de la música cubana sin José Luis Cortés? ¿Qué habría sido de la vida de Dianleys Alfonso sin El Tosco? No lo sé. 

Lo único que creo saber es que José Luis El Tosco Cortés no fue una figura polémica. José Luis El Tosco Cortés fue un agresor, y así deberíamos llamarlo. Sin miedo. Agresor. Se lo debemos a Dianelys Alfonso, si alguna vez compartimos en redes sociales el hashtag #YoSíTeCreoDiosa. Y se lo debemos al resto de víctimas de la violencia de género cuyos nombres nunca llegaron a los titulares. 

*A propuesta de la activista feminista Sam Olazábal, y en vísperas del fallecimiento de El Tosco, se declaró el 18 de abril como Día de Acceso a la Justicia de las Víctimas de Violencia de Machista en Cuba [Nota de la Autora].


[1] A diferencia de lo expresado por varios diputados en sus intervenciones durante la Quinta Sesión Extraordinaria de la ANPP, incluido el presidente del Tribunal Supremo Popular, «femicidio» y «feminicidio» no remiten al mismo concepto. El término de «femicidio», acuñado por la antropóloga estadounidense Diana Russell, se refiere a los «asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres». Mientras que el «feminicidio», según a antropóloga y feminista mexicana Marcela Lagarde, quien introdujo el término, engloba un conjunto de delitos de lesa humanidad contra los cuerpos feminizados: secuestros, desapariciones, etc., ante un «colapso institucional». Es decir, detrás de un hombre capaz de acabar con la vida de una mujer, hay un Estado que lo ampara y permite que esto suceda, ya sea por acción directa o por la falta de leyes que protejan a las víctimas. 

3 Comentarios

  1. Como dijera el genial Alvarez Guedes, Coñoooooo!
    No hay un personaje citado que se escape por los pelos!

    El tosquito: Un bofe reventao que, nunca, ni en sus mejores momentos, pude tragar su presencia acompañada o no por sus repulsivas canciones.

    El otaala: puahhh

    El maradona: para mi nunca existió, el uno siempre fue Pelé

    El woody allen: pedazo de vomitivo de persona junto a sus clavos de peliculas empezadas y nunca terminadas de ver.

    El fernadito bécquer y su hocico de puerco: tiene la cara de puerco, y se comporta como un puerco, resultado, un puerco.

    Por ultimo y sin dejar de solidarizarme con la desgracia que vivió por cruzarse en su camino con un especimen de tal tosquedad, Dianelys Alfonso y su desagradable presencia escénica y en redes sociales tampoco son lo que se puede decir «un dechado de virtudes»

    Lo dicho, no se escapa uno.

  2. Dice: » el agresor, el victimario, según el testimonio de Dianelys Alfonso, falleció impune»

    Pregunto: ?Alguien que no sea Dianelys Alfonso ha corroborado lo que ella dice?

    ?Lo condenamos porque es lo que ella dice y porque el despreciable de Otaola (quien se gana la vida con chismecitos y atacando a los otros) lo voceó?

    ?Y si no fuera cierto?

  3. Dice: » el agresor, el victimario, según el testimonio de Dianelys Alfonso, falleció impune» .

    Pregunto: ?Alguien que no sea Dianelys Alfonso ha corroborado lo que ella dice?

    ?Lo condenamos porque es lo que ella dice y porque el despreciable de Otaola (quien se gana la vida con chismecitos y atacando a los otros) lo voceó?

    ?Y si no fuera cierto?

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