Todas las vidas de Tamara Díaz

    En una de sus gavetas tía Tamara guardaba varias letras de papel que mantenía cerca, a mano, entre otros papelitos de la vida cotidiana, postales de viajes, recuerdos, documentos de migración de la familia, fotos de amigos y carpetas de trabajo. Algunas veces compuso mi nombre letra a letra y lo pegó en sobres de cartas. Me esperaban en la habitación que me acomodó en Madrid o llegaban en su maleta hasta Cárdenas. Una vez la vi repasar ese alfabeto de papel con un dedo en el aire hasta completar la oración: «gracias, papi». Abuelo Carlos murió en 2007, pero tía nunca dejó de conversar con él y agradecerle. Un gesto parecido quisiera yo trazar con este libro.

    Los modos de hacer de tía en la curaduría y en la escritura no eran distintos de su manera de cuidarnos: un estar en el mundo a través de la escucha y la complicidad, una atención minuciosa que lanzaba preguntas al presente para poder responderlas juntas. Su escritura, acompañada de otras voces, afectada por otras sensibilidades, deseos y urgencias políticas compartidas con otros, está apoyada en esa ética. Son textos que ella decía tejer como tentativa-ensayo o como juego en el terreno de la ficción, siempre con el placer de escribir en proximidad y al ritmo de otras delicias muy suyas, como nadar o bailar. Esos movimientos atraviesan este libro tanto como el cajón de costura, compañero de tía a través de los años. De ahí su tiempo suave, su escala pequeña y amable, probando lo que las manos y la atención pueden en una actividad menor, al margen de los relatos autoritarios, por femenina y doméstica. De ahí los recorridos intermitentes que, como las agujas, pueden llegar a unir y sanar. El tejido puede ser un retrato de manos y vidas entrelazadas en contextos de amor y trabajo, y esta selección de textos podría ser también una suerte de constelación de la vida de tía, quien con religiosidad iba creando todos los días aquello en lo que creía.

    El dibujo para bordar de Emilia Prieto fue la primera puntada que tía situó en la trama de la Décima Bienal Centroamericana, cuyas preguntas abren este libro. Asomada al cajón de costura o gabinete textual de tía y dejándome de nuevo afectar por las historias e imágenes de su escritura, me asombra la forma en que aquel proyecto nos sigue hablando de nuestro presente y de las herramientas para el futuro que queremos habitar. La hebra inicial de la Décima… abre paso a ideas que atraviesan todo el libro: oponerse a las violencias normalizadoras, imaginar otros cuerpos y sexualidades, interrogar al pasado colonial y sus resonancias presentes, convocar las memorias de resistencia e insurrección, hacer a partir de la condición vulnerable de la vida, interesarse por las vidas no humanas, redefinir juntas las condiciones de una vida vivible, en suma. El no estar sola de Patricia Belli. Y, sobre todo: cómo contagiar que todas las vidas importan. Desde niña me ha conmovido esta continuidad generosa entre casa, familia, amigos, trabajo, textos, plantas, entre los tiempos humanos y los no humanos. Un deseo de contacto. «Where are you?», se preguntan dos conejitos en un dibujo de Liliana Porter que apareció en el texto de tía para el catálogo de Estrecho dudoso y que le acompañaba en su vida cotidiana. Un dibujo que mi madre (su hermana) asocia aún con ella porque fue su foto de perfil y fondo de pantalla durante muchos años. Dónde estás.

    Dejarse contagiar, creo con ella, podría ser aprender de la intuición, tejer contextos críticos y afectivos y dejarnos cuidar por ellos. El mapa de tramas que dibuja este libro recorre espacios, temporalidades, vínculos. Y sus nudos conversan. Lo imagino como en aquella imagen de Ursula K. Le Guin que tía citó en la entrevista que no hace mucho publicó Consonni: un relato cuya receta se parece más a la de los tamales que a la del bistec. O como el Alambre enredado (2008) de Patricia Belli. Aimar (Arriola) me lo recordó hace unos meses y tía lo repasa en este libro justo en relación a la idea del tejido y las redes en Centroamérica: redes complejas, con muchos nudos y sin un único centro, con recorridos no lineales.

    Así, a los textos de la Décima les siguen Si el agua no ahogase un río y Hechizo en Managua, sobre el trabajo de los artistas Rolando Castellón y Patricia Belli respectivamente, y un grupo de escritos esenciales para el campo de debate sobre arte centroamericano. En estos últimos, podemos entrever más a la historiadora del arte que traza genealogías, devela madejas colectivas y articulaciones específicas del contexto a partir de su experiencia en TEOR/éTica, proyecto independiente en San José (Costa Rica) dedicado al arte y al pensamiento fundado por la artista y curadora Virginia Pérez-Ratton. Se trata de textos que dan testimonio y acompañan una escena hasta aquel momento poco narrada, y de la cual ella fue parte casi desde el comienzo de su exilio en San José de Costa Rica desde 1999. Permanece el tono cercano y toman forma de cartas, ficciones o encuentros con la literatura, conversaciones, recuerdos, como aquel cantando con Virginia (Pérez-Ratton) el Mesié Julián de Bola de Nieve, intelertuar y chic, y riendo. Como a abuelo Carlos, tía continuó hablando a Virginia. El texto de la 31a Bienal de Pontevedra (2010) que cierra esta primera hebra fue una carta dirigida a ella, Del oeste al oeste.

    Años más tarde escribió Matter of time, un ensayo-carta a otra artista, y también amiga desde que ambas estudiaban en la decadente Habana de los noventa: Tania Bruguera.

    Le escribe para agradecer, para recodar, para comprender, para contar, olvidar, sentir, aprender… y a la vez que recorre la obra de Tania, su relación con el tiempo, las maneras de hacer arte útil aquí, traza un relato que atraviesa la vida de Tania, la suya misma y la de Cuba en estos años de dictadura. La culpa, el duelo como desafío, el exilio, la infancia de mi madre y tía en el central azucarero Dolores y el dolor de la historia del azúcar en Cuba. Los textos breves que en este libro anteceden a Matter of time se publicaron originalmente en la plataforma online L’Internationale. Llegaron con una urgencia: el deseo de acompañar a Tania durante los días en los que las autoridades la detuvieron en su domicilio de La Habana y le retiraron el pasaporte. Si El Susurro de Tatlin #6, la performance de Bruguera que la represión no dejó concretar, quería un minuto para hablar libremente del futuro de Cuba en la Plaza de la Revolución, los textos de tía lograron hablar y acompañar en aquellos días no solo a Tania sino a muchos otros amigos cubanos en el exilio desde aquellos textos, ante el silencio de gran parte de la comunidad artística nacional y la ciudadanía. Parece preguntarnos: quiénes constituyen un país, cómo no perder la esperanza, qué pequeño movimiento zarandea a la estructura monolítica, qué vamos a hacer. El amor a Cuba, como a nuestra familia, también fue atención sostenida, ética, paciente y contagiosa. La propuesta de bailar un guaguancuir como gesto de vida ante la violencia del Estado cuando en 2020 fue encarcelado el artista Luis Manuel Otero. Contagiar a sus amigas del Museo Reina Sofía con aquel baile o sensibilizar a sus compañeras de la Red de Conceptualismos del Sur con las violencias de la dictadura cubana sobre unos cuerpos y vidas marginalizadas, y en su mayoría negras, del barrio de San Isidro. En este libro Cuba no es un lugar al que llegar necesariamente sino, más bien una estructura del sentimiento, como dijo José Esteban Muñoz, y una puntada más. Cuba, tanto como otras casas suyas (Costa Rica, Barcelona, Madrid…) se alojaba en los materiales con los que ella hacía la vida cotidiana.

    El mapa dibujado de su vida, ha dicho, son unas oleadas, un mar. Los textos Trazos en el agua y Caminos del agua, con 17 años de distancia entre sí, los imagino como puentes u oleadas entre los territorios principales del libro. Justo después de recordar su primer y último gesto en la inmersión: agradecer, en Caminos del agua (que es además la última entrada que aparece en su blog Textos errantes)comienzan las hebras finales a las que podríamos llamar los modos de hacer.

    El hacer lugar y el ser parte es el trazo invisible entre el vínculo no instrumental con la naturaleza de Fina Miralles y su abrazo al mundo desde la experiencia de viviente, la escritura guiada por la escucha arribando a Vigo con Carme Nogueira en la exposición Vida Gallega, y las preguntas sobre el jardín de la carta final escrita con amigas participantes del laboratorio Komisario Berriak. Otras personas y experiencias resuenan en este libro, aunque no estén puestas en palabras. El grupo de lectura en Móstoles, en el CA2M, que alentó y condujo tía y hacia donde se desplazaba en tren de cercanías los jueves entre 2014 y 2019. Lecturas compartidas sobre mujeres monstruas y monsteras deliciosas, ciencia ficción, cruces de sonidos, olores, mails, juegos, papelitos, abertura de otro tiempo y, también, intercambio de esquejes. Tía siempre fue muy jardinera. Animó luego otro grupo de lectura junto a amigas del museo Reina Sofía para detenerse y respirar, darse aliento entre todas (2020). Respiraban a veces junto al jardín que comenzaron a acompañar, observar, dejar crecer con Alejandra (Riera) y que aún cuidan. Este año quisimos retomar aquel grupo de lectura, pero esta vez leer a tía y a otras que ella convocara. El aliento colectivo de Respirar ha sostenido, a su vez, este libro.

    Tía pasó años llenando maletas y regresando, como en la primera canción de Rita Indiana que me enseñó. Haciéndonos más vivible la vida en Cuba, trayendo noticias del mundo, de la democracia y de la belleza. A la hora de volvé, intentábamos ir todas las tardes al mar. Unos tamales con la familia, batidos de mamey, bailar un guaguancó, cantar, plantar en las macetas del balcón de Cárdenas, pintarnos los labios de rojo. Tía nos decía que le iba más el chapoteo que la disciplina del cuerpo en el agua, el intento, la intuición, las escalas amables. Este es un libro de muchas vidas que importan y de la de ella, presencia y fuerza que nos atraviesa y a la que queremos agradecer.

    *Nota: Todas las vidas (Consonni, 2024) reúne varios textos críticos de la investigadora y curadora Tamara Díaz Bringas (1973-2022), una figura especialmente querida dentro del arte contemporáneo cubano, así como lo fue en Costa Rica y España, países en los que transcurrió su exilio. Curadora y editora en TEOR/ética, Tamara estuvo al cuidado de la X Bienal Centroamericana de Arte y de la 31 Bienal de Pontevedra. Fue también integrante de la Red Conceptualismos del Sur y coordinadora de Actividades Públicas del Museo Reina Sofía. El texto que entregamos a continuación, prólogo del volumen Todas las vidas, pertenece a Aurora Carmenate, curadora, historiadora del arte y sobrina de Tamara.

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    2 COMENTARIOS

    1. Mi querida Tamara ,
      Que hermoso es leer tantas cosas lindas de ti !
      Siento que tu sobrina no dejará que el paso del tiempo apague el recuerdo de tu obra y de tu alma siempre noble y linda .

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