La inmensa mayoría de los cubanos no se echaron a las calles de la isla el domingo 11 de julio a protestar contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel. La principal razón de esas buenas personas para no unirse a las manifestaciones, quedarse en sus casas, y hasta ponerle una tranca a la puerta, no es afecto por Díaz-Canel, por quien ninguno de ellos votó para hacerlo presidente. No es, ni mucho menos, que se sientan satisfechos con la vida en Cuba, o que crean las explicaciones del gobierno para justificar por qué los cubanos tienen que vivir tan mal como viven. Y tampoco es, no exactamente, el miedo. Por supuesto, hay miedo, ese vicio, esa lepra no se cura tan fácilmente, no en un día. Cualquiera podía imaginarse, cuando comenzaron a llegar noticias de las protestas en San Antonio de los Baños y Palma Soriano, que la policía, las boinas negras y la Seguridad del Estado les iban a dar una tremenda mano de golpes a los que sí se echaron a la calle. Pero no es solo el miedo, a que te partan la cabeza de un porrazo, a que te echen dos años, o veinte, en el Combinado o en Kilo no sé cuánto, a que te boten del trabajo o de la universidad, a que a partir de ahora tu familia se quede marcada como contrarrevolucionaria, y que hasta tus hijos pequeños sean declarados mercenarios pagados por la CIA, lo que paraliza a mucha gente que no es, no realmente, cobarde.

Hay, quizás, una falla colectiva de imaginación. La mayoría de los cubanos no se ven a sí mismos en las calles, demandando libertad, o la renuncia del presidente de la República, enfrentándose a la policía, resistiendo las acometidas de las tropas especiales, acampando de noche en medio de una avenida, o de la Plaza de la Revolución, y volviendo en la mañana a marchar y a gritar y a pelear, y así día tras día, hasta que lleguen noticias de la caída del gobierno; eso es algo que hace la gente en otros países, no en Cuba. El hábito de la obediencia, la mansa aceptación de la autoridad del Estado, la medieval reverencia hacia el poder del monarca, son comunes entre los cubanos, la gran mayoría de los cuales no han vivido un solo día de sus vidas en democracia. Esa tampoco es una razón suficiente; otros pueblos han adquirido muy rápidamente, cuando las circunstancias propiciaron ese cambio, el hábito y el placer de la desobediencia. Mucha gente tiene todavía una indisoluble afiliación moral y sentimental a la historia y la mitología de la Revolución; salir a la calle con «gusanos» y «escoria» a gritar insultos contra Díaz-Canel es algo que nunca van a hacer, una línea que no van a cruzar. Por mala que esté la cosa en Cuba, por inepto que les parezca el gobierno, por inadecuado que les parezca Díaz-Canel, más repugnancia les causa la idea de que Estados Unidos, o peor, Miami, tome el control de la isla e imponga una agresiva restauración capitalista. Han estado muchos años gritando «¡Pa’ lo que sea Fidel!», para de repente empezar a gritar «Díaz-Canel singao». Llevan toda una vida susurrando «Vivo en un país libre…», para ponerse ahora a cantar «Patria y Vida», una canción que les dice que la Revolución en la que creyeron fervientemente, y quizás todavía creen, fue «maligna», un puñado de mentiras. Pero tampoco esa tenaz nostalgia revolucionaria de muchos cubanos, quizás patética, pero no siempre, ni mucho menos, deshonesta, explica por qué, siendo tan catastrófica la situación de Cuba, siendo tan clara la evidencia de que Díaz-Canel no tiene idea de lo que está haciendo, siendo tan palpable la incompetencia, negligencia y crueldad del gobierno cubano, las protestas del 11 de julio atrajeron solo unos pocos miles de personas a lo largo de la isla. Nadie ha contado, pero, ¿cuántos se echaron a la calle? ¿Diez mil, veinte mil en total, cincuenta mil? Eso es mucho para Cuba, nunca tanta gente se había manifestado simultáneamente contra el gobierno en distintos puntos de la isla desde 1959, es lo nunca visto, pero como está el país, uno se habría imaginado que millones de personas estaban listas para unirse a una protesta, aunque fuera solo por el exquisito placer de gritar e insultar a Díaz-Canel a cielo abierto, para que todo el mundo los pudiera oír. La gran mayoría de los cubanos, tranquilitos, siguieron los acontecimientos por Facebook, hasta que les quitaron Internet.

No fue el miedo a contagiarse de coronavirus, los cubanos desafían el coronavirus todos los días en las colas. Quizás la explicación es estupendamente sencilla. Esa gente que se quedó en sus casas sabía perfectamente que al final del 11 de julio, Díaz-Canel iba a ser todavía presidente de Cuba, que no había ninguna posibilidad de que el gobierno cayera, y que la protesta, que comenzó pacíficamente, con los buenos vecinos de San Antonio marchando por las calles de su pueblo con escandinava civilidad, iba muy pronto a atraer guapos de barrio, delincuentes y bárbaros, y una chiquillería temeraria, como en el 94; iba a degenerar en violencia y vandalismo. El horror que inspira a muchos cubanos la posibilidad de una ola de incontenible violencia que provoque cientos o miles de muertos, de prolongados desórdenes en las calles que impidan la continuidad de la vida cotidiana y causen la destrucción de lo poco que no ha sido ya destruido, carros, tiendas, hoteles, hospitales, monumentos públicos; el miedo a ser ellos mismos víctimas de ataques, saqueos y venganzas por parte de sus propios vecinos, y la pesadilla de una guerra civil o una intervención militar extranjera, tienen un poderoso efecto paralizante. La vasta mayoría de los cubanos prefieren buscar su propia salida de ese hoyo que darle candela a la isla.

En los días siguientes a las protestas del 11 de julio, muchos cubanos se han enterado, perplejos, de que hay políticos cubanoamericanos y manifestantes en Washington y Miami pidiendo al gobierno de Estados Unidos que intervenga militarmente en Cuba, una demanda que es, todo a la vez, exagerada, injustificada, inconveniente, ignorante, inútil, estúpida, cobarde y criminal. Los idiotas que piden una intervención militar norteamericana o internacional en Cuba son una ridícula minoría en el exilio y dentro de la isla, sin verdadera influencia o prestigio, pero Díaz-Canel y sus periodistas van a recordarles una y otra vez a los cubanos que no salieron a la calle el 11 de julio que eso, los marines norteamericanos entrando en La Habana y Santiago, como en 1898, es lo que quiere, lo que demanda a gritos, la gente en Miami. Es difícil imaginar que el exilio cubano y sus líderes puedan hacer algo más efectivo para sostener al Partido Comunista de Cuba en el poder que pedir una intervención militar de Estados Unidos, o más sanciones económicas.

Pero tampoco es el terror a la probable destrucción de Cuba y los cubanos en una guerra civil lo que explica por qué las protestas del 11 de julio fueron controladas tan rápidamente y no hubo en ningún momento siquiera una remota posibilidad de que Díaz-Canel cayera. Muchos cubanos que no salieron a las calles el 11 de julio no pueden imaginar siquiera cuál es la alternativa al actual gobierno cubano, quién. Las protestas parecen haber tomado por sorpresa a los grupos de oposición dentro de Cuba, no hubo nadie que les diera orden, dirección, disciplina, tono, y, por supuesto, apenas pusieron un pie en la calle los activistas más conocidos, Luis Manuel Otero Alcántara, José Daniel Ferrer, y otros, fueron arrestados; no llegaron siquiera a arengar a la multitud. Como en el 94, la gente que salió a las calles lo hizo sin líderes, ni programa, ni un claro objetivo político, solo con hambre y furia. A los cubanos que se quedaron en sus casas nadie los convenció de que debían salir a la calle también; nadie les ha ofrecido y explicado una alternativa realista, medianamente creíble, a lo que hay ahora, una hoja de ruta, un plan, un gobierno posible, un cambio alcanzable y deseable. En la noche del 11 de julio, la única alternativa concebible a Díaz-Canel era otra figura de su propio gobierno, quizás alguien marginalmente menos odiado. Si las protestas no hubieran sido controladas y hubieran continuado por varios días más, quizás Díaz-Canel habría sido sacrificado, su cadáver político arrojado a la multitud como premio por su rebeldía, y otro monigote habría tomado su lugar. Puesto que el ejército en Cuba controla el Estado, no era siquiera necesario un golpe militar para imponer el orden, los militares ya tienen todo el poder, tienen carta blanca para hacer lo que crean conveniente sin necesidad de echar a un lado a Díaz-Canel. La autoridad suprema, como se vio al día siguiente, sigue siendo la misma, Raúl Castro, y contra él es difícil imaginar que se alce un general.

Los cubanos que no salieron a las calles parecen entender perfectamente, mucho mejor que algunos analistas y que el gallinero de Facebook, que el gobierno de Cuba no está todavía acorralado, ni en sus últimos días, que, a pesar de su avanzada descomposición moral e intelectual, y su obstinada incapacidad para mejorar la vida de la gente, está todavía organizado y unido, no dividido en facciones y tribus, al menos no visiblemente. Es un gobierno funcional con abundantes recursos políticos, propagandísticos, represivos, diplomáticos y militares, aunque no tenga dinero ni para comprar jeringuillas. No es el Estado fallido que Joe Biden ineptamente describió hace unos días. Tiene frente a sí a una oposición valiente, pero minúscula, débil, fragmentada, intelectualmente estéril, políticamente ingenua, que ha sido hasta ahora incapaz de movilizar a la mayoría del país para forzar un diálogo nacional que termine en la transición hacia una suerte de democracia. El gobierno cubano puede ignorar fácilmente las tímidas llamadas al diálogo de intelectuales y artistas cubanos y políticos extranjeros porque ha dedicado sesenta años a aniquilar a aquellos con los que debería dialogar en un momento como este. No se enfrenta, dentro de Cuba, a nadie que tema o respete. Sus principales enemigos actuales, por su influencia en Washington o en Little Havana, son un senador republicano que no quiere ser presidente de Cuba, sino de Estados Unidos, y el presentador de un programa de cotilleo en Youtube. Con los otros, con la calle, habla a golpes.

La gente que no se echó a las calles quiere lo mismo que los que sí lo hicieron, que no es demasiado, comida, medicinas, electricidad, escuelas y hospitales decentes, una casa que no se caiga con un golpe de viento, libertad para vivir y pensar. Si alguna vez los cubanos recuperan todo eso, los que no salieron a las calles el 11 de julio tendrán mucho que agradecer a los que sí lo hicieron y van ahora a pagar muy caro por ello. De la misma forma que el exilio cubano o la oposición cometen un error pensando que las protestas del 11 de julio indican que la caída del gobierno de Díaz-Canel es inminente, Díaz-Canel se equivocaría trágicamente si creyera que la gente que se quedó ahora en sus casas no se va a echar a la calle la próxima vez. Esa gente está escuchando, mirando, leyendo, todavía recuperándose de lo que vieron el 11 de julio. Están alarmados, ansiosos, incluso confundidos, pero están prestando atención. Con su abstención el 11 de julio, le han dado al gobierno cubano otra oportunidad, la doce mil, para que cambie de rumbo, para que haga algo, urgentemente, para aliviar la vida de la gente. A lo mejor, la doce mil uno no se la dan. O a lo mejor sí, que la paciencia de muchos cubanos no tiene límites.

24 Comentarios

  1. Que orgullosa de haber tenido la gran y profesional oportunidad de ser tu alumna en la Universidad de la Habana. No se le olvida su primera clase ni su rostro ni todo lo que ha tenido que abandonar para ser escuchado y ser el Profesor de las nuevas generaciones.
    Un abrazo grande espero nuestro reencuentro.
    Yindra Ayube!

  2. «El gobierno cubano puede ignorar fácilmente las tímidas llamadas al diálogo de intelectuales y artistas cubanos y políticos extranjeros porque ha dedicado sesenta años a aniquilar a aquellos con los que debería dialogar en un momento como este.»

    Y de ese vacío solo puede emerger el caos.

    Quirúrgico, Juan Orlando.

  3. Siempre he dicho que la oposición debería de ofrecer un programa a los cubanos que les haga valorar positivamene la necesidad de salir de ese régimen como forma de alcanzar los objetivos de ese programa, que econtendría todo lo que los b aunos en general anhelan: libertad económica, respeto a sus derechos, lindependencia pol`´itica y capacidad pra intervenir directamene en la marcha de los asuntos d e la nación, la creción de un Estado donde la ley sea rfespetgada por todos los ciudadanos que serían iguales ante ella. Habrían más tópicos a nincluir en ee programa pero no soy yo quien pretende redactarlo. Incluso pudiera empezarse por ni siquiera mencionar cambios políticos sino hacer demandas elementales como proveer de alimentos y mediicinas al pueblo. Pero la oposición no se ha puesto en función de llevar una propuesta así a las bases que son quienes en un momento dado pueen tener el peso necesario para revertir la sitiuación. Por eso, revueltas como las de jj de juluo solo quedarán en eso, arrestos, palizas y abuso policial.

    • Soy cubano y vivo en USA y me pregunto una y otra ves a quien siguen los jóvenes cubanos no tienen un líder con suficiente capacidad intelectual i política a quien seguir , No tienen armas para defenderse no tienen dinero para protegerse no hay suficiente unión entre ellos no están organizados estas protestas solo le dan al gobierno cubano la oportunidad de Eliminar a futuros patriotas y más en tiempos de pandemia donde es muy fácil decir enfermo de covid y murió..Realmente creó los comunistas no saldrán del poder con protestas ellos no respetan esas cosas ellos llevan líder que una a todos los cubanos fuera y dentro del país y que vallamos a las armas debemos acer una guerra contra nuestro gobierno es la única forma que ellos entenderían que no los queremos en el poder .Y por si fuera poco los jóvenes cubanos se sienten cada día más solos ya que las ayudas nunca llegan desde fuera solo son promesas los gobiernos de todo el mundo están virando su cara para no ver lo qué pasa realmente en cuba Los comunistas salen de esta más fuertes y más abusivos están arrestando humillando y destruyendo ahora mismo en cuba a más familias y jóvenes y realmente a nadie le importa dentro de unos días regalarán un poco de comida y la pobre Jente dirá que buenos son así es y será asta que nosotros los cubanos nos unamos y peleemos de verdad con machetes palos y piedras si fuese necesario y le demos muerte a los comunistas por nosotros mismos cuando ese momento llegue me uniré a la lucha abandonare USA y regresare a sacrificarlo todo por mi país y es un mensaje a todo aquel. Que lea mi humildemente opinión unámonos y agamos una guerra armada contra nuestro gobierno esa sería la solución de una ves no importa cuantos mueran lo importante es terminar con eses gobierno de una manera rápida y eficaz sin darles tiempo a ellos que nos sigan matando de todas las formas como lo an echo ases más de 60 años

    • La caída del Muro de Berlín no surgió gracias a la oposición en Alemania del Este. La poquísima que había estaba encarcelada o exiliada.

      El orden es inverso. Primero el pueblo sale a la calle. Después se organiza una oposición. Y habrá que ver cómo se puede organizar una oposición con la represión policial detrás.

  4. ¡Excelente, JOP! un análisis a cabalidad que deja a uno con desasosiego, y hasta tristeza, y simultáneamente con un rayito de esperanza, tenue ahora, pero quién sabe si alcanzable un día de estos. Gracias y saludos.

  5. Buen artículo, disto en que haya calificado todo lo que está en FB como gallinero, de lo contrario hubiera venido muy bien la salvedad. Poco se hubiera sabido sin ese gallinero.
    Disto en que el gobierno de Cuba sea pobre, a partir del comentario referido a no poder comprar jeringuillas.
    Imagino tenga sus argumentos.
    Muy buen artículo

  6. El articulo es muy bueno. Difiero en la necesidad de un lider de oposicion. Los comunistas no pueden hacer elecciones porque el voto de castigo los acabaria y la gente votaria por cualquiera, no tiene que haber un gran lider, ese satanas ya lo tuvimos y lo destruyo todo. Solo hace falta alguien que haga su trabajo y despues se vaya, que creo que es mucho pedir. Diaz Canel es intelectualmente limitado, no articula bien y dice habemos, pero Maduro es peor y ya va para 10 años. Aun asi creo que una buena parte del mito se rompio, el poderoso Ramiro es un viejito que le gritaron asesino en la cara y la china ya no puede ni hablar. El homeless no tiene la legitimidad ni de los votos ni de un golpe de estado.

  7. Juan, esto va a caer. Pero no será ni fácil ni rápido. Habrá que convencerles de que no tienen el apoyo mayoritario del pueblo. Eso costará trabajo.

    Primero toca luchar por la liberación de los presos políticos. Es fácil gracias a los horrorosos excesos que están cometiendo con los juicios sumarios a puerta cerrada y las condenas escandalosas incluyendo a menores de edad.

    Después tocará exigir la regularización del derecho de manifestación que está en la Constitución que ellos pergeñaron. Y con eso vendrán las manifestaciones masivas.

    Después vendrá el boicot a las elecciones a la Asamblea Nacional para que vean la magnitud de las abstención.

    Queda mucho por hacer y por sufrir.

  8. Tienen un ejército númeroso policía fuerzas especiales etc no para ejército extranjero para usarlo contra el pueblo cubano los visten de civil y lo envían a las calles en contra del pueblo periodistas que son voceros del régimen y Raúl Castro es quien manda y es capaz de todo Díaz Canela es un títere la policía la seguridad del estado las tropas especiales el ejército tiene Miles de efectivos con salarios superiores a un médico y otros profesionales todo concebido para aplastar al pueblo cubano

  9. …Qué lúcido y certero artículo, realista a más no poder…indicativo entonces desde qué punto partir, saludos amigos y hermanos cubanos, luchen por su libertad, sólo a ustedes les asiste sagradamente el derecho de proyectar otro futuro…desde el sur de Chile un abrazo.

  10. Analicemos el tema en cuestión:
    Sobre la oposición que pide intervención: exagerada, injustificada, inconveniente, ignorante, inútil, estúpida, cobarde y criminal… Idiota, ridícula minoría.
    Oposición valiente pero minúscula, débil, fragmentada, intelectualmente estéril, políticamente ingenua, incapaz de movilizar…
    Por otro lado:
    Gobierno de Diaz-Canel, y hasta le aclara que no debería creer que la gente se va a quedar quieta en sus casas…
    A ver… Yo vi videos donde la gente gritaba a Diaz Canel que se largara… De eso no se habla aquí…
    Tanta muela para justificar un síndrome de Estocolmo que vive el pueblo cubano. Adoctrinamiento, eso es lo que hay… Y mucho miedo…

  11. Qué artículo tan mediocre y superficial muy bien podría aparecer en las páginas del Periódico oficial Granma o gaceta oficial que sólo ha servido para uso de papel sanitario para el pueblo cubano durante todos estos años de dictadura. Rectificar es de sabios, la gente en todo momento gritaba Libertad y era La Inmensa mayoría frase que usas al principio para tratar de minimizar la gran protesta a nivel nacional que hubo en Cuba el 11 de Julio 2021. También una aclaración cuando te refieres a guerra civil recuerda que eso es cuando el pueblo está armado al igual que los militares en este caso es genocidio y la charlatanería barata de la “intervención extranjera” que por cierto también la pedían a gritos los manifestantes pues a ellos los están matando, torturando y no tienen con qué defenderse por eso una Intervención Militar sería excelente para el pueblo pues sólo atacaría a los militares de la Dictadura que son los que tienen armamentos y que además en un momento determinado se rendirían fácilmente pues ellos tampoco están con ese sistema …

  12. 3300 Sw 69th Avenue. La huelga general sería lo que podría iniciar una desbandada del gobierno actual. Que se filtre un día seleccionado y vayan a la huelga general todo el pueblo.
    La palabra de orden es HUELGA GENERAL.

  13. Estimado Luis Orlando, muy inteligentemente argumentado y sobre todo
    doloroso al redactarlo su trabajo sobre el 11-7. Sin embargo, quisiera
    comentarle que es poco probable que haya dado con todos los entresijos
    para calar la capacidad de reacción de un pueblo, el que sea. Cuando
    afirma que los que no fueron a protestar es por causa de que
    “…salir a la calle con «gusanos» y «escoria» a gritar insultos contra
    Díaz-Canel es algo que nunca van a hacer…” O “El horror que inspira a
    muchos cubanos la posibilidad de una ola de incontenible violencia que
    provoque cientos o miles de muertos, de prolongados desórdenes en las
    calles que impidan la continuidad de la vida cotidiana…”
    ,se lanza en algo aventurado y sin sentido. Usted más bien parece
    guiarse por la idea que expusiera un disidente ruso, Andrei Amalrik
    acerca de la relación poder-vasallaje popular, cuando afirmó que
    “ninguna opresión puede ser efectiva sin aquellos que están preparados
    para someterse a ella”. A Amalrik le faltó agregar como final “…todo el
    tiempo” Pero el caso es, Luis, que usted sabe bien, porque lo tiene que
    haber sentido a diario en su propia vida en Cuba, que los que generaron
    la violencia desaforada, feroz en la marcha pacífica nacional de ese
    domingo no fueron los que protestaban, sino los que la ejercen cada día
    en todos los sentidos y posibilidades de esta asfixiante existencia para
    impedir el menor asomo de libertad o independencia personal.
    Y como ejemplo del misterio insondable para la vana pretensión y oficio
    de cada analista o politólogo en toda la historia de la Humanidad, por
    bien o mal intencionado que sea (y esta lección también me atañe), sobre
    lo que representa y siempre representará la definitoria capacidad de
    reacción popular en determinado momento, traigo a colación estos datos
    bien cercanos en el tiempo. La policía política de la RDA contaba con
    95, 000 efectivos y alrededor de 100,000 chivatos para espiar una
    población de 17 millones de habitantes, es decir alrededor uno camuflado
    entre 170. Y la Rumanía de Ceaucescu, pese a encerrar a 23 millones de
    habitantes, es decir, seis más que su congénere represivo, la Securitate
    rumana disponía de unos 15,000 segurosos, y unos 24, 000 soldados para
    actuar contra el que se revirara, en total unos 39, 000 esbirros
    profesionales (casi tres veces menos que en la Alemania de Honecker), y
    más de 400, 000 delatores, o sea uno entre cada 57 o 60 habitantes, casi
    tres veces más que lo que contaba la Stasi. Las fuerzas represoras eran
    menores y el número de los soplatientes mayor que en la RDA. Por tanto,
    el colaboracionismo y el terror con el régimen dictatorial eran mucho
    más desproporcionados. La lógica elemental haría deducir que era el
    sitio menos probable para una revuelta popular. Sin embargo, la
    revolución, una de las verdaderas, donde la sociedad estalló
    masivamente, no fue en la RDA, donde la gente mayormente corría buscando
    escaparse de allí, sino para ponerle fin a aquello ante las narices del
    hasta entonces temido y al parecer invencible dictador.
    Por último, que nuestros compatriotas en el exilio le pidan al gobierno
    norteamericano una intervención en la isla no constituye servirle en
    bandeja un argumento represivo al régimen. Es ingenuo creer que al
    régimen le hacen falta argumentos para lanzarse a actuar con toda
    brutalidad represiva dentro y fuera de la nación cubana.
    Como sea, su último trabajo me conmovió por lo humano y cargado de
    dolor, y le agradezco mucho que lo continúe haciendo.

  14. El agua al coco le viene de adentro. Aunque el autor de este brillante análisis de la sociedad cubana actual no lo coloca en la ecuación, el poder en Cuba no es una sólida unidad. La familia Castro Espín y la Castro Soto del Valle son dos, no una como pueden pensar esos que no salieron a la calle. Al morir Raúl Castro, el riesgo de división en la cúpula del poder es más latente que nunca. Las divisiones en el frente militar entre ejército y orden interior, que ‘duermen’ desde 1989 con la causa No. 1, pueden ser la grietas por donde le entre el agua al coco. Una variante que puede evitar una guerra civil es la aparición de otro Gorbachov en el clan militar que gobierna Cuba.

  15. No estoy de acuerdo con el artículo, a ese gobierno lo va a tumbar el pueblo, NUNCA Cuba va a tener un líder que los aglutine, porque cada vez que aparece uno lo VAPORIZAN. Y sí se puede sacar a un gobierno inepto con la voluntad del pueblo. Mira en Bolivia, sacaron corriendo a Evo Morales, en Ecuador también el pueblo ha sacado corriendo a varios presidentes. A Gadafi finalmente el pueblo lo despedazó en la calle. Así que yo no confío en intelectuales si no en el pueblo. Todo aguante tiene un límite

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