El silencio de San Juan de Letrán 

    No sé muy bien qué me impulsa a tomar fotografías de iglesias. Lo hago desde el año pasado. Quizás lo que más me atrae es el silencio, pues no soy dada a ir a misa ni a ninguna otra celebración religiosa. Salvo cuando murió mi madre, que hicieron una misa colectiva para los difuntos en el templo del Cementerio de Colón.

    Recuerdo cuando Pepe y yo veníamos en los años ochenta a San Juan de Letrán, en El Vedado habanero. Ambos devastados. Raros eventos nos sustrajeron de lugares y nos pusieron en duda frente a personas que antes confiaron en nosotros.

    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino
    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino

    Acudíamos a este templo porque era el más cercano. Disfrutábamos el silencio, arrobados ante la belleza de los santos, los arcos ojivales, las altas bóvedas y, sobre todo, el Via Crucis, que ya era parte de nosotros. 

    A mi amigo lo violó su padrastro, el nuevo esposo de su madre. Él nunca le confesó a ella lo sucedido (no iba a creerle); prefirió irse a vivir con su abuela. Nació homosexual, pero solo lo asumió cuando se marchó de la casa y se alejó de su madre.

    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino
    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino

    Yo abandoné el Técnico Medio en Gastronomía por una falsa acusación. Se decía que era jinetera y que me acostaba con los clientes extranjeros después de mis prácticas en los restaurantes de hoteles. Fui sometida a un análisis para detectar si tenía el sida, lo que provocó rechazo por parte de mis compañeros.

    Ese tiempo fue difícil. Persistían el dolor y la incomprensión. Pasábamos demasiadas horas fuera de nuestros hogares; vagabundeando por las calles, metidos en cualquier lado.

    No aguantaba las recriminaciones de mis padres; me culpaban de algo que no hice. Mi amigo huía también, para no tener que lidiar con su padrastro.

    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino
    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino

    Un día entramos en la iglesia, huyendo del calor, y nos atrapó el sosiego que flota en ese recinto. Nos dio por rezar. Aunque ambos estábamos bautizados nunca antes habíamos experimentado un acercamiento tan necesario a la religión, a la fe.

    Se convirtió una costumbre asistir varias veces a la semana.

    Es cierto que ya no la visito con frecuencia, porque me mudé a otro municipio. Y tampoco mantengo comunicación con Pepe. Solo sé que se fue a vivir a España, y que se casó. Pero en aquel momento la iglesia nos pareció un lugar seguro del que nadie podía echarnos. Aquí nos purificamos de alguna manera.

    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino
    San Juan de Letrán, La Habana / Foto: Irina Pino

    (Texto y fotografías por Irina Pino).

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    8 COMENTARIOS

    1. Para muchos las iglesias fueron refugio y remanso de paz en esos años. Con los dominicos tuve experiencias muy buenas (esa es la orden a la que pertenece San Juan de Letrán). El padre Gaby, Pedro, Isidoro…, hacían muchas veces del padre o maestro del que carecimos por momentos. Gracias por tus fotos

    2. Irina, gracias por tus fotos de San Juan de Letrán. Sigue acudiendo a ese templo que da paz y escucha a almas que necesitan.
      Dios te ama y todo cuanto anheles lo lograrás si acudes a ÉL.
      Feliz Año. Gracias por tu lindo trabajo.

    3. Irina, qué maravilla de relato que engancha por la esencia de tus letras, por las fotos que le acompañan, por la magia al hilvanar ideas, secuencias, realidades a las que nadie escapa en esta vida y que al final, tú, pepe, cualquier cubano puede solidarizarse con sendas vivencias. Gracias! Vale la pena refugiarse en el silencio, en la Paz de un santuario, en tu luz y las interior. Me encantó leerte. Gracias

    4. Gracias por el articulo, incluyendo las fotos. Cierto es que en nuestras iglesias puede avistarse un gran esmero en cuanto a terminado tanto en el exterior como en los interiores de las mismas.

      Creo que no pocos hemos visitado estos templos en nuestros momentos de soledad interior y falta de respaldo de aquellos en quienes de algún modo buscamos respaldo, Juzgar sin evidencias es algo que no deja de estar de moda en los grupos sociales que vacíos de valores y principios, encuentran placer en denigrar a los demás, de esto están plagados muchos en La mayor de las Antillas.

      Que la luz disipe la oscuridad en aquellos que la poseen como un divino tesoro.

    5. Muy bueno tu trabajo, Irina. Logras crear una atmósfera atrayente y, a pesar de moverte por localidades urbanísticas, residenciales o públicas, tras el enfoque de testigo social de un momento histórico dejas un matiz marginal manejado no sé si será con acierto o si es con gracia. Comoquiera que sea os queda muy súper a mi modo de ver.

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