La cultura del escapismo: 12 peloteros abandonan el equipo nacional sub-23

    La selección de béisbol de Cuba que participó en el Mundial Sub-23 organizado por la Confederación Mundial de Béisbol y Softball (WBSC, por sus siglas en inglés) descubrió cómo 12 de sus 24 integrantes abandonaron la concentración, el primero en el mismo aeropuerto del Distrito Federal de México y los 11 restantes en las inmediaciones del hotel Quality Inn de Obregón, el Estadio Yaquis y el hotel de Hermosillo Inn, entre el 21 de septiembre y el 3 de octubre.

    Fueron casi dos semanas de noches larguísimas. La incertidumbre o certeza de las constantes partidas se viralizaron en las redes sociales, donde la gente, incluso desde Cuba, le decía a los jugadores que no regresaran. Otros cuestionaban la decisión de marcharse antes de finalizar el torneo y la última parte, muy menor, hablaba de los valores patrióticos ya perdidos.

    Pareciera una noticia normal en tiempos en los que el éxodo de los cubanos es una actividad más rutinaria que el café del desayuno, pero no necesariamente. Estas 12 salidas representaron la mayor cantidad de fugas para una selección presente en eventos internacionales desde que los abandonos iniciaran como un fenómeno de éxodo en 1991, con el pitcher habanero René Arocha. 

    La primera fuga de esta huida en desbandada sin precedentes fue una de las más furtivas en estos 30 años de recorrido, y corrió a cargo del lanzador súper prospecto Luis Danys Morales. Varios peloteros cubanos fueron frenados en el check in al llegar a México porque llevaban tabacos con el fin de comercializarlos y sacar alguna retribución monetaria ante la escasez económica reinante en la isla. Luis Danys no llevaba nada. A sus 19 años, ligero de equipaje, se desvaneció entre la multitud y nunca más fue visto. Ante la estupefacción de muchos, Morales completó la fuga con la misma velocidad con que lanza su recta. Volveremos a verlo cuando pasen algunos meses y no se recuerde mucho el Mundial Sub-23, entonces subirá a un montículo para impresionar a organizaciones de Grandes Ligas.

    Al no tomar un avión desde Ciudad de México a Obregón, la Federación Cubana sometió a sus atletas a una travesía de 23 horas por ahorrarse 50 dólares por cada uno de los 40 integrantes de la delegación que se calcula hicieron el viaje. Nadie escapó esa noche. Una vez en Obregón, las cosas transcurrieron con aparente normalidad. Entrenaron la noche del 22 de septiembre y un día después no pudieron debutar en el torneo debido a una lluvia torrencial, por lo que regresaron al hotel.

    En un instante —sí, ocurre en un instante, entre las 7:00 y 8:00 pm—, el lanzador derecho de 20 años, Ubert Luis Mejías, oriundo de Santiago de Cuba e igualmente entre los abridores más talentosos del conjunto, salió por uno de los laterales del hotel y presumiblemente se subió a un carro, alejándose del radio de búsqueda. Se trataba de uno de los dos únicos jugadores del equipo que había participado consecutivamente en el Mundial Sub-15 (2016, Japón), Mundial Sub-18 (2017, Canadá) y ahora en el Mundial Sub-23.

    Ubert Luis Mejías / Foto: Cortesía de Ubert Luis Mejías

    Al día siguiente, Loidel Rodríguez, cátcher de 23 años de la provincia de Sancti Spiritus y enlistado como el tercer receptor del equipo, abandonó las filas en un punto entre la salida desde el hotel y el Estadio Yaquis. Cuando Cuba se disponía a calentar antes de su debut contra la selección de México, ya Rodríguez no formaba parte del plantel. Los cubanos perdieron ese encuentro cinco carreras por una.

    Finalmente, en la madrugada del domingo 26 se marcharon otros tres peloteros. Los pinareños Reinaldo Lázaga y Dariel Fernández se subieron a un carro y partieron con rumbo desconocido. Mientras, el inicialista espirituano Diasmany Palacios, natural de Trinidad, tomó otra dirección hasta nuevo aviso. Seis jugadores sometidos a la adrenalina de marcharse dejándolo todo atrás, incluso la documentación.

    En la isla, la Federación Cubana de Béisbol y el Noticiero de la Televisión Cubana redactaron sus primeros comunicados al estilo pasaron de los dos primeros comunicados al estilo de «abandonando el compromiso contraído con su país» o «la administración Trump (…) y la anulación del acuerdo entre Cuba y MLB impide realizar los sueños por la vía natural».

    Dicho discurso, tan frecuente como las fugas, no repara en que la mayoría de estos jugadores no serían nunca interés de las organizaciones ligamayoristas, ni habrían entrado en convenio de firmas alguno. Nadie explicará que en el punto en que se encontraban estos atletas, con 23-24 años, la emigración se explica en primer lugar como una elección de supervivencia y no como la búsqueda de un sueño deportivo.

    La última vez que emigraron hasta cinco peloteros cubanos de un evento internacional data de 1996, con Michel Hernández, Jesús Ametller, Roberto Colina, William Ortega y Vladimir Hernández.

    Ametller, Colina y Ortega salieron del hotel en Villahermosa, Tabasco, atravesaron un mercado de frutas en la alta noche y se encontraron con el reconocido agente de los años noventa Joe Cubas. Llegaron al D.F. luego de un viaje de 16 horas en carro. Ametller y William Ortega firmaron con St. Louis Cardinals meses más tarde, Colina lo hizo con Tampa Devil Rays. Michel Hernández llegó a las Grandes Ligas con los Yankees de Nueva York en 2003 y Vladimir Hernández fue contratado por los desaparecidos Expos de Montreal.

    Cuando seis escapes parecían suficientes, el goteo continuó. El séptimo abandono ocurrió el 28 de septiembre, presumiblemente entre las 6:00 am y las 7:30 am. El lanzador zurdo de Isla de la Juventud, Yeinel Zayas, de 23 años, se fugó con aparente facilidad del Quality Inn de Obregón sin dejar huellas. Vale aclarar, en este punto, que los atletas se marchan sin sus pasaportes, retenidos por la delegación como único recurso para frenar las pérdidas. A partir de ahí, existen dos posibles escenarios para todos estos jugadores:

    1. Esperar en México y e iniciar el proceso de agencia libre.
    2. Pedir asilo en la frontera para entrar a los Estados Unidos.

    Las noches del 28, 29 y 30 de septiembre hubo engañosa calma. Cuba se movió a la sede de Hermosillo y ningún pelotero quiso experimentar en un terreno sin trazos. El 1 de octubre, la selección venció a Panamá 9-8 en el último partido de la Super Ronda y se clasificó a la discusión por el tercer lugar. Al volver al hotel, el infielder Miguel Antonio González escapó sigilosamente entre las 4:30 pm y las 5:30 pm. El granmense de 21 años ya había visitado Canadá durante el Mundial Sub-18 en 2017. Cuatro años después decidió que había sido suficiente.

    La cercana fecha de retorno puso en una disyuntiva a otro de los lanzadores más talentosos del conjuuntos. Fue así cómo Bryan Chi, de 22 años, escapó del hotel a las once de la mañana. Se trataba del as de los Industriales. Un usuario resumió el sentimiento nacional: «Me da tristeza por mis Industriales, pero me da alegría por él».

    El 2 de octubre, tras un reñido partido por el tercer lugar, en el que Cuba cayó 5-3 frente a Colombia, desaparcieron los camagüeyanos Loidel Chapellí Jr. y Yandy Yanes. El hijo de Loidel, un ex-equipo Cuba de los años noventa, decidió concretar su fuga a los 19 años sin espejos retrovisores. Chapellí Jr. es otro de los hijos de tantos padres que vieron a sus hijos irse. No existen las esperas en el Valle de Río Grande.

    Loidel Chapellí Jr. / Foto: WBSC y Radio Rebelde

    Por último, el multi-herramientas jardinero Geiser Cepeda, 23 años, provincia Sancti Spíritus, despidió a sus compañeros que retornaban a Cuba en un vuelo chárter vía Obregón-DF-La Habana. Cuando pensábamos que Cepeda iría hacia Mochis para cumplir con su contrato amparado por la Federación Cubana de Béisbol, decidió subirse en otro carro hacia otro destino.

    La cuota más alta de abandonos en un año, si sumamos todos los eventos internacionales, data de 1996, con nueve, de ahí que este Mundial Sub-23 de 2021 haya pulverizado todos los registros posibles. Habría que sumar, además, los tres abandonos de mayo/junio pasado en el Preolímpico de la Florida, es decir, César Prieto, Lázaro Blanco y Andy Rodríguez.

    Estas fugas no son únicas y hablan, sobre todo, del escaso horizonte de oportunidades tanto políticas como económicas con las que cuentan los ciudadanos cubanos. En la historia del éxodo del béisbol nacional ningún acuerdo entre organizaciones como Major League Baseball (MLB, siglas en inglés) o la Federación Cubana de Béisbol (FCB) podrá eliminar esta elección de vida hasta que el gobierno cubano no disponga de un verdadero cambio social y político en el país. Ahora mismo hay jugadores que solicitan la baja de sus provincias, se dedican a otros oficio lejoss del béisbol o simplemente aceptan continuar en Series Nacionales con la esperanza de un viaje al exterior al menos antes de su retiro.

    La emigración del béisbol cubano es tan longeva como la prohibición del profesionalismo y la ruptura de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Cuando la revolución de Fidel Castro llegó al poder en 1959 existía en la Isla una de las ligas profesionales más exitosas del circuito invernal, pero las tensiones políticas, la ruptura diplomática entre ambos países y el impulso del nuevo proceso histórico trajeron consecuencias funestas. La Liga Profesional Cubana duró hasta febrero de 1961. Ambos países quebraron sus nexos y los jugadores profesionales que quedaron en Cuba fueron dados a elegir entre continuar como instructores de béisbol (era un decreto de la época que los profesionales no retornaran al amateurismo) o emigrar y proseguir sus carreras fuera de la Isla. 

    Antes que continuemos leyendo tardías asociaciones de acuerdos con la MLB, recordemos que la asociación con el profesionalismo nunca fue un interés del gobierno castrista. Más bien fue una despedida. El 19 de marzo de 1962, José Llanusa firmó la resolución 83-A/62, que abolía la práctica de deporte profesional en la isla. «Ellos son una mala influencia, no porque sean contrarrevolucionarios sino porque no encajan dentro de la nueva actitud del deporte», dijo Llanusa, según lo recoge un artículo de The New York Times en 1964.

    A fines de la década de los sesenta más de 20 cubanos jugaban regularmente en las Grandes Ligas, ganando premios de MVP, Cy Young, campeonatos de bateo o Guantes de Oro. Todos fueron olvidados en el país donde nacieron. Para 1960, más de 240 peloteros cubanos habían llegado a Grandes Ligas, si sumanos las Liga Negras. En su defecto, había apenas 13 dominicanos y ocho venezolanos. Luego de tres décadas de victorias en el béisbol, en 2013, año de reforma migratoria, Cuba comenzó a valorar nuevamente un regreso al profesionalismo, tras comprobar que las fugas de atletas ya resultaba incontenible. «Política de contrataciones», fue el eufemismo que usaron y entonces se enviaron jugadores a Japón, Colombia, Italia, México, Venezuela o Nicaragua.

    Entre 1992 y el 2000, 30 peloteros abandonaron delegaciones oficiales. Entre 2001 y 2010, lo hicieron 7, y entre 2011 y 2021, 42. Las increíbles anécdotas de fuga van desde Edilberto Oropesa en la Universiada Mundial de Buffalo en 1993, hasta César Prieto en mayo de 2021, pasando por Rolando Arrojo en los días previos a la Olimpiada de Atlanta 96, Danys Báez en Winnipeg 99 y José Ariel en Contreras en 2002.

    Esta vez, Cuba pudo extraer un poco de mérito con el cuarto lugar obtenido, pero la Federación de Béisbol sigue emitiendo una imagen aburrida y obsoleta, que ya ni siquiera memncionaba los abandonos después del octavo escape. Varios scouts de MLB me confesaron que este fue uno de los equipos Cuba más pobres en talento que vieron nunca antes.

    Vendrán nuevos torneos donde la cifra de fugas podría ascender a 15 o regresar a tres. Cuba correría el peligro de ser descalificada por «forfeit» o podría proclamarse campeona. Un abanico de posibilidades se abren con el paso de los días. Mientras tanto, ese tránsito hacia la decisión de no continuar, ese momento de la fuga final del pelotero, volverá a convertirse en un momento eterno y también durará un instante.

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    4 COMENTARIOS

    1. Sería interesante un reportaje sobre cómo les fue y cómo les ha ido a los peloteros cubanos que han desertado a lo largo de los años. Triunfaron o no?, son historias de éxitos o de fracasos?

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