Javier Milei, showman del caos

    Miles de personas aplauden cuando sube a la tarima. Él avanza furibundo, malencarado, como decidido a caerse a golpes con el primero que se le cruce en el camino. Se para entonces frente al micrófono y grita como un general que arenga a sus tropas. 

    —Yo no me metí acá para estar guiando corderos. Yo me metía acá para despertar leones. ¡Quiero escucharlos rugir! ¡Quiero escucharlos rugir! —dice, y la multitud, extasiada, ruge.

    Mientras, otros muchos se devanan los sesos intentando descubrir cómo fue que este señor de 52 años llamado Javier Gerardo Milei pasó de ser un payaso de feria en el ecosistema político de la Argentina a convertirse en una rockstar que amenaza muy seriamente con mudarse a la Casa Rosada. ¿Qué se fracturó en el país como para que aquel sujeto de peinado caricaturesco y poses excéntricas que decía ser anarco-libertario y soltaba sandeces provocadoras en televisión haya ganado ahora más votos en las primarias presidenciales (PASO)[1] que las dos grandes coaliciones partidistas de la nación?

    —¡Viva la libertad, carajo! —grita, y abre los brazos, como entregándose a los aplausos del público. Milei es un showman. Domina el espectáculo. Puedes quererlo, puede parecerte ridículo, puedes odiarlo, pero no quedar indiferente. Ese siempre ha sido su gancho. Al mitin ha venido de negro, con la chaqueta de cuero que alterna con el esmoquin. Javier Milei se viste a la James Dean con toda intención. Quiere que todos sepan que es un chico malo, un outsider, un rebelde sin causa. 

    Javier Milei no mira al pasado

    Javier Milei / Foto: Vía ‘Getty Images’
    Javier Milei / Foto: Vía ‘Getty Images’

    A pesar de sus propuestas radicales y muchas veces absurdas en materia de economía política, Javier Milei es economista licenciado por la Universidad de Belgrano —centro educativo privado ubicado en la Ciudad de Buenos Aires—, donde ejerció durante algunos años como profesor. Luego trabajó en algunas empresas en las cuales no debió de irle demasiado mal, pues terminó empleado en el estudio de Miguel Ángel Broda —uno de los economistas vivos más famosos y mediáticos de Argentina—, que brinda asesoría tanto a políticos como empresarios.

    El joven Milei aceptó después convertirse en el asesor económico de Antonio Domingo Bussi, entonces diputado del Congreso Nacional. Este sería el primer gran manchón en su carrera, y no precisamente por el hecho de que su cliente fuera un reconocido corrupto, saqueador por excelencia en la provincia de Tucumán. 

    El exgeneral Bussi era en los noventa el vivo recuerdo de los puntos ciegos y las cojeras de la democracia reinstaurada en Argentina tras los tiempos oscuros de Videla y Viola. Se retiró poco antes de la caída de la dictadura con el grado de general de división, y con la democracia se enfocó en hacer carrera política como civil. Pese a los centenares de causas que lo señalaban como responsable de homicidios, torturas y privaciones ilegítimas de la libertad, Bussi logró su objetivo e incluso se convirtió en una figura importante en el mundillo político conservador del país. Sin embargo, el exoficial, hasta entonces intocable, cayó en desgracia en 2003, cuando se probó de manera irrefutable su participación en cientos de desapariciones y torturas. No solo había «desarrollado» Tucumán a golpe de exclusión, represión y asesinatos durante el régimen militar, sino que fue uno de los cerebros detrás de la franquicia de los centros de tortura en Argentina, creados para mover estratégicamente a los detenidos y burlar las inspecciones de los organismos internacionales de derechos humanos. Finalmente, fue acusado de crímenes de lesa humanidad y condenado a prisión perpetua. Murió en la cárcel en 2011, a los 85 años de edad.

    Jorge Rafael Videla (centro) y Antonio Bussi (derecha) / Foto: Tomada de Internet
    Jorge Rafael Videla (centro) y Antonio Bussi (derecha) / Foto: Tomada de Internet

    Milei nunca ha renegado de sus tiempos como asesor de un genocida, y ante las críticas se ha escudado en un supuesto pragmatismo: mientras trabajó con él, Bussi era diputado, un político reconocido por las instituciones democráticas argentinas. Por otro lado, el economista ha evitado a toda costa pronunciarse sobre la dictadura y, cuando se ve forzado a hacerlo, intenta relativizar el tema. Este es quizás el único asunto en el que Javier Milei, tan dado a las afirmaciones tajantes e incendiarias, se anda con medias tintas.

    En una entrevista ofrecida Bloomberg Línea, el ahora candidato presidencial dijo al respecto:

    Lo que hay que entender es que era una guerra. Si en este momento alguien va y te pone una bomba y volás por los aires, ¿te parece bien eso? O que vayan a tu familia y le pongan una bomba […] ¿te parece muy bellamente idealista? […] El problema es que el Estado, cuando participa de estos conflictos, tiene que operar dentro de un marco, porque es el que tiene el monopolio de la violencia. Entonces, lo que hizo el terrorismo es gravísimo. Ahora, lo que hizo el Estado fue peor todavía. ¿Qué quiere decir esto? Que hubo una guerra.

    Las respuestas de Milei pueden ser burdamente «salomónicas», pero no las de su candidata a la Vicepresidencia, Victoria Villarruel, quien decidió en su juramentación ante la Cámara de Diputados decir: «Por las víctimas del terrorismo, sí, juro», lo que causó gran alboroto entre los presentes y en la prensa nacional. Nacida en una familia de militares, Villarruel, de 48 años, ha cimentado su carrera política en la «reivindicación» de las víctimas del terrorismo en los años setenta, a la vez que ha negado la gravedad de los crímenes cometidos por la dictadura militar argentina desde 1976 hasta 1983.

    El ascenso

    La sintomatología de las crisis en Argentina pareciera que siempre se reduce a la inflación, un fenómeno que ya es un mal crónico nacional. La que sufren los argentinos hace algunos años ya se perfila como una de las más graves de su historia, y ha influido en hechos tan alarmantes como que el 40 por ciento de la población vive en la pobreza. Por supuesto, la inflación no se dio de un momento a otro, sino que es el resultado de dos décadas de pésima administración por parte de gobiernos de izquierda y de derecha.

    Si bien el problema no empezó como tal con el kirchnerismo, es justo decir que este último no manejó la economía de la mejor manera, y ni siquiera supo aprovechar aquella época de vacas gordas a inicios de los dos mil, cuando el alza en los precios de las materias primas permitió a la izquierda latinoamericana una mayor inversión en programas sociales, consolidando lo que se conoce como «marea rosa». Aquellos buenos tiempos, a decir verdad, no fueron aprovechados —si se juzga a mediano y largo plazo— por ninguno de los gobiernos progresistas del momento, que entonces se preocuparon más por agrandar sus bases electorales y mantenerse en el poder —financiándose a través de un sistema de sobreexplotación de recursos naturales destinados a su exportación como materias primas: el conocido «neoextractivismo»— que por desarrollar sus economías de modo sostenible y duradero. 

    El kirchnerismo fue derrotado en las urnas en 2015 por el empresario y político de derechas Mauricio Macri, quien prometió en su campaña «pobreza cero» y una «lluvia de dólares» en inversiones. Macri, heredero de una crisis entonces superable, afirmó con confianza que bajar la inflación era «la cosa más fácil del mundo», pero en sus cuatro años de mandato la inflación no hizo sino aumentar. El entonces presidente se negó a responder a la crisis con una política de shock y apostó por una recuperación gradual que nunca sucedió. Finalmente, terminó pidiéndole un rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI) y dejando un país en quiebra, con una tasa de inflación solo superada en la región por la de Venezuela. El desastroso manejo de la economía de la derecha impulsó la victoria electoral de Alberto Fernández (y Cristina Fernández como vicepresidenta). Al igual que Macri, el actual gobierno también se decidió por una recuperación gradual antes que por una política económica de shock que le hiciera perder electores, aunque los gravámenes excesivos al dólar que impuso no han sido precisamente populares entre los argentinos. A Fernández, además, le tocó lidiar con los efectos de la pandemia y con la inflación a nivel global —y la greedflation de la que hablan algunos expertos— provocada por la invasión a Ucrania.

    El kirchnerismo y el macrismo evitaron tomar medidas radicales para no disparar el descontento entre los argentinos, pero evidentemente han fracasado en su búsqueda de una solución para la economía nacional. Y ahora Javier Milei, con promesas tan alocadas como eliminar el Banco Central y dolarizar la economía, ha ganado suficiente capital político como para hacerse con las primarias de 2023.

    En un país con cada vez mayores índices de pobreza, y donde la inflación monetaria es el tema de todos los días, era hasta de esperarse que un economista acaparara los focos de atención. Pero esta no es la única causa del éxito de Milei.

    A semejanza de Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei se hizo desde hace algunos años muy presente en los medios argentinos —incluso en espacios humorísticos—, donde se definió siempre como un experto en temas económicos que atacaba al kirchnerismo. Sin embargo, más que proponer soluciones, su actitud fue de mero provocador. Poco a poco llamó la atención de más gente con sus fotografías en poses excéntricas, que remedan unas veces los anuncios de un mago de circo y, otras, las vallas publicitarias de alguna pelea de boxeo. A golpe de bufonadas, se volvió omnipresente y llegó a dominar el mundo del espectáculo, al que también pertenecen su expareja y su pareja actual. No obstante, también ha intentado revestir su figura de cierta autoridad intelectual, sobre todo mediante la publicación de libros como Libertad, Libertad, Libertad. Para romper las cadenas que no nos dejan crecer (2019), en coautoría con Diego Giacomini; El camino libertario (2022), y El fin de la inflación (2023).

    De cualquier manera, puede decirse que Javier Milei es un recién llegado a la política. En 2018 creó el Partido Libertario, del cual es presidente, y apenas dos años después fundó una coalición partidista de extrema derecha a la que bautizó como La Libertad Avanza (LLA), que le sirvió para obtener su primer cargo público: un escaño como diputado nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

    Para entonces la política argentina se encaminaba hacia la consolidación, en la práctica, de un sistema bicoalicionista: por un lado, el Frente de Todos (ahora Unión por la Patria), que reúne una variedad de partidos de corte peronista, centro y centro izquierda, y, por otro, Juntos por el Cambio, que aúna un heterogéneo conjunto de partidos liberales de centro derecha, de derecha y, sobre todo, antikirchneristas. En 2023, finalmente, Milei entró en la disputa por la Presidencia con su pequeña y neófita coalición. Y a todas luces tiene bastantes probabilidades de ganar el próximo domingo 22 de octubre gracias, entre otros factores, a la intención de voto de muchos jóvenes menores de 25 años, tal como ilustra este episodio del podcast El Hilo, una producción de Radio Ambulante.

    Javier Milei / Foto: Vía ‘Clarín’

    En las primarias, el candidato por LLA obtuvo poco más del 30 por ciento de los votos. Juntos por el Cambio obtuvo el 28 por ciento, y Unión por la Patria, el 27 por ciento, lo que puede significar que los electores han aplicado un voto de castigo a la izquierda, a la cual responsabilizarían en gran medida de la debacle económica actual. El ascenso de Milei confirma un poco este «castigo» a la izquierda, pues, sin que nadie lo esperara, logró algo inaudito: ganar en provincias que hasta el momento eran auténticos bastiones del peronismo. 

    El excéntrico candidato se presenta ante los argentinos como un disruptor del statu quo, un outsider, un enemigo de «la casta» —toda su campaña gira entorno a la destrucción de la clase política nacional sintetizada en ese término, que incluye, en especial, al kirchnerismo, pero también a ciertos sectores conservadores. Su propuesta de una «tercera vía» es atrevida, sobre todo, por el alcance de sus promesas y por la evidente imposibilidad de cumplirlas: según Milei, una vez gane la Presidencia, devolverá a la Argentina a los tiempos en que fue la primera potencia económica mundial; algo ciertamente difícil de concebir, pues nunca aconteció tal época. 

    En cualquier caso, nada está escrito, y si bien las estadísticas apuntan a LLA como ganador, es probable que, de acuerdo a más de una docena de encuestas realizadas tras las PASO, Unión por la Patria logre darle la vuelta a esta predicción. A fin de cuentas, Milei obtuvo su victoria en unas primarias que reportaron la participación más baja en la historia reciente del país, ya que casi 11 millones de personas decidieron no votar. Las encuestas más recientes apuntan a una resolución en balotaje. Por su parte, Juntos por el Cambio (cuya candidata es Patricia Bullrich) podría también deparar una sorpresa, pues los sondeos lo ubican no muy lejos del kirchnerismo, y en algunos casos la ventaja en segundo puesto de Sergio Massa, candidato heredero de Alberto Fernández, aparece dentro del margen de error. En el caso de una victoria de LLA, la derecha tradicional argentina también jugaría un papel importante en las negociaciones y los pactos que el nuevo gobierno tendría que realizar para llevar a cabo sus propuestas económicas radicales. 

    La fórmula libertaria

    Javier Milei ha dicho en varias ocasiones que se considera un «anglófilo» por sus gustos musicales, que incluyen a The Beatles The Rolling Stones, así como su declarada admiración por Margaret Thatcher y Winston Churchill. También puede que diga esto porque se sienta una suerte de Adam Smith moderno: el libertario a veces intenta ofrecer cátedra a la manera de un economista de la Ilustración, solo que burdamente, y en ocasiones presenta su programa económico como si le hiciera frente a un sistema feudal absolutista y no a un capitalismo tercermundista en crisis. 

    En pleno siglo XXI, y en un país que realmente nunca conoció el llamado «socialismo real», Milei ha venido a pregonar que la propiedad privada es el único garante de la libertad. Su proyecto defiende la dolarización de la economía, la eliminación del Banco Central —«Voy a dinamitar el Banco Central», es una de sus frases más célebres—, la libre portación de armas y hasta el mercado de órganos. Además, pretende limitar a niveles extremos las funciones del Estado, bajo la supuesta intención de achicar el número de burócratas y, con ello, reducir los privilegios de algunos funcionarios y empresas estatales. Estos privilegios, por cierto, pasarán directamente a los grandes capitales privados, que, de acuerdo a la propuesta mileiísta, pagarían menos impuestos y podrían hacerse con las empresas del Estado. De llegar a la Presidencia, LLA intentaría eliminar de un plumazo los siguientes ministerios (las funciones de algunos de ellos pasarían a otras carteras): Turismo y Deporte; Cultura; Ambiente y Desarrollo Sostenible; Mujeres, Género y Diversidad; Obras Públicas; Ciencia, Tecnología e Innovación; Trabajo, Empleo y Seguridad Social; Educación; Transporte; Salud, y Desarrollo Social. Es por esto que a su programa económico se le conoce como «la motosierra», pues consiste básicamente en recortar presupuestos y funciones estatales a diestra y siniestra.

    Curiosamente, Milei también ha dicho que no pretende quitar en un primer momento las asistencias sociales, pues eso sería «negarles ayuda a las víctimas de la casta». En la visión mesiánica que tiene de sí mismo, Milei ayudará a los pobres y luego, cuando su proyecto económico rinda frutos, los dejará a su suerte porque, se supone, los más fuertes entre ellos ya habrán encontrado formas de volverse emprendedores. 

    «El pobre es pobre porque quiere», parece decir Milei. Y hay quien le cree.

    Javier Milei junto a Santiago Abascal, líder del partido de ultraderecha español VOX / Fuente: VOX
    Javier Milei junto a Santiago Abascal, líder del partido de ultraderecha español VOX / Fuente: VOX

    El populista que quiere acabar con el populismo

    Javier Milei dice querer darle el tiro de gracia al populismo kirchnerista; sin embargo, él mismo es un populista de manual —cuando fue electo diputado lanzó un sorteo cuyo premio era su nada despreciable sueldo mensual de legislador—; uno ciertamente mucho más parecido a Trump, Bolsonaro y Abascal que a Correa, Chávez o la misma Cristina Fernández. 

    En varias entrevistas ha dicho que el cambio climático es una farsa y hasta se ha burlado abiertamente del movimiento feminista argentino. «En mi gobierno no va a haber marxismo cultural y no voy a estar pidiendo perdón por tener pene», declaró. 

    Milei y su segunda, Villarruel, también se han posicionado en contra de la legalización del aborto, una conquista que recién en diciembre de 2020 alcanzaron las mujeres argentinas tras décadas de lucha. Por otra parte, han usado los argumentos que sostienen este derecho —«¿Cómo no voy a poder decidir sobre mi cuerpo?»— en intervenciones a favor de la legalización del mercado de órganos.

    Milei, como otros outsiders populistas de extrema derecha, ha basado su campaña en la repetición de bulos fácilmente desmontables por la prensa, aunque sigue habiendo quien los cree o quiere creerlos. Su ejército de seguidores en redes sociales no se queda atrás en cuanto a la viralización de información falsa, como sucedió con un video trucado en que, supuestamente, Lionel Messi aseguraba que junto al Kun Agüero votaría por Javier Milei. Vale aclarar que en estos juegos sucios de desinformación también participan algunos opositores del libertario: la noticia de que un precandidato de LLA hizo mítines de apología al nazismo, el supuesto post en X en el cual Milei dice que «los discapacitados son un gasto para el Estado» y el video en que aparece besando en los labios a su hermana son también bulos, o al menos eso pudo comprobar la plataforma de periodismo de investigación Chequeado.

    No solo en Argentina hay quien ve con muy buenos ojos a Javier Milei. El diálogo que sostuvo con Tucker Carlson, comentarista político estrella de Fox News, se volvió viral en X, al punto de convertirse en la entrevista exclusiva más vista en directo hasta la fecha en esa red social. La plática, además, llamó la atención del actual dueño de X, el magnate de origen sudafricano Elon Musk, quien la consideró  una «charla muy interesante cuyos temas van más allá de Argentina». No obstante, Musk eliminó su comentario poco después. 

    Post de Elon Musk sobre la entrevista a Javier Milei / Fuente: CN5
    Post de Elon Musk sobre la entrevista a Javier Milei / Fuente: CN5

    Pese a lo efectivas que puedan ser las estrategias populistas a las que echa mano indiscriminadamente de cara a las elecciones, es muy probable que sus palabras terminen volviéndose en su contra si llegara a la Presidencia. A diferencia de otros políticos —que dicen qué lograrán, pero se cuidan de no especificar cómo—, Milei no ha hecho campaña sobre la base de promesas ambiguas. No ha insistido en frases como «luchar por la igualdad», «disminuir la pobreza», «respetar la democracia» o «sacar adelante al país», sino en medidas muy concretas y supuestamente a corto plazo, como la dolarización. Así que no es descabellado pensar que está cayendo en el mismo exceso de confianza que hizo a Macri asegurar que reduciría con facilidad la inflación. 

    En el caso de que se instaure en la Casa Rosada, el excéntrico economista no lo tendrá nada fácil, pues deberá negociar cada paso con una oposición heterogénea en el Legislativo. Según él, a cada negativa del Congreso responderá con un plebiscito; sin embargo, las leyes argentinas otorgan únicamente a la Cámara de Diputados la potestad de convocar a plebiscitos vinculantes. En último caso, Milei podría entonces poner sus propuestas «a consideración del pueblo»; en caso de que este diera el sí, estas no se convertirían en ley y, más bien, servirían para iniciar una grave crisis política en el país.  

    De momento, habrá que esperar al 22 de octubre; eso si la nueva estrella de la extrema derecha sudamericana, en su alocado paso por la política, no resbala y se eclipsa antes.


    [1] Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias.

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    Darío Alejandro Alemán
    Darío Alejandro Alemán
    Nació en La Habana en 1994. Periodista y editor. Ha colaborado en varios medios nacionales e internacionales.
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    5 COMENTARIOS

    1. Éramos muchos y la abuela parió a otro Trump. Aquí no se sabe que es peor, si el remedio o la enfermedad. En las palabras de Evita Perón (la del musical), «no llores por mí Argentina». De paso, te felicito Darío Alejandro, artículos como este y el del petróleo mejicano son unas joyas. Tienes un estilo de informar limpio y ameno. Saludos.

    2. Es impresionante los maniqueísmos que tienen este y otros artículos de El Estornudo -y la mayoría de los periodistas cubanos que se presentan como independientes. Todos aman el socialismo y el progresisimo, pero ninguno vive en Cuba, Venezuela, Laos, Vietnam, China, Nicaragua o la felicísisma Corea del Norte; si no en Madrid, Nueva York, Ciudad de México o alguna otra insoportable ciudad bajo el cruel capitalismo. Valen las palabras de estos «intelectuales» lo que la transparencia de Open Society Foundations.

    3. […] Javier Milei y Nayib Bukele son, sin dudas, dos ejemplares de lo peor y, a la vez, de lo más interesante del panorama latinoamericano actual. Sí, son populistas de manual, pero también políticos de un nuevo tipo, disruptores, escandalosos, atrevidos, radicales, neoliberales, hábiles con las tecnologías, queridos por muchos, odiados por otros tantos. Nadie en este continente puede quedar indiferente ante ellos. […]

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