Cabalgar el oso ruso

    A inicios de 2023, el gobierno cubano hizo pública su intención de hacer del Kremlin su asesor económico y, a estas alturas, su principal aliado político. Quién sabe qué cálculos habrá hecho; lo cierto es que, dadas las circunstancias actuales, el oso ruso parece cada vez menos, como hace algo más de tres décadas, un caballo ganador.

    Rusia pudiera ser —volver a ser— la potencia lejana alrededor de la que orbite Cuba, esa islita con alma de satélite cuyo gran relato histórico, por supuesto, es una larga e infructífera lucha por salir de los campos de atracción ajenos. Pero todo indica que el castrismo, esta vez, no podía hacer una elección más desafortunada en un peor momento. 

    El régimen de La Habana se siente cómodo en las añejas dinámicas de Guerra Fría; quizá porque fue en la segunda mitad del siglo pasado cuando vivió sus momentos de gloria, entendido esto último como el reconocimiento de cierto peso en la geopolítica mundial, o por lo menos un peso mucho mayor que el «naturalmente» destinado a una isla caribeña con menos de diez millones de habitantes. 

    El castrismo asume sin ambages su naturaleza de parásito económico. Sin más habilidad que la de vivir de otros, aferró su hipostoma a Venezuela en los primeros años de este siglo. Y desde entonces succionó todo el petróleo que pudo —todavía algo de ahí bebe esta criatura vampírica—, a la vez que le inoculó métodos represivos y, quizá, algo de su ineptitud económica. 

    Rusia, sin embargo, no es Venezuela, sino una histórica potencia mundial que ha sabido siempre escoger a sus «amigos» según sus intereses, de manera que sabe administrar muy bien las dosis de recursos —gigantescos, por demás— que le cuestan sus alianzas. 

    Con Rusia como proveedor de migajas, el castrismo puede quizás respirar más o menos aliviado. El Kremlin no le dará ni por asomo todo lo que necesita, ni le permitirá llevar la voz cantante en la relación (como Caracas), pero con suerte lo mantendrá a flote un tiempo más y le enseñará mejor que nadie a establecer una oligarquía política y corporativa. 

    Por otro lado, lo que ahora parece cuestión de supervivencia pudiera salir, más temprano que tarde, demasiado caro. El parásito castrista se ha guarecido entre el pelaje de un oso que probablemente corre hacia un precipicio cercano, y nadie quita que, al final, terminen por caer juntos. 

    Miguel Díaz-Canel saluda a Vladimir Putin / Foto: Vía Prensa Latina
    Miguel Díaz-Canel saluda a Vladimir Putin / Foto: Vía Prensa Latina

    I

    A inicios de 2023, el gobierno cubano hizo pública su intención de hacer del Kremlin su asesor económico y, a estas alturas, su principal aliado político. Desde entonces, son muchas las idas y venidas de altos funcionarios de ambas naciones entre La Habana y Moscú; así como importantes son las donaciones rusas a la isla. Los resultados económicos de la asesoría, por otra parte, se antojan casi nulos; sin embargo, sí se comienza a notar una rediviva presencia eslava en Cuba. 

    En septiembre de este año, mediante un decreto ministerial, el Kremlin permitió a las instituciones de crédito y a los corredores de una treintena de países comerciar en el mercado de divisas ruso. La lista, por supuesto, está integrada por aliados de Rusia y algunos otros que no se han sumado a las hostilidades de Occidente o tratan con tibieza el tema Ucrania —la mayoría bajo sistemas no democráticos—; entre ellos, Cuba, Arabia Saudí, China, Venezuela, Marruecos e Irán. Tal inclusión parece acercarnos al momento en que se pueda pagar con rublos en la isla. De acuerdo con Boris Titov, presidente del Consejo Empresarial Rusia-Cuba de la Cámara de Comercio e Industria de la Federación Rusa, esto será posible en poco tiempo gracias a las tarjetas MIR que serán adaptadas para su uso y circulación en la nación caribeña. 

    Un mes después, Rosneft, la compañía petrolera líder en Rusia, envió un grupo de 400 trabajadores —y sus familiares— a «relajarse» a Varadero. Para entonces sumaban 15 mil los empleados de esta empresa que habían arribado desde inicios de año como parte de un acuerdo de «turismo de salud» entre esta Rosneft y Havanatur. Con la próxima habilitación de las tarjetas MIR se prevé que esta cifra aumente, según Gerardo Peñalver Portal, viceministro primero del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX). El paquete turístico, dijo Peñalver, incluye turismo de sol y playa, además de chequeos y asistencia médica. Para el gobierno cubano esta relación representa mucho más que la posibilidad de ocupar sus numerosos e improductivos hoteles —Rusia pretende enviar al menos medio millón de turistas al año. En junio de 2023, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, se reunió con su homólogo ruso, Mijaíl Michustin, quien prometió que Rosneft suministrará 1.64 millones de toneladas de petróleo

    Aunque enfrenta momentos críticos, el Kremlin —a través de la portavoz de su Cancillería, María Zajárova— declaró el pasado 10 de octubre que seguirá «proporcionando ayuda humanitaria a los amigos cubanos». La más inmediata de esas ayudas sería la donación de 410.8 millones de rublos (más de 4.4 millones de dólares) para reforzar los sistemas de rescate y salvamento en la isla, que sucederá a la entrega de 650 toneladas de aceite de girasol que eran parte de las contribuciones del país eslavo al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. 

    Esos regalos vienen acompañados de más tiempo para que La Habana resuelva en parte su quiebra financiera: la deuda con Moscú asciende a dos mil 300 millones de dólares más intereses; sin embargo, renovados los votos de la relación bilateral, el acreedor ha tenido a bien aplazar la fecha del pago hasta 2027. El gobierno cubano ya le había pedido a Rusia un préstamo de más de mil 250 millones de dólares para la inversión en plantas termoeléctricas en 2015, el mismo año en que Putin decidió condonar el 90 por ciento de la deuda de la isla con la Unión Soviética. Años después el deplorable estado de las centrales eléctricas ha servido para justificar en parte los apagones en Cuba, y nadie puede decir qué se hizo con ese dinero; no obstante, Rusia prorrogó su devolución hasta 2040. 

    Boris Titov, presidente del Consejo Empresarial Rusia-Cuba de la Cámara de Comercio e Industria de la Federación Rusa / Foto: Kremlin Press Service/Vía: ‘The Moscow Times’
    Boris Titov, presidente del Consejo Empresarial Rusia-Cuba de la Cámara de Comercio e Industria de la Federación Rusa / Foto: Kremlin Press Service/Vía: ‘The Moscow Times’

    II

    Existe otra manera de entender el más reciente capítulo de la amistad entre ambos países, y es insertando en la ecuación cierto lazo nostálgico y de confianza con el viejo aliado; acaso un brindis por los buenos tiempos pasados que valdría la pena repetir. Pero la historia enseña que este tipo de vínculos, especialmente con Rusia, no suelen terminar bien. 

    En la novela El amante polaco, la escritora mexicana Elena Poniatowska cuenta la trágica vida de un noble antepasado suyo, Stanislaw Poniatowski, quien llegó a ser rey de Polonia durante la segunda mitad del siglo XVIII. El joven Stanislaw fue introducido en el mundo de la política y puesto bajo la tutoría del prestigioso diplomático Charles Hanbury Williams. Como parte del séquito de Williams, se estableció durante algunos años en Rusia donde el galés hacía de embajador de Inglaterra. Allí vivió una intensa historia de amor con la princesa Catalina Alekséievna, una ambiciosa muchacha, casada con el príncipe Pedro de Holstein-Gottorp y enamorada de la moda parisina, que sabía de memoria las obras de los sabios franceses de la Ilustración. Entre el sexo desenfrenado, los bailes y las largas pláticas sobre lo caduco del absolutismo y el derecho a la soberanía y a la educación de los pueblos, transcurrió el romance de la princesa y su amante polaco hasta que él tuvo que marcharse de regreso. 

    El tiempo pasó y la astuta Catalina Alekséievna se convirtió en la emperatriz Catalina II de Rusia. Poco después, en Polonia, donde regía un sistema de monarquía electiva bastante avanzado para su época, el Parlamento escogió al erudito Poniatowski como su rey, con la esperanza de que sus viejos vínculos con la zarina sirvieran a la prosperidad de la nación. Él acudió a la monarca echando mano a los recuerdos que de ella guardaba —según Elena Poniatowska, vivió y murió enamorado—, de cuando era Alekséievna y no «la Grande». Le propuso que, juntos, hicieran realidad sus sueños de juventud de democratizar e ilustrar toda Europa, de empoderar a los campesinos y a los sabios y debilitar las influencias de los ejércitos y los nobles. Sin embargo, Catalina no era la misma de antes y, si bien prometió apoyar su reinado, dejó bien claro que sería bajo sus términos, los cuales estaban muy lejos de las aspiraciones del polaco. 

    Por los viejos tiempos, Stanislaw Poniatowski permitió la injerencia de Rusia en los asuntos internos de Polonia mientras introducía reformas para modernizar su país. Al principio, Catalina II ayudó al inexperto rey, pero, luego, al reparar en cómo las ideas de la Ilustración habían hecho rodar las cabezas nobles en Francia, se volvió hostil hacia su antiguo amante, contra quien instigó conspiraciones al tiempo que se hacía con territorios polacos. 

    Poniatowski fue obligado a abdicar y se marchó al exilio, nada más y nada menos que en San Petersburgo. Tras su salida del poder, los gobernantes rusos sumaron a su larga lista de títulos el de «zar de Polonia». 

    Quizá haya una moraleja en esta historia para el caso cubano —salvando las enormes distancias, pues a nadie se le ocurriría comparar las ideas liberales de Poniatowski con las iniciativas de Díaz-Canel, aunque ambos comparten el ser figuras políticas débiles. 

    ***

    Boris Titov ya ha dado sus primeros pasos en eso de dirigir el cambio de rumbo de la economía cubana, y en agosto de 2023 confirmó que había negociado con el Instituto de Desarrollo Económico Ptotr Stolipin para ofrecer —a través de Ricardo Cabrisas, viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera— una propuesta de digitalización del sistema tributario y de la banca cubanos. El proyecto incluye la creación de un Banco para el Desarrollo de la Iniciativa Empresarial que, por supuesto, estaría asociado a un banco ruso.

    Llama la atención que en 2015 el gobierno cubano recibió una propuesta muy parecida de otra superpotencia: la Unión Europea. En el marco del programa de cooperación «Intercambio de expertos Cuba-UE», la isla envió un puñado de funcionarios a España para que recibieran formación en cuestiones de modernización del sistema tributario; ello ocurría poco tiempo después de que el país ibérico se ofreciera también a capacitar a funcionarios cubanos del sector agroalimentario. El proyecto, auspiciado por la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas, fue apoyado con 3.5 millones de euros provenientes de las arcas de la Comisión Europea. Cuba, sin embargo, no dio continuidad a este programa ni aplicó la experiencia española en su sistema tributario. 

    Vale decir además que en 2022 Cuba suscribió un Programa de Cooperación bilateral con la Fiscalía General del Estado español para «profundizar» en la protección de los menores de edad, las mujeres víctimas de violencia, los adultos mayores, las personas con discapacidad y otros colectivos vulnerables, así como para «establecer acciones en la lucha contra la prostitución, la explotación y la trata de seres humanos». Curiosamente, La Habana también posee un acuerdo de cooperación en materia jurídica con Rusia, que incluye una serie de cursos de superación en derecho penal que han recibido en el país eslavo varios jueces y otros funcionarios del sistema de tribunales, algunos de ellos vinculados a los procesos contra manifestantes en el estallido social del 11 de julio de 2021. Dicho acuerdo fue extendido hasta 2025 el pasado 11 de octubre en Moscú, con la firma de un memorando de entendimiento entre el ministro cubano de Justicia, Oscar Silvera, y su homólogo ruso, Konstantin Chuychenko.

    Este 2023, asimismo, se hizo oficial que un conjunto de empresas de Rusia y Bielorrusia —principal aliado de Putin en Europa del Este— serán encargarán de reactivar la industria azucarera cubana a través de importantes inversiones en maquinaria agrícola, fertilizantes y modernización de centrales. Otra noticia —esta de la pasada semana— indica que el Kremlin evalúa abrir oficinas de su Servicio Federal de Aduanas en Cuba, así como en Venezuela y Nicaragua. Esto último podría suponer una encrucijada diplomática para el régimen de La Habana, obligado a escoger entre contrariar a su principal aliado en estos momentos o servir públicamente a Rusia como ruta alternativa para sortear algunas de las sanciones económicas y financieras impuestas por Occidente tras la invasión a Ucrania. 

    Ricardo Cabrisas, viceprimer ministro cubano y titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, en Moscú / Foto: Vía Prensa Latina
    Ricardo Cabrisas, viceprimer ministro cubano y titular de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, en Moscú / Foto: Vía Prensa Latina

    III

    Sería un error pensar que el renovado lazo entre Moscú y La Habana solo beneficia en la práctica a la segunda, mientras que la primera apenas garantiza un tibio compañero de viaje en foros internacionales. Eventualmente, Rusia tendría una influencia considerable en la economía cubana y, por consiguiente, sobre el gobierno isleño. Como en tiempos de la Guerra Fría, hoy no resulta desdeñable un aliado en el Caribe, si bien por ahora los guiños amenazantes hacia Estados Unidos llegarían gracias a un decreto firmado por Daniel Ortega que autoriza la presencia de un número indeterminado de efectivos y equipos militares rusos —y de otros países como Venezuela y Cuba— en territorio de Nicaragua. 

    Cuba también pudiera servirle al Kremlin para sortear —aunque a muy pequeña escala— algunas sanciones financieras o comerciales de Occidente. Eso sí, la isla pudiera resultar clave para que Rusia amplíe su influencia en América Latina, particularmente en naciones con gobiernos progresistas como Brasil, Colombia o México. Esto último también es un objetivo declarado de Europa, lo cual explica en parte la habitual postura timorata de la UE respecto a las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen cubano. 

    La apuesta cubana por Moscú obstaculiza naturalmente cualquier nuevo intento de acercamiento con Estados Unidos. Pudiera, además, ser la gota que por fin colme la paciencia del bloque europeo, que hasta ahora, contra viento y marea, ha mantenido en pie el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con La Habana, incluidas sus pequeñas —pero continuas— ayudas financieras. 

    Quién sabe qué cálculos políticos habrá hecho el régimen cubano; lo cierto es que, dadas las circunstancias actuales, el oso ruso parece cada vez menos, como hace algo más de tres décadas, un caballo ganador.

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    Darío Alejandro Alemán
    Darío Alejandro Alemán
    Nació en La Habana en 1994. Periodista y editor. Ha colaborado en varios medios nacionales e internacionales.
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