1. La poesía es un arte colectivo y público porque va empujando de manera imperceptible pero obstinada los usos y los límites de la lengua común: de lo que se puede pensar, decir y sentir con palabras.
  1. La poesía es una tecnología de la palabra y una pedagogía de la atención. Su gemela maligna, la publicidad, nos pide que compremos lo que no necesitamos, lo que no podemos pagar, lo que no nos hace bien desear. Sobre todo, trata de persuadirnos de que adquirir y acumular objetos es importante, hermoso, placentero.
  1. La poesía no es irrelevante. Es todo lo contrario: es pegajosa. Por eso se nos pega a la atención y a la memoria.
  1. En una época que inventó una economía de la fragmentación, extracción y capitalización de la atención, la poesía tiene todo que decir. 
  1. Porque un poema, si funciona, sabotea las asociaciones naturalizadas y los automatismos de la atención. Por eso no es verdad que haya que concentrarse: el poema te captura y te sacude al mismo tiempo.
  1. La poesía puede influenciar. Hagamos que lxs influencers reciten poesía. Que lxs famosxs lean poesía en voz alta. Hay que redistribuir el capital simbólico, que es menos inaccesible que el financiero. Hackeemos la atención.
  1. La poesía es espectacular. Y también puede ser un espectáculo —e incluso una celebrity— en sí misma.
  1. La poesía enseña a leer, y no solo poesía: cualquier cosa.
  1. La poesía son poemas, no poetas. Que es lo mismo que decir: todxs podemos ser poetas si nos gustan las palabras.
  1. La poesía es para todo público: no subestima a nadie.

*Ezequiel Zaidenwerg es un poeta y traductor argentino que reside en Nueva York.

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