Mirar la ciudad que no es

A veces me cuesta no atrapar una imagen que es casi un lamento. La ciudad que imagino no es la que veo. Diversas formas me conectan con la niñez, y me cuesta aceptar que van a ser fugaces para los niños que nos confortan ahora mismo.

También aparecen figuras raras inundando los espacios, como caídas de una galaxia ajena. Están puestas sin ser parte de nada. Son horribles y deformes. Quizá, si cobraran vida, podrían usarse en un filme de terror. 

El arte de la belleza ahora es patrimonio de las ciudades extranjeras. O del mundo que una vez evocamos, el que no pudimos construir. Mientras, nuestra propia ciudad se hunde en un laberinto vertiginoso, voraz.

Y ya no hay vuelta atrás, ni santo para encomendarla; la perdemos en una marea de aguas albañales. 

No habrá ojos ni manos para tocarla como fue antes, erguida en su magnificencia. ¿Era una ciudad diferente? Las antiguas revistas no mienten.

El álbum familiar refleja edificaciones, muros y jardines, aceras y calles envueltas en una bruma elegante. Iban las mujeres hermosas y bien maquilladas, y los hombres con sombreros y trajes en pleno verano.   

Es mejor caminar sin mirar para no distinguir los basurales, y esas almas que pasan en vilo a través de ellos. 

Urge colocar una cinta blanca para limpiar la mirada, para consolar las pupilas, gastadas en el ir y venir, en un tiempo de lobos, devorador de voces cautivas que flotan aún a lo largo del malecón habanero. 

Todavía hay una ciudad de sol promisorio; como una efigie, hecha para la contemplación. Pero siento que es solo una plegaria que viene a sublimarla.

No la reconocemos; la miramos como a una extraña.

(Fotografías autorizadas por Irina Pino).

Newsletter

Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

Te puede interesar

Alexander Díaz Rodríguez: «Soy un ermitaño y mi madre murió sola»

Los flamboyanes florecen en julio. Alexander Díaz Rodríguez camina...

Cuando la víctima termina en el banquillo

Hace unos pocos días, en Cocosolo, barrio habanero de...

Luis Manuel Otero: ¿Cómo entender el arte desde la prisión?

El tiempo parece dejar de existir cuando nos enfrentamos...

La prolongada huelga de Guillermo del Sol

El activista religioso mantiene una huelga de hambre que se ha dilatado durante casi dos meses, con la exigencia de la liberación de presos políticos a un Estado cubano que responde con silencio y vigilancia.

Apoya nuestro trabajo

El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
Puedes contribuir a la revista aquí.
Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: revistaelestornudo@gmail.com

Artículos relacionados

Alexander Díaz Rodríguez: «Soy un ermitaño y mi madre murió sola»

Los flamboyanes florecen en julio. Alexander Díaz Rodríguez camina...

Cuando la víctima termina en el banquillo

Hace unos pocos días, en Cocosolo, barrio habanero de...

Luis Manuel Otero: ¿Cómo entender el arte desde la prisión?

El tiempo parece dejar de existir cuando nos enfrentamos...

Ray Socorro: golpes contra el hambre y el exilio 

Hay una derrota que duele más que un knock out en...

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí