Lis Cuesta, la (no) primera dama de Cuba

    Lis Cuesta llegó a la ciudad de Nueva York el 17 de septiembre último junto a su esposo, el presidente Miguel Díaz-Canel, quien debía asistir al 78 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ese día la cónyuge del gobernante cubano visitó el país número 21 desde noviembre de 2022, lo que significa más de 50 días en giras oficiales internacionales. Una vez más se le vio descender del avión de la mano de su marido, ambos con gafas de sol, para ser recibida con los honores usuales: flores, saludos… 

    En los últimos diez meses, la esposa de Díaz-Canel ha visitado Estados Unidos, Argelia, Turquía, Rusia, ChinaSan Vicente y las GranadinasBarbadosGranadaArgentinaMéxicoBeliceRepública DominicanaItalia y el Vaticano, Serbia, Portugal, Francia, Bélgica, Sudáfrica, Angola, Mozambique y Namibia.

    Durante esos viajes, Lis Cuesta se ha codeado con los homólogos de su esposo en actividades protocolares; ha comido y bebido en restaurantes exclusivos de Europarecorrió la zona colonial de Santo Domingo, junto a las esposas de los mandatarios de República Dominicana, Argentina, Paraguay y España; no dejó de saludar en el Palacio del Vaticano al Papa Francisco, a quien confesó: «Le quiero mucho».

    En los últimos diez meses, Lis Cuesta no ha perdido la más mínima oportunidad de aparecer en primera plana en cada uno de los viajes internacionales que ha emprendido su esposo, aunque no se sabe a ciencia cierta cuál es su rol en esos recorridos; especialmente, después de que en mayo último —durante la primera visita a la isla de Andrés Manuel López Obrador— Díaz-Canel aclarara ante la prensa oficialista: «Ni en México ni en Cuba tenemos primeras damas», dijo. «Ellas son las esposas, que trabajan en sus trabajos, y de paso hacen sus presentaciones con nosotros».

    Se supone que una primera dama desempeñe una función diplomática y política, como resulta habitual en Estados Unidos y en muchas naciones de América Latina. En algunos casos, ellas han ocupado posteriormente altos cargos de gobierno, como Hilary Clinton, o incluso han llegado a la presidencia, como Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, y Xiomara Castro, en Honduras.

    Tras más de 50 días en giras oficiales por el mundo, la opinión pública se preguntará: ¿qué papel práctico desempeña Lis Cuesta en esas delegaciones de gobierno, si no es la primera dama de Cuba, ni ostenta cargo alguno en el Poder Ejecutivo? ¿Por qué es incluida en las actividades protocolares y son costeados con fondos estatales sus gastos de viaje, estancia, alimentos, etc., si no es más que la cónyuge del ciudadano Miguel Díaz-Canel, quien por el momento encabeza el Estado y Comité Central del Partido Comunista?

    Lo que de ella se sabe 

    En sus perfiles de Facebook y X, Lis Cuesta se autodefine como «cubana, abuela, revolucionaria, profesora, coordinadora de eventos de cultura-turismo. Junto a Díaz-Canel, incondicional al servicio de Cuba». 

    Aunque no hay más datos personales en esas plataformas, se sabe que nació el 28 de marzo de 1971 en la ciudad de Holguín (nororiente de Cuba). Es licenciada en Pedagogía y tiene una maestría en Ciencias Pedagógicas; en diciembre de 2022, defendió la tesis doctoral «Modelo pedagógico para exportación de servicios académicos en la agencia Paradiso». Esta última es una dependencia turística del Ministerio de Cultura, donde ella se desempeñó como jefa de Servicios Académicos hasta que fue promovida a directora de Festivales y Eventos de la propia cartera gubernamental. Por tanto, es una funcionaria pública.

    En Holguín trabajó en el Departamento de Comunicación del Sectorial Provincial de Cultura antes de dirigir, en ese mismo territorio, el Centro Provincial del Libro y la Literatura. Conoció a Díaz-Canel mientras este ocupaba el cargo de primer secretario del Partido en esa oriental provincia (2003-2009). 

    En 2020, un usuario de Facebook filtró fotografías de su boda, al parecer celebrada en 2009, año en que también se habrían mudado para La Habana tras la designación de Díaz-Canel como ministro de Educación Superior. 

    En las imágenes aparecen amigos y familiares, incluidos los dos hijos menores de edad de ella, niña y niño, frutos de un matrimonio anterior. En junio pasado trascendió el nombre del mayor, quien fue identificado como Manuel Anido Cuesta tras ser presentado al Papa Francisco. En la ocasión, Díaz-Canel dijo al Sumo Pontífice que es graduado en Derecho y que trabajaba con él, y agregó que es «la oposición en la familia» por su presunto «espíritu crítico». Por su lado, el gobernante cubano también es padre de dos hijos.

    Además de organizar eventos culturales y de acompañar a su esposo por el mundo, Lis Cuesta parece ser una entusiasta de la alta cocina, aunque el país que dirige Díaz-Canel enfrenta una severa crisis alimentaria.

    En 2019, acompañó a los actuales monarcas del Reino Unido, el rey Carlos III y su esposa Camila, durante una exhibición y degustación de comida en el restaurante privado Habanera, ubicado en la calle 16, entre 7ma y 5ta, en el barrio de Miramar, municipio de Playa.

    Al año siguiente, fue la anfitriona, en tanto directiva de la Agencia Paradiso, y de conjunto con el Ministerio del Turismo, del segundo taller internacional culinario Cuba Sabe, presuntamente organizado para rescatar la cultura culinaria de la isla. El evento se celebró en el lujoso Hotel Iberostar Grand Packard de La Habana, y al mismo asistieron Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz. 

    En junio último, el presidente cubano y Lis Cuesta fueron captados por el actor estadounidense Jeff Parise saliendo del exclusivo restaurante italiano Pierluigi, ubicado en el centro de Roma, el cual es frecuentado por celebridades como Tom Cruise, Paulo Dybala, Mark Zuckerberg o Barack Obama.

    Más recientemente, entre el 20 y 23 de septiembre, Lis Cuesta promovió el XIII Festival Internacional Varadero Gourmet, otro evento consagrado a salvaguardar la comida criolla. El mes pasado trascendieron igualmente fotos suyas y de Díaz-Canel brindando con cervezas artesanales en el restaurante El SALM BRÄU, situado en la zona más turística de Viena; las mismas corresponderían a alguno de sus recorridos europeos hace ya algunos años.

    Lis Cuesta junto a la actual reina consorte del Reino Unido en un restaurante privado de La Habana (2019) / Foto: Facebook/ UNKINCUba
    Lis Cuesta junto a la actual reina consorte del Reino Unido en un restaurante privado de La Habana (2019) / Foto: Facebook/ UNKINCUba

    Por otra parte, Lis Cuesta ha generado atención debido a sus intervenciones en redes sociales desde que en marzo de 2022 abrió una cuenta en Twitter (hoy X) donde acumula hoy unos 93 mil 700 seguidores. Con frecuencia, ha dejado allí mensajes de amor conyugal que han ocasionado críticas y no pocas burlas entre los internautas, muchos de los cuales la identifican como funcionaria e, incluso, vocera gubernamental.

    Los cubanos recuerdan cuando se autoproclamó «la dueña del mango», refiriéndose a su esposo, o cuando dijo tener «el corazón en modo estropajo» por los apagones que afectan a la población, y por supuesto no a ella, o cuando definió a Díaz-Canel como «el dictador de [su] corazón», justo mientras se celebraban los juicios contra los manifestantes del 11-J, duramente reprimidos tras «la orden de combate» dada por su marido.

    Lis Cuesta junto a Díaz-Canel / Foto: Facebook/ Lis Cuesta
    Lis Cuesta junto a Díaz-Canel / Foto: Facebook/ Lis Cuesta

    De la tradición republicana a la era castrista

    La primera dama, primer caballero o consorte republicano​ es un título o tratamiento protocolar que recibe en algunas repúblicas el cónyuge del jefe de Estado/presidente de la República o, en su defecto, algún hijo, hija u otro familiar que cumple esa función en ceremonias oficiales.

    Entre 1902 y 1958, fueron identificadas en la isla, al menos, 18 esposas de mandatarios con ese título. Entre las más notorias, estuvo América Arias, esposa de José Miguel Gómez[1] y capitana mambisa, quien destacó por su activa participación en la vida nacional. 

    En Cuba, la primera dama nunca fue una figura constitucional, sino una tradición republicana que asumía la esposa del Jefe de Estado, explica a El Estornudo el historiador y activista social cubano Leonardo Fernández Otaño.

     «El título de primera dama carece de contenido. En poquísimas palabras es la consorte de un jefe de Estado que asume un rol político. Se basa en los títulos monárquicos de reina consorte; o sea, aquella que no lo es por derecho propio, sino porque es la consorte del monarca. La que es porque está con el que es, y no porque lo sea de motu proprio»refiere, también en diálogo con EE, el jurista cubano Frank Ajete Pidorych

    Sostiene, asimismo, que “una primera dama asume cierto activismo en publicitar una pretendida familia ideal siguiendo patrones heteronormados. Se presenta públicamente como “la que es porque está con el que es”; utiliza la posición de su cónyuge como plataforma para impulsar campañas más “afectivas” (se inclinan por temas culturales, infantiles, sanitarios, educacionales): es “la mamá de gobierno”. […] la que está en las fiestas y las obras caritativas, pero debe salir de la habitación cuando se habla de dinero o de violencia».

    «Durante la etapa republicana cubana sí se utilizaba el término», añade Ajete Pidorych, «por influencia estadounidense; que fueron precisamente los que introdujeron esa figura —por monárquicos y heteronormativos. La primera fue Mariana Sebas, consorte de Mario García Menocal[2], y el que pausó la tradición fue Dorticós[3], y posteriormente ni Fidel ni Raúl utilizaron esas nomenclaturas».

    Recibimiento oficial en República Dominicana / Foto: Estudios Revolución
    Recibimiento oficial en República Dominicana / Foto: Estudios Revolución

    Fernández Otaño considera, además, que Cuba tiene «una historia muy peculiar en cuanto a las primeras damas. Algunas fueron muy activas socialmente, como los casos de Martha Fernández, la esposa de Batista, por su labor asistencial, y [fue] la última reconocida como tal en el país; Mariana Sebas, la esposa de Menocal, que estuvo muy vinculada a la construcción del santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, y Polita Grau, la hermana de Ramón Grau San Martín.[4] También, con menor intensidad, María Jaén de Zayas».[5]

    «Pero esta tradición se rompió con Fidel Castro. Con él esa figura desaparece, porque él mantuvo su vida privada en secreto. Y Raúl Castro, en el momento que llegó a la Presidencia, era viudo”, señala el historiador.

    Ajete Pidorych aclara que «el caso de Vilma Espín es curioso, porque parecería una primera dama, pero su influencia en el panorama político cubano de la época no emana necesariamente de su relación con Raúl Castro, y en consecuencia su vida política no derivó de la de su consorte».

    Del protocolo a las políticas públicas

    En el hemisferio, la figura de Primera Dama comenzó a modernizarse a partir de que Hillary Clinton salió a la palestra pública en 1993, tras ser investido su esposo, Bill Clinton, como presidente de Estados Unidos, según un estudio de Carolina Guerrero, especialista en este tópico y doctora en Ciencia Política por la Universidad de Hamburgo.

    De acuerdo con Guerrero, se ha observado una evolución «desde un papel típicamente protocolar a uno caritativo y, finalmente, apuntando a las políticas públicas».

    «Mucho se habla de que estas mujeres cumplen un rol de adorno, que realmente no participan en política», señaló en declaraciones recogidas por Efeminista. «Incluso también desde el periodismo se dice “es la esposa de, no representa a”, pero finalmente sí participan de diferentes formas, ya sea representando al Gobierno, ya sea haciendo eventos sociales, promulgando algún programa o haciendo un discurso frente a una organización internacional en un viaje».

    Lis Cuesta junto a las esposas de los mandatarios de República Dominicana, Argentina, Paraguay y España, tras un recorrido por la zona colonial de Santo Domingo. / Foto: Presidencia República Dominicana
    Lis Cuesta junto a las esposas de los mandatarios de República Dominicana, Argentina, Paraguay y España, tras un recorrido por la zona colonial de Santo Domingo. / Foto: Presidencia República Dominicana

    Las investigaciones de la experta revelan que 66 de las 88 primeras damas que ha habido en la región desde 1990 se involucraron formalmente en políticas públicas; a menudo en sectores determinantes como Salud o Educación.

    Además, destaca Guerrero, que una veintena de exprimeras damas se lanzaron 26 veces como candidatas a la Presidencia, la Vicepresidencia o al Congreso de sus países, y fueron elegidas en 19 ocasiones, entre 1999 y 2016.

    También la directora regional para América Latina y el Caribe de ONU Mujeres, María Noel Vaeza, dijo EFE que está convencida de que en la región hay ejemplos de primeras damas que «han sabido aprovechar esa plataforma de visibilidad e influencia para ir más allá de la posición de figura decorativa o solo a cargo de fundaciones y filantropía».

    Como ejemplo puso a Michelle Obama, con su campaña a favor de la alimentación saludable para reformar el etiquetado de los productos alimenticios, su iniciativa «Let’s Move» para promover el ejercicio infantil, así como su labor para que más niñas y adolescentes del mundo tuvieran acceso a la educación.

    En todo caso, Guerrero considera que las primeras damas «son parte de la élite política, de la presidencia y desde ese contexto es desde donde hay que entender lo que hacen, a quiénes se dirigen y cómo lo hacen». Igualmente, cree necesario que los gobiernos sean transparentes en cuanto a los recursos que destinan a sus funciones, pues ese rol con frecuencia no está regulado. 

    Salir de las sombras

    Mientras el mandatario cubano asegura que su esposa no es la primera dama de Cuba, muchos consideran que sí lo es, en funciones, y que ha asumido esa posición como ninguna otra pareja de los máximos dirigentes del gobierno cubano post-1959.

    Desde 2018, cuando Miguel Díaz-Canel ascendió a la Presidencia, Lis Cuesta se ha mostrado claramente dispuesta a salir, todo lo posible, de las sombras. Muy al contrario del destino, por ejemplo, de Dalia Soto del Valle, a quien muchos cubanos la conocieron brevemente durante los funerales de Fidel Castro, aunque llevaban 36 años de matrimonio.

    Para Fernández Otaño, la figura pública de Lis Cuesta tiene una tónica distinta, porque, en la historia republicana de Cuba, la primera dama tenía agenda propia y desempeñaba funciones caritativas y de apoyo a obras sociales: «y eso no sucede con ella», apunta.

    «En cambio, sí sucede que vemos a una Lis Cuesta que comparte con sus pares, como es el caso de la esposa de Lula da Silva, en Brasil; con la esposa de Andrés Manuel López Obrador, y otras esposas de estadistas. Pero creo que no se puede asegurar que Lis Cuesta es una primera dama en el sentido clásico, porque es una figura asociada a la pareja que ejerce un poder democrático, y Díaz-Canel no ejerce un poder democrático», argumenta el también activista católico.

    «La república nunca deja de mirar de reojo a la monarquía», indica Ajete Pidorych. «Por lo que cuando [el expresidente ecuatoriano] Rafael Correa se refirió al término como anacrónico y sexista, no le faltaba razón. No obstante, amén de la connotación anacrónica del término, existen primeras damas que lo son por escurridiza definición, independientemente de su entusiasmo por ser reconocidas como tal». 

    En opinión del exjuez y exfiscal cubano, «no fue primera dama Dalia Soto del Valle, no fue primer caballero Joachim Sauer,[6] y no lo fueron porque no asumieron roles políticos. Eran consortes de mandatarios, pero no desarrollaban ninguna suerte de activismo paralelo al de sus parejas».

    Sin embargo, dice, «sí son primeras damas: Beatriz Gutiérrez Müller, aunque rechace el título por entenderlo precisamente anacrónico con [respecto a] la realidad mexicana; Cilia Flores, aunque el verboso de [Nicolás] Maduro la bautice como “primera combatiente”, y lo es Lis Cuesta, por positivista que pretenda ser Díaz-Canel al subrayar que el cargo no existe legalmente».

    Según el jurista asentado en Barcelona, el caso de Lis Cuesta «parece sacado de un manual», porque ella «lava constantemente la imagen de su/nuestro dictador, impulsa eventos de tipo cultural para lavar también la imagen de la dictadura cubana, ofrece en conjunto con Díaz-Canel esa idea de “familia”, y por supuesto asume roles protocolarios». 

    «Liz Cuesta es la actual primera dama cubana, la primera que tiene el castrismo, quizás por ofrecer una imagen al mundo de ruptura y modernidad, de cambio y frescura. En definitiva, una reina consorte», resume Ajete Pidorych.


    [1] José Miguel Gómez y Gómez fue un militar y político cubano, segundo presidente de la República de Cuba, entre 1909 y 1913.

    [2] Mario García Menocal ocupó la Presidencia de Cuba entre 1913 y 1917, y entre 1917 y 1921.

    [3] Osvaldo Dorticós Torrado fue un político cubano que desempeñó el cargo de presidente entre el 17 de julio de 1959 y el 2 de diciembre de 1976.

    [4] Ramón Grau San Martín fue un médico y político cubano que ocupó en dos ocasiones la Presidencia de la República (1933-1934 / 1944-1948).

    [5] María Jaén de Zayas fue la esposa de Alfredo de Zayas y Alfonso, jurista y político cubano. Fue fiscal, juez, alcalde de La Habana, senador en 1905, presidente del Senado en 1906, vicepresidente de 1908 a 1913, y cuarto presidente de la República de Cuba, del 20 de mayo de 1921 al 20 de mayo de 1925.

    [6] Joachim Sauer, esposo de la excanciller alemana Angela Merkel.

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    Katia Monteagudo
    Katia Monteagudo
    Nació en el centro de Cuba, pero es ya chilanga por adopción. Pertenece a la generación del linotipo, a la mismísima era del plomo, pero sigue en el oficio por puro deseo casi 40 años después de haberse licenciado en la Universidad de La Habana.
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