Ya salió el logo de la próxima Bienal de La Habana y sí, debo admitir, es coherente. Un vector desparramado por todo el campo visual sin dirección ni sentido. Me ha recordado el juego Pong de las primeras consolas Atari. Es como si viéramos el trazo de una pelota loca dando tumbos a diestra y siniestra, desesperada por eludir, a toda costa, el inevitable Game Over.

No sé de quién es el logo, pero lo que es la declaración de la Bienal es para desternillarse de la risa. Dice desde la primera oración que está «marcada por su postura a contracorriente» y, sí, imagino que sí, que irá a contracorriente ciento por ciento, porque cuando lo más digno del arte contemporáneo cubano reclama al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) que desmonte sus cuadros, cuando algunos artistas renuncian a premios y membrecías de organizaciones alineadas con el poder necrosado de la dictadura cubana como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Asociación Hermanos Saiz (AHS), o bien se rehúsan a exponer en galerías e instituciones pertenecientes al sistema oficial, la «contracorriente» presupone que la Bienal irá a buscar a los creadores nacionales en esas patéticas cápsulas azules del Ministerio de Cultura: La razón de mi voz: La cultura es la Patria. Así que apriétense los cinturones, que lo que viene es de apaga y vámonos.

Cartel de la Bienal

A continuación, la Bienal se autoproclama como «un espacio descolonizador», dirigido a «todos aquellos interesados en un diálogo de convivencia». Les juro que no he pasado la primera oración.

¿Cómo puede la Bienal de La Habana, en los tiempos que corren, calificarse de descolonizadora cuando en rigor es punta de lanza de un Estado dictatorial que pretende blanquear su imagen ante el mundo? ¿Cómo puede atreverse a hablar de «diálogo» cuando el ministro de Cultura agrede a un periodista en plena calle y ante las cámaras, cuando justamente, en noviembre último, más de 300 artistas e intelectuales reclamaron a esa institución un diálogo que nunca ha tenido lugar? ¿Cómo hablar de «convivencia» en un país donde la gente sale pacíficamente a hacer uso de su derecho constitucional a manifestarse y es reprimida violentamente, encarcelada, sometida a juicios sumarios sin garantías jurídicas?

Por otro lado, no logro entender todavía cómo es que el gobierno cubano se atreve a celebrar esta XIV Bienal de La Habana en medio de la profunda crisis que atraviesa el país. En 2017, la decimotercera edición fue prorrogada debido a los «gravísimos daños» provocados por el huracán Irma. Ahora, sin embargo, cuando el país atraviesa una de las crisis más profundas de su historia, que afecta todas las esferas (sanitaria, económica, política, social, derechos humanos), lo más digno sería —digo yo— que los escasos fondos de la Bienal se destinen a comprar por lo menos mascarillas para el personal médico y medicinas para el pueblo cubano, que está enfrentando a pelo una pandemia.

Pero no, como mismo el gobierno abría Varadero a los turistas rusos para hacer entrar en la isla alguna que otra divisa y, de paso, la variante Delta de la COVID-19, la Bienal se suma al descalabro. Nos pondremos todos mascarillas como parte de ese gran baile de máscaras donde se congregarán académicos letárgicos que todavía duermen a la sombra del mito trasnochado de la Revolución cubana y algún que otro agente de turismo cultural que busca engrosar sus bolsillos.

Mientras tanto, esperemos que lo más digno del arte contemporáneo internacional tome posición del lado de los más de 700 manifestantes todavía encarcelados sin debido proceso, y del lado de artistas como Hamlet Lavastida, Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo (Osorbo), en prisión por hacer arte y por hacerlo de cara a la dictadura cubana.

En 2017, a raíz de la cancelación de la XIII Bienal de La Habana, Luis Manuel Otero Alcántara, junto a Yanelys Núñez, lanzaba la #00 Bienal (del 5 al 15 de mayo del 2018). La cita planteaba desde su centro una sedición colectiva.

Basada en la alternatividad de las redes sociales, la prensa independiente y el crowdfunding, así como el apoyo de figuras clave (Tania Bruguera, Brigitte Campeau, Coco Fusco, Gerardo Mosquera, Reynier Leyva Novo, Rikrit Tiravanija y Ernesto Oroza, entre otros), y la incipiente pero progresiva solidaridad entre el resto del medio artístico cubano, la #00 Bienal logró aunar a más de un centenar de autores. Con un programa de exposiciones, ponencias y proecciones de documentales, el evento pronto encontró eco en la prensa especializada internacional (Artforum, Artishock, Artnet, Art News, E-flux, Hyperallergic, entre otras), la prensa cubana independiente (14yMedio, ADN, Hypermedia Magazine, El Toque, HavanaTimes, entre otros) y la comunidad artística allende el mar, incluidos creadores de Angola, Alemania, Brasil, Colombia, México, España, Estados Unidos, Portugal y Ucrania.

Es esta la única Bienal posible en Cuba. Lancemos la #01 Bienal. En lo que respecta a la Bienal de La Habana, está más que claro: THE GAME IS OVER.