Si hasta hace poco le robaban el tiempo, ahora le han quitado su espacio. Su nueva condena será observar, a la distancia, que Cuba ni siquiera es aquella que dejó de ver el 11 de julio de 2021.
Por eso, las obras reunidas en ‘La prisión invisible’ —también las que no pudieron llegar físicamente a la sala, pero que existen— son, ante todo, una afirmación identitaria de esas vidas. Una manera de decir: seguimos aquí, seguimos siendo.
Para Otero, este grupo de santos en Párraga, milagrosos, desvalidos, pero también más potentes que todo lo demás, nos enseñan que, «a pesar de los diferentes colores o tamaños, tenemos que salir y romper la vitrina de cristal».
«Eso sí, es justo decirlo, cada vez que hice una exhibición dije lo que quise sin cortapisas, aun desde temáticas sensibles porque interpelan directamente al poder: delitos de cuello blanco y propensión social a delinquir, lo peligroso de la creación artística bajo censura, la casta militar devenida empresarial, la pérdida del valor de la condecoración y la simbología revolucionarias, las distorsiones de la comunicación en los totalitarismos y el espionaje, fueron temas tratados y exhibidos por mí en Cuba».
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.
El esfuerzo cubano por la libertad tiene en sus héroes y sus heroínas la savia del país futuro. El registro de los luchadores prodemocracia que fallecen cada año ofrece, al mismo tiempo, un mosaico de las características generales y los detalles de esa empresa.
El gran tema político del futuro cercano en Estados Unidos se centrará en qué rama del populismo económico puede responder mejor a la necesidad de que una mayoría de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, vuelva a sentirse partícipe de ese crecimiento, y traducir el descontento económico en propuestas concretas sobre salarios, vivienda, impuestos, competencia empresarial y poder corporativo.