Pável Vélez, fotógrafo mexicano: «Si vas a documentar algo, tienes que estar cerca, adentrarte…»

La figura de una mujer esquelética con una túnica encima, a veces con una guadaña, se repetía en toda la zona: muchas personas caminaban con esa imagen en forma de estatuilla hasta el altar. La procesión transcurría en la calle Alfarería, Colonia Morelos, en la Ciudad de México, y allí se encontraba el fotógrafo Pável Vélez documentando el acontecimiento. Las personas llegaban con peticiones en sus corazones, con la esperanza de que ese ser cumpliera sus anhelos.  

Se trata de la veneración a la Santa Muerte, un ícono religioso con antecedentes en la época mesoamericana, pero que se hizo aún más popular en los noventa en todo México y Centroamérica.

El lente posó delante de una mujer que tenía dos bebés de pocos meses, cada uno en un brazo. Llevaba a sus gemelos a conocer a la Santa Muerte. Ella quería agradecerle y solicitarle la supervivencia de sus hijos, nacidos prematuros. En la imagen, se la ve arrodillada, sosteniendo ambas criaturas, y al fondo la calle. 

Esa foto forma parte de Sagrada Guardiana, uno de los trabajos más importantes en la vida profesional de Pável Vélez. Como fotógrafo ha entrado en la vida callejera, la religión popular, las subculturas, el mundo de la lucha libre, y muchas otras de las dinámicas sociales del México contemporáneo. A veces a color, a veces en blanco y negro. 

De ‘Sagrada Guardiana’; Pável Vélez
De ‘Sagrada Guardiana’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

De la comunidad a la comunidad

Pável Vélez (1981) creció en Nezahualcóyotl, en la casa de sus abuelos maternos, donde vivía junto a sus padres, hermanos, tíos y primos. A los 13 años, tras la muerte de su abuelo, se mudó a Iztapalapa con su familia nuclear. Los muchachos de la zona no lo recibieron precisamente con respeto o cortesía. «Tuve que aprender a defenderme, desarrollarme y a socializar con chicos que eran más de barrio, algunos violentos». Después de terminar la escuela, se dedicó a diferentes empleos como hasta sus 35 años. 

Entonces perdió un teléfono. Fue a una tienda de empeños para comprar otro, y allí se sorprendió al encontrarse con una cámara Sony con un lente de 35mm. Prefirió quedarse incomunicado un tiempo. Se matriculó en la escuela 360, donde fue aprendiendo todo sobre el oficio fotográfico. También tomó talleres con muchos fotógrafos. 

Recuerda que su primer contacto con la fotografía se dio gracias una Nikon que había en su casa. Le intimidaba su cantidad de botones, y nunca la usó. De adulto, hacía fotos con el teléfono como hobby, sin ningún afán. Por supuesto, le resultó extraño salir a hacer trabajo fotográfico de campo. Tenía dudas, principalmente, alimentadas por los prejuicios en torno a la Santa Muerte: se dice que es una religión asociada al crimen. Si bien es cierto que tiene adeptos en el mundo del narcotráfico y de la delincuencia, lo cierto es que es una fe donde hay médicos, sastres, bomberos, electricistas, profesores, amas de casa, estudiantes. Se le reza en todos los rincones de México, y lo hacen personas de todos los perfiles. Pero eso es algo que, en ese momento, el fotógrafo estaba por descubrir.

Recorrió las calles de Tepito con su cámara. Iba con un grupo. Había una celebración bastante movida. Las personas llevaban figuras de la Santa Muerte, iban al altar, se arrodillaban, rezaban, le hacían promesas. Era un lugar seguro. Fue haciendo fotos. Luego tomó un taller de fotografía callejera con Juan Carlos Ryees, quien lo llevó a profundizar en su método. Lo primero que hizo fue preguntarse de dónde venía el interés. 

«Recordé que, en mi juventud en Iztapalapa, muchos de los papás de mis amigos tenían figuras de la Santa Muerte con altares», dice, y luego: «Los que creen en la Santa Muerte primero creen en Dios, luego en la Virgen, y luego en la Santa Muerte. Está abierto a todos. No hay distinción por clases sociales o por el trabajo que tengas. Muchos se acercan porque ya probaron a todos los demás santos».

Cada primer día del mes se acercan personas al altar de Tepito. Cada persona tiene una historia distinta. El fotógrafo iba con su cámara y con el flash externo encima, lo que impedía disimular. Aun así, procedía: persona por persona. Conoció a un hombre que perdió a su bebé recién nacido, y le encomendó otro hijo a la Santa Muerte. Tiempo después su deseo fue concedido. Ofreció caminar de rodillas desde el inicio de la calle hasta el altar —un trayecto de entre diez y 15 minutos. Esa foto es una de las más celebradas del proyecto. «Cuando la Santa Muerte les concede su “paro”, ellos tienen que pagarle con algo para cumplir esa primera, ya sea pagando una manda de rodillas, haciendo comida para quienes van a la celebración, regalando dulces a los niños, propagando la fe, etc. Si no tienes culpa, no se siente, pero si traes mucha pena o culpa, o algo grave, el camino es muy difícil». 

Y cada 31 de octubre y 1 de noviembre se realiza la celebración principal, a la que concurren personas de todas las regiones de México. Páve Vélez conoció a una mujer cuyo hijo perdió la movilidad en un accidente, a un hombre que hablaba muchísimo de teorías conspirativas, a personas que tenían problemas financieros. Sagrada Guardiana se convirtió en un fanzine que publicó en 2021. La primera parte del proyecto se hizo en blanco y negro, y hoy sigue trabajando el mismo tema, pero en color. 

El documentalismo, históricamente, ha hechizado el flash. ¿Por qué tú no?

Esas son visiones muy puristas. El uso del flash para el documentalismo ha sido mal visto, pero pienso que son visiones puristas de fotógrafos que vienen de muy atrás. Si miras cómo el tiempo ha cambiado con Magnum y The Independent, hay muchos proyectos de documentalistas que utilizan el flash para lograr lo que ellos quieren transmitir. Tiene que ver con qué quieres transmitir al usarlo. En Sagrada Guardiana quería resaltar texturas, contrastes, rostros de las personas, para que se vieran esos detalles. De no haberlo usado, pienso que no habría tenido la misma fuerza, el mismo poder que con flash. Me ha permitido resaltar gestos de las personas y hacer duras las sombras. Es, en cierta manera, un uso estético. 

No pareces rechazar la imperfección técnica. ¿Eso contribuye a tu discurso?

Hay varias cosas. La imperfección de Sagrada Guardiana es porque era el comienzo de mi carrera como fotógrafo. Algunas composiciones son descuidadas. La manera de mirar era en blanco y negro. Pudiera yo decir que algunos errores son por falta de técnica, pero compositivamente todo era en blanco y negro y con flash. Después de 2023 empiezo a mirar todo a color. La segunda parte es a color. Lo sigo trabajando, pero a color, más compositivo. Me dices imperfección y pienso en fotógrafos japoneses. Yo lo que veo es un revelado que se dirige a las sombras, que hace que se vea algo sucio. Y en general trato de que la foto sea lo menos manipulada posible, solo algo de sombras en Lightroom.

De ‘Sagrada Guardiana’; Pável Vélez
De ‘Sagrada Guardiana’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

Caminando entre subculturas urbanas

En 2020, Pável Vélez vivió un tiempo en Nezahualcóyotl, cerca de Ciudad de México. Era como un regreso a donde su infancia transcurrió. Entonces conoció a una persona que solía llevar un traje formal holgado, con sombrero. Se le hizo interesante ese atuendo distintivo. Pidió hacerle unas fotos. Su amigo aceptó, pero propuso hacerlo mientras recorrían las calles. Allí convivían personas con estilos peculiares. 

Fue una sesión en plena calle, con todo el mundo viéndolos. Llegaron hasta un lugar donde muchas familias se reunían para hacer parrilla, escuchar música, conversar. Varios de ellos tenían sus autos modificados, con accesorios decorativos que los volvían más llamativos. Notó rasgos en común: casi todos tenían tatuajes alusivos a temas mexicanos, con cierta estética que muchos asocian a las pandillas. Algunos tenían lentes oscuros, pantalones holgados y, en general, una imagen que recordaba a los raperos norteamericanos. Muchos de ellos venían de Estados Unidos; unos habían nacido allá de padres mexicanos, otros fueron y se devolvieron, otros fueron deportados. Varios de ellos tenían un pasado ligado a las pandillas. «Me dieron acceso a su vida cotidiana». 

De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez
De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

Muchos habían sido parte de grupos delictivos, pero ahora trataban de vivir de forma pacífica; incluso, algunos solo habían adoptado esa estética.

Pável Vélez conoció tres subculturas que convivían en ese ambiente: los cholos, que se caracterizan con su cabello engominado, ropa holgada y tatuajes; los chicanos, que suelen vestir con colores llamativos y también tienen muchos tatuajes —de hecho, a veces son difíciles de diferenciar de los primeros—, y los pachucos, que portan los zoot suit, chaquetas exageradas  y coloridas, muy a menudo combinadas con sombreros y pantalones extravagantes. 

El fotógrafo fue integrado a la comunidad. Todos lo reconocían, le pedían fotos, posaban para él. Los tres grupos tenían orígenes ligados a la inmigración mexicana en Estados Unidos. Él dedicaba sus fines de semana a documentarlos. Seleccionaba quiénes serían sus próximos fotografiados, y casi todos posaban para él: la actitud performática se hizo parte del proyecto. 

En sus andanzas por Nezahualcóyotl, conoció al señor Corona, un chicano cincuentón con aspecto fornido y estatura considerable. Se veía intimidante. «Tenía miedo de acercarme, porque pensé que me diría que no». Se acercó, platicaron, y el hombre estuvo encantado con la idea. Tomaron una decisión: que sea junto a su carro. Se quitó la camisa para mostrar los tatuajes. Primero, tomó fotos de frente, pero no le gustaron tanto. Luego de espaldas. El tatuaje decía «México». Apuntó bien el flash para resaltarlo. Muy cerca estaba valla de un hospital, con la palabra «Urgencia». Le pareció que estaba ante un «match perfecto». Ese día logró una de sus fotos más conocidas: fue portada de la revista Eyeshot Magazine y finalista del concurso de la revista Cuartoscuro

Ese fue el método en su proyecto Cholos, chicanos y pachucos

De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez
De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

Tu fotografía es muy directa. ¿Por qué apuestas por la frontalidad?

Si vas a documentar algo, tienes que estar cerca, adentrarte en lo que vas a fotografiar. Si vas por una comunidad, debes entender su contexto cultural, social, económico. La frontalidad hace que el proyecto sea más poderoso. Depende mucho de lo que quieras documentar. Si es sobre Ciudad de México, sus edificios y colores, quizás puedas hacerlo de una manera más lejana. Pero si vas a hacer algo sobre la gente, debes estar cerca. Debes intentar convertirte en parte de esa comunidad, intentar que te acepten, que te hagan formar parte de esa comunidad. Si no fuera frontal, no habría logrado resaltar ese tatuaje. La frontalidad me funcionó.

De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez
De ‘Cholos, chicanos y pachucos’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

Moviéndose entre titanes

Era el año 2023. Solo por casualidad, Pável Vélez terminó acompañando a una fotógrafa española hasta la Arena Neza, en Nezahualcóyotl. Era un favor que le hacía a un amigo. Ella fue y fotografió a los luchadores. A él se le hizo interesante ese mundo. Dado que ya había conversado con la encargada del lugar, le escribió un mensaje por WhatsApp. La respuesta llegó tres años después, sin explicación alguna.

En principio, se trató solo de fotografiar los eventos. Era la única arena de lucha libre donde es permitido hacer fotos con cierta libertad, porque en casi todas hay complicaciones legales debido a los derechos de imagen. Pero, como en cada proyecto, fue logrando cada vez más confianza. Había personas de todas las edades, familias enteras en algunos casos. Y muchos luchadores, en sus identidades civiles, cumplían como trabajadores distintas funciones en el coliseo: taquilla, limpieza, administración, dulcería, etc. Entonces vino la pregunta que cambió todo: ¿podía fotografiarlos mientras se preparaban para el combate? Le dijeron que sí. 

De ‘Los guerreros Budokán’; Pável Vélez
De ‘Los guerreros Budokán’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

En los camerinos encontró a personas en plena transición, de gente común a luchador. Algunos lo veían y posaban, otros seguían ante el espejo mientras se arreglaban. Allí el límite entre realidad y ficción se desdibujaba. Mientras, en otras imágenes, la acción volvía a tomar el lugar protagónico. 

Una vez vio cómo un hombre era derrotado en combate; estaba herido. Su hija subió al ring, viendo cómo los médicos lo atendían. Había llegado el momento de entregar su máscara al ganador. El sujeto era miembro de una gran dinastía de luchadores. Tiempo después, cuando Pável Vélez le mostró la imagen de aquel momento, el hombre no se molestó en lo absoluto: nada más natural que la victoria y la derrota en ese mundo.

La serie titulada Los guerreros Budokán fue expuesta en la propia sede de la arena. La respuesta fue positiva por parte del gremio de luchadores. Y este año saldrá en un fanzine.

¿Cómo es tu relación con las poses?

En Los guerreros Budokán hay dos fases: vestidor, donde es el luchador, la persona, el momento antes del combate: se trata de hablar con ellos y ver quién está detrás de la máscara. No hay pose, es pura esencia. Y la segunda parte es el luchador, es el personaje, su pose, la esencia de su personaje. Por eso la pose, que a mí no me molesta: enséñame el músculo, la máscara… ¿Cómo se comportan con y sin máscara? Cuando salga el fanzine, se van a dar cuenta de sus dos fases: vestidores y lucha, que también es espectáculo. Mis otros proyectos se basan mucho en el retrato. 

¿Cómo se da la transición hacia el color en tu fotografía?

En Sagrada Guardiana, yo no tenía nada de dominio del color. Aún me falta muchísimo. Pero estéticamente me funcionaba el blanco y negro en retratos. Para mí era más fácil componer en blanco y negro que en color. Era mucho más dramático. Y eso hacía que funcionara. Creo que empecé a dominarla, y por eso me incliné a hacer Cholos, pachucos y chicanos también en blanco y negro. El flash hace más poderosa esa estética visual. De repente llegó el color. Viendo referentes, empezó a gustarme muchísimo. Me fascinó la estética, la luz… cómo se refleja en el color. Empecé a estudiar el círculo cromático. Mi chica es maquillista; ella me ayuda a entender el color. Dejé de ver mi mundo en blanco y negro.

De ‘Los guerreros Budokán’; Pável Vélez
De ‘Los guerreros Budokán’; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

Un mundo más colorido y caótico

Pável se mudó a Santa Rosa Xochiac, un pueblo colonial dentro de la Ciudad de México. Él decidió comprometerse a hacer fotografía callejera de manera constante: los mercados, el transporte público, actividades comunitarias. Ha procurado encontrar otros enfoques, no basarse tanto en el retrato directo. Muchos lo han empezado a llamar «el fotógrafo». 

En ese andar se acercó a la celebración local de Año Nuevo, que también conmemora a la Virgen de Guadalupe. Ese 31 de diciembre fue conversando con ellos. Ya sabían quién era. El año 2022 estaba por dar paso al 2023. Había estructuras con diferentes formas para crear un espectáculo de pirotecnia, una tradición mexicana. Pável Vélez se colocó debajo de un castillo hecho con palos para captar a un hombre con su sombrero mientras observaba los colores en el cielo. «Por azares del destino, él empezó a caminar y se colocó justo enfrente de mí cuando empiezan a reventar en el techo los fuegos artificiales». Supo que estaba ante una gran foto. Esa foto resultó premiada en primer lugar en el Latin America National Award de los Sony World Photography Awards 2023.

Celebración de Año Nuevo, en Ciudad de México; Pável Vélez
Celebración de Año Nuevo, en Ciudad de México; Pável Vélez / Foto: Cortesía de Pável Vélez

¿Dirías que el caos ahora es parte de lo tuyo?

Pues el caos me gusta, pero no tiene que ser desordenado. Puede haber un orden. Trato de que ninguna persona quede fuera en mis encuadres. Puedes verlas y leer lo que está pasando y ver la situación que sucede. Quizás sí busco el orden, que tenga sentido. No es hacer capas por hacer capas, pues cada una tiene que contar algo. Yo trato de buscar eso. Es una tarea muy difícil. Hay que hacer un constante trabajo del ojo y de tu cultura visual para poder llegar a esos resultados. No considero que domine al cien por ciento este tipo de fotografía, aunque de vez en cuando sale un tiro interesante. La fotografía de calle es de 99 por ciento fallar, como diría Alex Webb. Llegué a esta fotografía fallando y redescubriéndome. Ya no me gusta tanto ir a donde haya mucha pose. Me gusta ir a donde hay imágenes que tengan que ver con la calle. Mi manera de ver ahora ha evolucionado a capas y reflejos.

Pável Vélez, fotógrafo mexicano
Pável Vélez, fotógrafo mexicano / Foto: Diego Torres Pantin

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Diego Torres Pantin
Diego Torres Pantin
Fotógrafo y periodista cultural. Licenciado en Artes en la Universidad Central de Venezuela. Me gusta lo rebuscado, lo estético y lo simbólico, quizás porque la vida es más divertida cuando tienes que interpretarla.

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