Predicciones para la política estadounidense en 2025

    En dos ciclos electorales consecutivos, los votantes americanos han votado en busca de estabilidad. En 2020, votaron por Joe Biden para que trajera estabilidad política luego de cuatro caóticos años de Donald Trump y la pandemia de Covid. En 2024, motivados mayormente por la inflación de la cual culpaban a un presidente envejecido que se retiró de la contienda demasiado tarde, votaron por la estabilidad económica. Estos simples preceptos son muchas veces malentendidos por el presidente y el partido triunfantes, quienes suelen confundir las promesas de campaña con la realidad de gobernar, ansiosos por dejar una marca duradera en la historia política del país.

    Durante su mandato, Joe Biden, creyendo que lo había elegido para que se volviera presidente con un fin transformador al estilo de Franklin Delano Roosevelt o Lyndon Johnson, se excedió en el uso del poder ejecutivo para avanzar una agenda regulatoria que le permitiera pasar por alto a un Congreso hostil—por ejemplo, al tratar de eliminar los préstamos estudiantiles—, mientras minimizaba o ignoraba problemas reales en la economía y la política migratoria. Donald Trump, con su característica tendencia a mentir, ha declarado que los votantes lo eligieron para que llevase adelante un mandato contundente, exagerando su margen de victoria, que en realidad es el más pequeño (1.5 por ciento) de los últimos 60 años.

    La primera predicción, entonces, es que Trump va a extralimitarse en su uso del poder y esto va a provocar una reacción adversa entre votantes que quieren soluciones rápidas a la economía, no cuatro años más de rencores políticos y venganzas mezquinas. Trump ni siquiera ha empezado su segundo mandato y ya ha mostrado sus intenciones de gobernar con las mismas tendencias caóticas con que lo hizo antes: desde nombrar a personajes leales como Hegseth o Patel a posiciones claves para las cuales no están capacitados (por suerte varios senadores lograron que Matt Gaetz se retirara de la posición de Fiscal General, antes de que saliera a la luz un reporte muy dañino del comité de ética del Congreso), hasta provocar con declaraciones absurdas como que Canadá se convertiría en el estado 51 si no cerraba sus fronteras o que reconquistaría el canal de Panamá.

    Los aranceles prometidos durante la campaña de Trump, como castigo económico a los países que se nieguen a obedecer sus demandas, no van a poder implementarse en las cantidades excesivas referidas, a saber: 50 por ciento, 100 por ciento y 200 por ciento. La mayor razón es que los aranceles suben precios internos y dañarían de manera inmediata a un consumidor acostumbrado a productos baratos importados y muy sensibles a las variaciones de precio. La oficina de análisis financiero del Congreso ya ha anunciado que los aranceles de Trump reducirían el crecimiento económico y aumentarían la inflación, precisamente lo opuesto a lo que los votantes quieren. Los aranceles, además, fueron poco efectivos en su primer mandato, incumpliendo las promesas de repatriación de trabajos. Por último, estos aranceles excesivos constituyen una guerra económica contra tres países claves para el comercio estadounidense y violarían el tratado USMCA (firmado por el mismo Trump en el 2020), lo que traería demandas judiciales por parte de las empresas perjudicadas.

    La promesa de deportaciones en masa de emigrantes indocumentados también resulta muy difícil, si no imposible de cumplir, dado el coste y las consecuencias económicas de una operación de ese tipo. En dependencia de la cantidad de personas a deportar, el coste se estima entre 300 y 900 billones de dólares, una cifra tan astronómica que representaría más de cuatro veces el presupuesto del ejército norteamericano, ya de por sí el más grande del mundo. Solo a manera de ejemplo: los presos y detenidos en todas las cárceles de Estados Unidos suman dos millones de personas, y construir campos de detención para el 25 por ciento de los indocumentados ya significaría más del doble del número de reclusos. No debe extrañarnos que Tom Homan, designado por Trump para llevar a cabo la operación, ha dado hasta ahora respuestas vagas cuando le han preguntado de dónde vendría el presupuesto para esta estrategia.

    Luego habría que añadir el costo económico de remover millones de personas que, indocumentados o no, son claves para la actividad económica interna. Dos terceras partes de los indocumentados han vivido y trabajado en el país por más de una década. Contrario a lo que creen muchas personas, los indocumentados sí pagan impuestos: casi 100 billones de dólares en 2022. Esta cifra, incluso con lo alta que es, palidece si la comparamos con los 250 billones de dólares que los indocumentados gastan en productos y servicios y con los 1.6 trillones de dólares que generan en actividad laboral.

    También podemos predecir el fracaso de la pseudo-agencia DOGE, encabezada por Elon Musk y Vivek Rasmawany, quienes pretenden eliminar dos trillones de dólares del presupuesto estadounidenses, con ideas tan subversivas como imposibles: eliminar agencias enteras incluyendo al IRS, desmontar la Reserva Federal, privatizar el servicio de Correos y eliminar un sinnúmero de programas menores. Estas iniciativas, y otras que han lanzado Musk y Ramaswany, no alcanzarían ni el 20 por ciento de sus objetivos por una razón muy simple. Aun si dejaran al gobierno federal con un mínimo de recursos, el 60 por ciento del presupuesto va dirigido hacia los gastos de defensa y los pagos de Social Security y Medicare. Trump ha prometido no tocar estos programas, pero si se retractara, los gastos de defensa son cuasi sagrados en Estados Unidos. A su vez, cortar el Social Security o el Medicare supondría un suicidio político, ganándose el rechazo del 80 por ciento y el 67 por ciento de los ciudadanos, respectivamente. La estructura de DOGE, entendida como una «agencia de recomendaciones» fuera del gobierno y sin autoridad para ejecutar ninguno de estos recortes, indica que se trata más bien un ejercicio populista sin esperanzas de efectividad. Aquí valdría otra predicción: Trump va a distanciarse de Elon Musk tan pronto como le resulte conveniente y va a culparlo del fracaso de tales promesas insostenibles.

    Estos tres temas, los aranceles, la deportación y los recortes drásticos al gobierno, fueron las mayores promesas de la campaña de Trump. Notablemente, ejecutar los tres golpearía muy duro a la economía a corto plazo (el mismo Elon Musk lo ha admitido). Si Trump quiere tener un mandato efectivo, tendrá que aceptar la estabilidad como un objetivo más modesto: continuar el crecimiento económico, ajustar la inflación y estabilizar la emigración. Si, por el contrario, decide creer que tiene carta blanca para echar adelante sus promesas, encontrará una dura oposición dentro del gobierno, en el Congreso (aunque esté dominado por los republicanos), en las cortes y en los votantes de las elecciones intermedias de 2022.

    Newsletter

    Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

    Te puede interesar

    Ada Ferrer: «La Patria debe ayudar a dar vida»

    Ada Ferrer, historiadora cubanoamericana ganadora del Pulitzer, publica ahora Keeper...

    Cuba no es La Habana Vieja

    Existen muchas formas de ser cubano y la mayoría no encajan en los estereotipos que abunda en los medios y las redes sociales. 

    ¿A quién le interesa la reconstrucción de Cuba?

    No conviene reconstruir Cuba. No porque sea costosa, dígase...

    El fantasma autoritario en una Cuba poscastrista

    El enemigo de mi enemigo rara vez es mi aliado; sobre todo, en política. Un escenario transicional que no garantice la soberanía y, en cambio, priorice intereses trasnochados como el anexionismo o el servilismo a las políticas de gobiernos extranjeros, significaría dar marcha atrás al calendario cientos de años y repetir nefastos procesos.

    La desesperanza se volvió costumbre

    Esta última crisis a veces se fecha desde diciembre, cuando la Marina estadounidense cercó Venezuela, luego capturó a Nicolás Maduro y anunció sanciones contra cualquier país que suministrara combustible a Cuba. Históricamente, la isla ha dependido del combustible extranjero a precios asequibles para sobrevivir. Esta última medida fue, sin dudas, la gota que vino a colmar un vaso que llevaba rebosando demasiado tiempo. Pero la historia no empezó con el regreso al poder de Donald Trump.

    Apoya nuestro trabajo

    El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
    Puedes contribuir a la revista aquí.
    Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: revistaelestornudo@gmail.com

    Artículos relacionados

    Toda la libertad para una isla secuestrada

    La lucha por una Cuba sin dictadura no puede aislarse del paso que dicta el mundo contemporáneo. Tantas décadas de castrismo y de cubanocentrismo han fomentado cierta idea de la exclusividad. Tanto la redundancia triunfalista del régimen como el victimismo conveniente de parte de la oposición han creado la idea de que Cuba y su gente son el rojo en la diana.

    «Incapaz de ejercer las facultades y deberes de su cargo»

    La realidad es que en el sistema político norteamericano es prácticamente imposible quitar al presidente de su cargo. No existen, como sí en otras democracias, los votos de (no) confianza, la sustitución parlamentaria o el referendo popular.

    La milla peligrosa

    Un escalofrío le recorrió el espinazo al advertir que...

    Una Alternativa nicaragüense al imperialismo y la dictadura 

    «El proyecto surge como necesidad frente a años de ausencia dentro de la juventud de alguna organización política enfocada en la construcción de un partido de oposición revolucionaria».

    2 COMENTARIOS

    1. If there’s one thing we’ve learned over the past few years, it’s that making political predictions is like trying to read tea leaves during a hurricane—things change fast, and the unexpected always happens.

      One of the biggest takeaways for me is how much polarization continues to shape everything. The U.S. political landscape isn’t just divided—it’s deeply entrenched, making compromise feel nearly impossible. The article does a great job of analyzing how different factions within parties are influencing policy and elections, sometimes even more than the leadership itself.

      Another interesting point is how external factors—like global conflicts, economic shifts, and immigration policy—can completely reshape the political conversation overnight. We’ve seen it happen before, and with another election cycle coming up, there’s no doubt that new surprises will keep changing the game.

      At the end of the day, U.S. politics is anything but predictable. This article is a great reminder that no matter how much we try to anticipate what’s next, the reality is often wilder than anything we could have imagined. Buckle up, because the next chapter is bound to be chaotic.

    2. It’s not often you come across political predictions that are this thoughtful, nuanced, and willing to admit that, hey—sometimes things don’t go the way anyone expects. I liked that the writer didn’t try to sound like a know-it-all or make over-the-top forecasts. Instead, it felt more like a grounded analysis of where things might go based on current trends and deeper social undercurrents.

      What really stood out to me was how the piece connected the political climate to broader cultural shifts. The idea that the U.S. is entering an era defined less by party loyalty and more by identity, emotion, and media influence felt really spot-on. You can see it play out every day—on social media, in protests, even in local elections.

      Also, the mention of Latin America’s influence on how outsiders interpret U.S. politics was a nice touch. It’s always good to be reminded that the rest of the world is watching—and analyzing—what’s happening here, sometimes with sharper clarity than we give credit for.

      Whether or not all the predictions come true, this was a thoughtful, engaging read that got me thinking. Politics is messy, but articles like this make it feel a bit more human.

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí