Otra vez un libro de Padura quedó en manos de quienes estuvieron dispuestos a batirse por agarrar un ejemplar. No pocos se escandalizaron al ver que costaba 120 pesos.
Yuli está concebida para recorrer el mundo y no para desmenuzar cabezas de quienes no merecen el odio de un triunfador como Carlos Acosta, alguien que acarició el milagro profano de encarnar y obsequiarse una egoterapia en su país.
El desacato “apolítico” se instaló en la Nueva Cuba para quedarse y predominar. ¿Será el reguetón más indecente o tramposo que la política? Algo con lo que flirteamos inescrupulosamente, más allá de la eticidad o los buenos modales.
La familia simbólica del arte cubano contemporáneo constituye una red de micro-poderes subordinada al macro-poder de la política cultural diseñada por la revolución.