Luis Manuel Otero Alcántara, quien ha encabezado las huelgas de hambre de más alcance dentro de la isla en los tiempos recientes, es un fanático de los mariscos. El cubano que voluntariamente más hambre ha pasado este año dirá que prefiere la langosta, el pulpo y los camarones. La persona que más nos ha dicho que está dispuesto a morir no quiere en realidad morir. El joven que probablemente más ha hecho en la Cuba última, quiere verse caminando las calles de Nueva York o Londres. El hombre que nos ha parecido un héroe no es un héroe. Pero, más allá de eso, el hombre que nos ha parecido un líder no es el líder. «Creo que una de las cosas que tenemos que aprender todos, todas y todes es a cambiar la narrativa», me dice en esta entrevista que le hice después de su última huelga de hambre en libertad y antes de su última detención. ¿Qué tiempo es aquel que transcurre entre el final de una huelga y el inicio de una detención, si es que transcurre?

Digo huelga en libertad porque hace unos días Otero Alcántara —elegido en agosto por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo— habría concluido una huelga de hambre de dos semanas en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, un pequeño municipio a las afueras de La Habana al que lo llevaron luego de manifestarse en las protestas populares que estallaron en todo el país el pasado 11 de julio. La primera ronda de preguntas de esta entrevista, el artista independiente pudo contestarlas sin contratiempos. En ese entonces aún estaba preso el rapero Denis Solís, por quien se realizó la huelga de hambre de los Acuartelados de San Isidro. La segunda ronda de preguntas Otero Alcántara no las alcanzó a ver, quedaron congeladas en su mensajería de Whatsapp, mientras él pasa los días en un calabozo.

Carla Gloria Colomé: ¿Por qué inicias una huelga si sabes que en algún momento va a entrar la Seguridad del Estado a interrumpirla y, además, la vas a interrumpir incluso cuando no se han cumplido tus demandas?

Luis Manuel Otero: Ahora mismo estamos hablando de que supuestamente el Estado va a impedir que yo muera, pero el Estado ha dejado morir a otras personas, y que el Estado no te deje morir es un ejercicio de victoria.

Al final una huelga de hambre y de sed no es para morirte. Si tú quieres morirte, te das candela o un sogazo afuera del Capitolio. Eso es querer morirse. Cuando tú haces una huelga no es porque quieres morirte, es porque tu das la opción al decisor de reconocer su error. La huelga no solamente es para el régimen, la huelga también es para la gente. Si tú dices que me quieres a mí de verdad, y que yo soy lo que soy, tú también tienes que movilizarse para salvarme o para que se mueva la cosa.

Tú nunca sabes lo que te pueda pasar, la gente dice: «Ah, una huelga de hambre, tú no te vas a morir». ¿Y cómo sabes que yo no me voy a morir? ¿Cómo sabes que el régimen va a entrar en un momento determinado? ¿Cómo sabes que el régimen no va a entrar demasiado tarde?

¿Y por qué es la huelga de hambre el gesto al que has acudido cuando sueles estar más al tope de las injusticias del gobierno cubano?

Para mí, primero que todo la huelga de hambre no es algo que me pasa por la cabeza, como cuando voy a dibujar o a pintar o a hacer una escultura. Es diferente. La primera vez que yo estuve sin comer tres días, fue en 2017, cuando me detuvieron en la prisión de Cuba y Chacón. Estuve tres días sin comer y sin tomar agua, y en ese momento no fue muy estruendoso, pero era un ejercicio de resistencia. Yo dije: «Bueno, voy a estar sin comer y sin tomar agua porque esto es una injusticia de ellos hacia mí». Cuando yo hago la huelga verdaderamente grande, que es la de los acuartelados de San Isidro, fue para que no nos sacaran de allá adentro, porque nosotros estábamos acuartelados dentro de mi casa y nos impidieron entrar comida. Entonces dije: «Yo, que estoy puesto, no voy a comer», y ahí es cuando nos plantamos todos. A eso se llegó por esa decisión y la huelga de hambre y sed se volvió una herramienta de lucha, una herramienta de exigencia.

Ya después, esta última huelga de hambre y de sed, que creo que es la primera vez que yo hago algo así por mí mismo, sí está asociada a procesos físicos y mentales y de resistencia contra el régimen cubano. Yo estaba tranquilo, pintando, con mi garrote vil, en mi película dentro de mi casa, un espacio que supuestamente ellos habían dicho que era impenetrable, que si yo me mantenía adentro, no iba a pasar nada. Ellos rompen eso, entran a mi casa, me destrozan mis obras y luego me impiden que yo tenga mis ejercicios cívicos y sociales de ciudadano y de artista de ir a reclamar por mis obras. Eso me lo impiden durante una semana. A la semana y un día me meten este pase de los dos presidiarios y es cuando digo: «Mi hermano, ya tú puedes hacer lo que quieras a la hora que quieras». Por lo tanto, mi ejercicio de resistencia tiene que pasar a lo último que tengo como recurso, que es la vida.

Se trata de cómo ser capaz entonces de empujar a un régimen hacia estar dispuesto o no a que te mueras. De hecho, no sé si fue casualidad o hubo cierta planificación inconsciente, pero mi obra del garrote vil hablaba también de eso. Si tú quieres salir de mí, bueno, aprieta el garrote vil, ¿entiendes? Al final ellos no me dejaron morir, me llevaron para el hospital. Cuando realmente pones tu vida en juego es cuando la gente empieza a valorar el amor que tú le tienes a las cosas, el amor que le tienes a la familia. La decisión de hacer una huelga por mis obras no es una decisión que necesite filosofía de Kant ni necesite un nivel de análisis profundo o científico. Es básico. Hay una injusticia ahí, porque tú no tienes que entrar a mi casa, o debías mantener esas obras en buen estado, a esas obras no les podía faltar ni un pedacito. Yo no quiero morirme, y si yo me muero, eso es un asesinato, no es un suicidio. El Estado cubano tiene que reconocer que se equivocó como cualquier Estado en el mundo y devolver mis obras o indemnizarme por mis obras. Por lo tanto, cuando tú no me dejas hacer eso y yo tengo que apelar a la justicia, te pongo mi vida en las manos y tú decides si vas a dejar que esa vida se pierda o reconoces tu error.

Entonces estas huelgas las haces incluso con la conciencia de saber que no te van a dejar morir.

Claro que sí. Te voy a decir algo, yo tenía miedo. Durante la última huelga yo tenía miedo de morirme, lo que pasa es que yo estaba decidido. Yo tenía mucho miedo a morirme, estaba en ese estado donde tu sientes que te duele todo ya. Es como una gran resaca que se transforma en otra cosa, en ese momento dices: «Cojones, te vas a morir». Y te empiezan a pasar cosas por la cabeza. Tu sabe que el régimen puede entrar, pero no es seguro que el régimen pueda entrar. Inclusive, cuando pueda entrar el régimen, al cabo del séptimo u octavo día, te puede dar un paro cardiaco y quedarte ahí mismo. Ellos pueden entrar tarde y entonces es como una especie de ruleta rusa y uno nunca cuenta con que el Estado cubano vaya a entrar. De hecho, a mí me cogen dentro de mi casa porque yo no podía moverme, porque yo me he prometido a mí mismo que el día que yo vuelva a hacer huelga, que yo llegue a ese estado y haga una huelga de verdad y me le pueda escapar al régimen, es para meterme en una cueva y que el régimen no sepa dónde yo estoy y ahí me piro. Pero no es el régimen, es todos, todos, todos, todos los que no se mueven, los que no hacen nada. Cuando vuelva a pasar algo como eso, voy a tratar de que sea en un lugar donde no me encuentre nadie. Yo buscaré un mecanismo, no sé, tendrán que decir en Radio Reloj lo que yo estoy pidiendo, cosas así, de lo contrario es por gusto.

La gente, los comentaristas estos de Facebook pueden decir lo que piensan o cada quien puede pensar lo que quiera, pero el régimen, que es con quien uno verdaderamente está en esta gran batalla, sabe la dimensión que tiene uno y sabe para lo que uno está. Entonces sí, uno hace una huelga a pesar de que sepa que ellos van a entrar. Pero no es que tú entras y yo voy a romper la huelga, no, no, es para dónde vamos, es a ver qué se hace después, porque todavía uno sigue ahí con el espíritu ese de muerte hasta que ya llega un momento en que eso empieza a perder sentido porque no te van a dejar morir, te van a meter comida por la boca. En ese momento la huelga se transforma en otros espacios de victoria, en otros espacios de realidad. A pesar de todo eso uno empieza a transformar las victorias y a transformar los objetivos.

Luis Manuel Otero / Foto: Ányelo Troya

Hay al menos unos 16 casos documentados de presos políticos que han muerto en huelga de hambre, quizás los más conocidos sean Orlando Zapata, o casos más recientes como Yosvany Aróstegui, o Lázaro Abreu Godínez, o el caso del joven de 35 años que murió en huelga el pasado mes de mayo. Tus huelgas de hambre, probablemente, son las más mediáticas entre todas estas, ¿no te cuestionas en algún punto hacer huelga de hambre en una Cuba en la que hay hay gente que de verdad termina en la muerte?

No me cuestiono la huelga porque al final, te sigo diciendo, esa gente, toda esa gente que estaba ahí no estaba haciendo una huelga de hambre para morirse, estaban haciendo una huelga de hambre para exigir algo y el Estado cubano los dejó morir. A mí también pueden dejarme morir, por gusto el Estado cubano no entra a mi casa. Cuando ellos entran y rompen la puerta y me llevan y me tienen veintipico de días en el hospital, el Estado cubano sabe contra lo que está peleando. Entonces nada, uno no hace una huelga de hambre y de sed para morirse, uno hace una huelga de hambre y de sed porque es el último recurso que te dejan y donde tú pones tu vida en esa balanza. Como le dije a una enfermera: «Esto no es un suicidio, esto es un asesinato de ellos, porque yo lo que estoy pidiendo es mi derecho legítimo como ciudadano».

Has hecho dos grandes huelgas de hambre y las dos, por la fuerza o por factores externos, has terminado interrumpiéndolas. Si tu disposición era empezar con una huelga y terminarla en la medida en que se cumplen las demandas, las cuales nunca se han cumplido, y has dicho que de no cumplirse prefieres la muerte, ¿por qué entonces no sigues con las huelgas luego de que sales del hospital?

La huelga en la que me llevaron al hospital Fajardo es una, y en la que me llevaron al hospital Calixto García es otra. Cuando la huelga del Fajardo, a mí me sacaron de mi casa y no me llevaron para el hospital directo, me llevaron para la casa de Katherine Bisquet. Ahí me digo: «Yo no tengo que estar en casa de Katherine, yo tengo que ir para mi casa». Hay que analizar que todo se va transformando en la medida de las decisiones que tome la Seguridad del Estado. Yo nunca he llegado al octavo o el noveno día en huelga, pero eso es como «ahí viene el lobo, ahí viene el lobo», hasta un día que viene el lobo de verdad y te fuiste del parque.

La gente dice: «Ay, bueno, Luis Manuel no se va a morir nada». Veremos. Igual no lo hago para que la gente diga: «Ay, pobrecito Luis Manuel». Cada quien tiene que salir a la calle y tiene que hacer más allá de que Luis Manuel se muera. ¿Tú te imaginas que la gente solamente haga cuando Luis Manuel esté en crisis? Imagínate que yo salí una semana entera a reclamar por mis obras rotas y muy pocos se solidarizaron. Entonces cuando te pones a morir, cuando pones el cuerpo, cuando el régimen te mete cuatro patadas por culo, es cuando la gente reacciona. La gente tiene que tener una dimensión de la catástrofe o del sensacionalismo para reaccionar. Por suerte funciona.

Al hospital Fajardo yo llegué y el primer día seguía en huelga de hambre. Había suspendido la huelga de sed estando en mi casa por cuestiones también muy particulares de esa huelga. Yo estaba en mi casa, imagínate que la gente me escribía, jóvenes me escribían para que suspendiera la huelga de sed, y ahí es cuando uno en su proceso personal empieza a resignificar cosas, porque una de las cosas por las que nosotros hicimos la primera huelga de hambre y de sed era porque Cuba no se movía. Estábamos ahí dentro, presos, y todo el mundo mirando Netflix, todo el mundo que si solidaridad, pero verdaderamente Cuba no se movía, la Cuba de adentro y la Cuba de afuera. Ya cuando empezamos a plantarnos y a poner nuestras vidas al límite empezó toda la solidaridad internacional, montón de gente plantándose afuera de las embajadas y aquí adentro también la gente a moverse, a hacer cosas. Entonces la gente necesita el sensacionalismo, necesita muerte, necesita que otros se pongan al límite para creer en eso.

Indiscutiblemente, te sigo diciendo, todo tiene que ir mutando, nada debe ser rígido en la vida, y ahí es cuando empiezo a tomar agua porque me doy cuenta de que ya las cosas estaban pasando, se estaban moviendo. Yo empecé a tomar agua, era el último que faltaba también por tomar agua, no iba a ser yo el macho sin tomar agua cuando las cosas estaban pasando. De hecho, llegó el 27 de noviembre, a mí me meten como el 26 para hospital, del 27 yo no sé nada, y sigo en huelga de hambre hasta que llega mi tío y me dice lo que pasó afuera, que había como desorden, que había gente fajada, y yo digo: «Bueno, yo tengo que estar en las calles porque eso va a significar mucho más». Organizar todo eso que está pasando ahora mismo va a significar mucho más que seguir en huelga de hambre. Ahí es donde se sobredimensiona todo. Denis Solís sigue siendo una preocupación en ese preciso instante, pero hay un objetivo superior que es organizar todo eso que se había generado: 27 de noviembre, Movimiento San Isidro con todo lo que significaba, y ahí es cuando uno dice: «Mira, hay que tumbar la dictadura no solo por Denis Solís, sino para que no pasen más cosas como la de Denis y las de los demás presos políticos».

Ahora, la del Calixto García tiene su particularidad, yo estoy preso allá adentro y hay un momento donde me dicen: «no te vamos a dejar morir». Entonces tú dices: «Mira, voy a estar fajado con ustedes bulto de tiempo, voy a estar aquí super conectado montonsón de tiempo hasta que ustedes den una respuesta, porque el que yo esté en el hospital significa que tienes que darle respuesta a un montón de gente».

Hablando de las estancias que has tenido en los hospitales Fajardo y Calixto García, ¿no sientes también que tienes un trato diferenciado? El hospital incluso informa en las redes sobre tu situación médica, cuándo entras o sales de un hospital. Incluso hay una diferencia respecto a los otros presos políticos. ¿Cómo ves esto?

Por supuesto que mi trato va a ser diferenciado, pero mi trato es diferenciado en el Calixto García, es diferenciado en una estación de policía, mi trato es diferenciado ante un juez. Por supuesto que vives en una dictadura y usted es un político, usted es un activista y todo va a ser diferenciado contigo positivo o negativamente. Imaginate que hay gente que se muere y pasan horas, y mi mamá se murió y en veinte minutos todo estaba resuelto, al momento la cremaron, claro que hay una atención diferenciada porque estamos en un proceso, un conflicto político, eso pasa aquí y pasa en cualquier realidad del mundo.

Has dicho, luego de que te liberaran del Calixto García, que separas la política del potencial profesional y humano de los médicos que te atendieron. Pero sabemos que hay un punto en Cuba en que nada está separado. Si bien es cierto que uno debe mirar el factor humano, también es cierto que todas tus acciones y gestos son muy simbólicos, y resulta difícil para muchos comprender que un día te secuestren en tu casa, te desaparezcan en el Calixto García, y luego salgas en un video demacrado y arreglándole la camisa a un médico, que sabemos que es una persona más allá de todo, pero ese tipo de mensajes son también con los que el régimen trata de lavarse el rostro. ¿Qué crees de esto? Incluso algunos de tus amigos, cuando vieron el video, decían que ese no era Luis Manuel, que algo había pasado contigo.

Yo le arreglo el cuello al médico porque delante de mí hay un ser humano. Si ahora mismo delante de mí hay un seguroso, yo puedo generar empatía con el seguroso. De hecho, con algunos segurosos he generado algún tipo de empatía y nos hemos dado la mano, tú me ves cómo yo boncheo, y eso no significa que yo no lo mire con carácter después a ese mismo seguroso o que haya algún seguroso que no soporte. Pero indiscutiblemente tenemos que ser capaces de construir nuestras propias narrativas. Yo vi a un médico delante de mí y no a un seguroso. Yo sabía que todo lo que estaba pasando allí era monitoreado por la Seguridad de Estado y que lo propiciaba la Seguridad del Estado y que el tratamiento, bien o mal, era una decisión de la Seguridad del Estado.

En ese momento en que yo le estoy arreglando la camisa al médico yo quería comunicarme con la gente, con mis amigos. Mis amigos estaban preocupados de verdad más allá de la política, más allá de los youtubers, los influencers y todo el chanchullo. Había amigos míos que tenían que verme vivo, porque indiscutiblemente en este país te matan y tú no puedes enviar un mensaje de abajo la dictadura en un video porque sabes que eso no lo van a subir. Repito, estamos aprendiendo también cómo construir nuevas narrativas, ese médico que estaba allí también tiene hijos y tiene sobrinos, tiene cosas que le preocupan. Incluso le preocupa lo que pueda pasar mañana y ahí es una cosa interesante, ese médico ya ve también en el futuro de Cuba un cambio, y tenía miedo de ser uno de los represores de Luis Manuel Otero. Eso sí lo vi, indiscutiblemente.

Todas las dictaduras también tienen cosas dentro que son humanas y la propia dictadura atenta contra eso. Es lo que nos hace separarnos de la gente, separarnos del médico que también es un negro, que también está machucado, que también se monta en un transporte público. Yo soy ese tipo que le arregla la camisa al seguroso, le arreglo la camisa a un médico, le arreglo la camisa a Trump, al que se me ponga delante yo con carácter genero empatía, me voy a reír y voy a seguir empujando para adelante con mi manera afable y con mi talla porque no tengo la capacidad de odiar, no la tengo.

No pocas son las especulaciones que se generan en torno no tanto a tus huelgas de hambre, sino de sed. En la primera de las huelgas fueron, si mal no recuerdo, unos seis días sin tomar agua, en la segunda unos ocho. Casi todas las fuentes especializadas aseguran que una persona puede estar de tres a cinco, máximo unos seis días sin beber agua. A partir de un determinado momento, el cuerpo sería incapaz de realizar sus funciones básicas. Supimos por tu tío Enix Berrío que en la última estabas muy débil, sin apenas sostenerte en pie, sin orinar ni hablar y con la garganta inflamada. A muchos les genera dudas de que realmente se esté haciendo una huelga de sed, pues parece humanamente imposible. ¿Qué tendrías para decirnos de esto?

Sobre la credibilidad de la huelga de hambre y de sed, el régimen, por ejemplo, también a veces me ha dicho: «No, tú no has hecho huelga de hambre y de sed», y yo le he dicho: «Okey, yo no hago la huelga de hambre y de sed para la gente, para que la gente lo crea o para que la gente no lo crea. Yo hago huelga de hambre y de sed para mí y por mí». De hecho, esta vez yo estaba solo en mi casa sin nadie, yo podía haber tomado toda el agua del mundo y haber comido toda la comida del mundo. El régimen podía haber filmado eso si fuera así, el régimen podía haber filmado todo eso y haberlo sacado, y el régimen entró, rompió la puerta y me sacó hacia un hospital. Eso es lo que tengo para decir sobre ese tema. El régimen no me dejó morir y estuve un mes en un hospital. Yo una vez más les digo: «Yo hago las huelgas hambre y de sed para mí, yo salgo a la calle por mí, yo hago todo lo que hago para mí y para sentirme bien yo». Yo no soy un político, yo soy un tipo sencillo que con su flow todo lo rima.

Me atrevería a decir que tus huelgas han tenido siempre demandas grandilocuentes. Por ejemplo, dijiste que solo abandonarías la primera huelga cuando quitaran las tiendas en MLC, cuando te devolvieran el dinero robado a una vecina que fue a comprar alimentos para los acuartelados, y cuando liberaran a Denis Solís. En la segunda, tus demandas eran el respeto a los derechos ciudadanos y civiles, poder salir de tu casa sin ser vigilado o detenido, la devolución de tus obras destruidas y confiscadas y una indemnización de 500 mil dólares por el robo y la destrucción de las obras. Ninguna demanda se cumplió. ¿No te parecen demandas que de antemano sabes que el gobierno no va a cumplir?

Nosotros llegamos a la primera huelga impulsados porque el régimen nos quitó la comida, no dejaba entrar comida y entramos en una huelga de hambre y de sed. Pero indiscutiblemente lo más importante era la inamovilidad de un pueblo. Hay un nivel de inamovilidad gigante dentro y fuera de Cuba y la gente cree que la responsabilidad del cambio en Cuba es solamente de la oposición o de los activistas. Cuando pedimos el cierre de las tiendas en MLC era para conectar con el barrio. Queríamos volverlo algo mucho más social, mucho más cívico, que no fuera solamente por Denis Solís, que si nos iba a pasar algo y nos íbamos a morir, que significara algo más que eso. Si yo veo que me estoy acercando la muerte, te voy a pedir otra cosa, en este caso lo de las tiendas en MLC, para comunicar con  la gente, porque alguien que se ve en Cienfuegos o en Holguín o en Camaguey o en Granma no entiende quién cojones es Denis Solís, pero cuando tú le dices que la huelga de hambre y de sed es por las tiendas en MLC, la gente dice: «Coño, esto es por mí también, la libertad de Denis Solís también es mi libertad», porque ese es uno de los problemas que tiene la oposición, el activismo y la sociedad civil, que se incomunican.

Si yo al gobierno cubano le digo que me devuelvan mis obras, no es algo grandilocuente a nivel legal. Y eso era lo más fácil que el gobierno pudo haber dado. De hecho, en el hospital el régimen me dijo: «Te vamos a devolver las obras», pero no para que estuviera especulando de que yo era el caballo, el salvaje, el que había ganado, y que ellos son unos mongos. No, porque no lo van permitir. De hecho, ese era el diálogo, que no me iban a permitir que les ganara una batalla más o que me vanaglorie de otra batalla. Y eso es algo privado que tenemos aquí y que tú lo puedes poner. A nivel legal ellos cometieron el peor error de su vida, que fue romper mis obras. Entonces mis demandas no son grandilocuentes, mis demandas son lógicas.

Cuando yo hablo de 500 mil dólares, por supuesto que no es simbólico, es real, el dinero real, yo quiero que me paguen eso. Y ya el gobierno lo pagará o no, eso lo puede decidir el poder. Yo ahora mismo voy a presentar una demanda legal. Si mis obras las rompieron, yo quiero mis 500 mil dólares de indemnización, es lo que vale mi obra verdaderamente, la obra vale eso le guste o no la gente. Yo quiero mi dinero, es mío y haré lo que quiera con él, arreglaré San Isidro, arreglaré mi casa, compraré el champú, comparé pollo, pero eso es lo que vale mi obra. Ahora mismo, si un coleccionista quiere comprar esa obra, vale 500 mil dólares.

También se normaliza y se banaliza el tema de que me rompieron cuatro pinturitas. A veces no nos damos cuenta de que hay violencia silenciosa, que nos afecta a todos, a un país entero. Es como decir: «Ah, pero en Colombia matan a los periodistas». Sí, pero en Cuba los periodistas todos están muertos porque les cortaron desde el principio la posibilidad de ser periodistas. Más que la demanda como demanda, mi vida costaba eso. Yo estaba listo, y después, durante la huelga, yo decidí también por mí mismo retornar o moverme o darme cuenta de otra victoria, otro punto de vista, otra experiencia. Por ejemplo, los artistas que quitaron sus obras del museo de Bellas Artes, eso fue un palo por la cara al régimen.

Luis Manuel Otero / Foto: Ányelo Troya

A muchos les queda la sensación, cuando han acabado esas huelgas, de que no sucede nada. Tú mismo pasas días desgastándote física y mentalmente y al menos las demandas concretas el gobierno no las cumple. Digo de manera concreta porque ya hay un sentimiento que el Movimiento San Isidro ha despertado en muchos cubanos y que es irreversible.

Primero que todo hay que separar la realidad y mirar quiénes son los que pueden decir que no pasa nada. Claro, los intelectuales, los tipos que piensan o las tres las personas que lo que dicen es que no acaba de haber un golpe de estado, no acaba de haber una ruptura, no acaba de haber tres mil o cuatro mil personas en las calles. Ahí tú dices: «Mi hermano, ven acá, y qué estás haciendo tú». En la concreta, qué estás haciendo tú más allá de la solidaridad por mí. Porque al final esto no se trata de solidaridad por mí, de que «ay, suelten al Luisma, suelten al Luisma». No, es sobre qué estás haciendo tú verdaderamente por ese cambio.

Lo que ha pasado ahora mismo no ha sido casualidad, ha sido el trabajo de cuatro o cinco años, ¿entiendes? Los del 27N son los mismos chamaquitos del 349 que querían negociar, que querían dialogar, y son los chamaquitos que ahora mismo ya son adultos y han dado el berro de pinga. Porque Anamely Ramos estuvo en el Ministerio de Cultura y creía que verdaderamente si se callaban, y estaban tranquilos, el régimen iba a ser bueno e iba a dialogar con todos. Julio Llópiz también, Camila Lobón también, Henry Eric también, el Chino Novo también, Leandro Feal también. Toda esa gente ha sufrido evoluciones y metamorfosis y se han convertido en seres políticos serios, con carácter ante el régimen. Lo que pasa es que es muy difícil autoanalizarnos o decir: «Yo soy una persona gracias a esto». Nosotros hemos logrado mover a los intelectuales en Cuba, cuando los intelectuales y los artistas llevan sesenta años metidos debajo de una piedra. El 27 de noviembre no vino de la nada, eso es un trabajo desde el 349, la Bienal 00, el Museo de la Disidencia. Entonces sí pasa, lo que sucede es que hay que estar reinventándose constantemente.

Al final lo interesante de todo es la plataforma que se está generando. Te sigo diciendo, hace tres años atrás yo era un negrito de El Cerro y mucha gente ni siquiera me descargaba. Cuando el Museo de la Disidencia, un montón de gente me daba de lado, un montón de gente me veía apestoso, bulto de gente que ahora mismo son mis grandes amigos, yo los amo, los quiero, nos amamos y nos queremos, pero hace cuatro o cinco años me subestimaban. A Amaury Pacheco igual, a Iris Ruiz. De hecho, la gente decía que el 349 no se iba a cambiar, gente inclusive dentro del mismo movimiento San Isidro, gente que son mis hermanos decían que no se iba a cambiar el 349, que eso era una campaña más y pasó. Entonces yo creo que la gente tiene que cambiarle los cristales a los espejuelos para poder ver y embarrarse del polvo. Cuando tú caminas por las calles te das cuenta si está cambiando la realidado o no. Por supuesto que desde un apartamento en Miramar o un McDonald en Nueva York nadie lo ve.

Si no hubiera habido huelga, tú no supieras quién es Denis Solís, ni estuviéramos hablando ahora mismo de Denis Solís, ni nadie en el mundo estaría hablando de Denis Solís. Aquella campaña funcionó para que el nombre de Denis Solís estuviera puesto en un montón de lugares. Si nosotros no estuviéramos trabajando y estuviéramos echándonos aire en los cojones y viviendo de lo que hemos hecho y haciendo un proyectico, haciendo otro proyectico, y haciendo cuatro post de liberen a Denis Solís, cuatro campañitas o un conciertico, el régimen no entrara a mi casa a robar a mis obras. Nosotros estamos moviendo la realidad cubana en una dirección que no es ya solo por Denis Solís o Esteban Rodríguez, es para que no haya más un preso político en este país.

Luisma, los que te siguen están acostumbrados a oír de ti frases contundentes con las que congregas a mucha gente. No obstante, en los últimos tiempos, en que te has vuelto muy visible y quizás el cubano más popular, si podríamos así decirlo, se te ha escuchado decir cosas como «no voy a deponer la huelga de hambre y sed. Prefiero morir», «les doy 24 horas para que dimitan o me voy para las calles» (a los funcionarios del Ministerio de Cultura), o cuando te robaron las obras exigiste una disculpa pública directa de Díaz-Canel. Sin embargo, han terminado las huelgas sin cumplirse las demandas y estás vivo, los ministros no dimitieron en 24 horas, no seguiste yendo diario al Capitolio, y Díaz-Canel no se ha disculpado.

Yo soy lo que soy. A mí muchas veces me han puesto como el tipo duro, el tipo macho, me han querido llevar a esa dimensión, y esos son los estereotipos de los que está formado este país. Maceo, de pinga, un tipo intransigente, el tipo que no se equivoca. Fidel Castro, el tipo que tampoco se equivoca, el tipo macho que no cede, que no dialoga, que no es hembrita. Por tanto creo que la revolución contemporánea contra el régimen por la democracia tiene que partir también de equivocaciones, de reconocer que nos equivocamos, de reconocer que tú puedes decir ahora mismo una cosa y al otro día modificarlo, porque al final eso es lo que somos como seres humanos.

Pero, en este caso, con estas frases contundente que me estás diciendo, para mí lo más importante era que hay que ponerle carácter al gobierno, y eso funciona dentro de la psicología de la gente. Cuando Luis Manuel dice «yo no voy a deponer la huelga», yo no la depuse, a mí me inyectaron de pinga, me llevaron para un lugar. Hay que entender el poder que uno tiene y el poder que tiene el otro. Yo no depuse la huelga, ellos entraron a mi casa y me llevaron para un hospital. Ahí entonces tú no depusiste, ahí te obligaron a deponer la huelga. También estamos acostumbrados a las narrativas del macho-macho, macho alfa de pinga y que no se vea otra visión o los matices de la propia realidad que nos rodea.

Tu dices «los que te siguen». Hay que cambiar eso, yo no soy un líder. Está demostrado incluso que Luis Manuel dice para la calle y no sale la gente para la calle. Yo estuve una semana saliendo por mis obras y salieron mis tres amigos. Los demás no salían porque eran obras. Entonces no hay tal liderazgo. La gente tiene que construirse autonarrativas, tienes que salir tú, salir el otro, salir la otra de acuerdo con su narrativa y ver cuánto de impacto tiene una frase grandilocuente en tu cabeza.

Yo no digo que me voy a morir para que la gente crea que me voy a morir o no, yo me voy a morir porque me voy a morir. Yo soy un tipo que hago las cosas de verdad y las cosas de verdad cuando vienen del corazón son las que mueven. Por gusto no me he hecho popular y toda esa historia. No sé si por suerte o por desgracia te vuelves alguien que influye en la gente y la gente tiene necesitad de escucharte para armarse una trama, para armarse una historia. Esto es algo muy personal conmigo, a mí nunca me ha gustado que me condicionen ni que me lleven en una dirección o en otra. Yo hago las cosas cuando yo quiera porque por eso siempre me he definido como artista. Yo no soy el líder de nada, yo soy artista y los artistas hacen lo que les da la gana, como si les da la gana arrancarse los cojones y tirarse del Capitolio.

No me gusta que la gente me redefina ni me esté diciendo lo que tengo que hacer, si me da la gana de vender la bandera y regalarle el dinero a Díaz-Canel ese es mi problema. Si me dicen blandito, «ok, soy un artista blandito», no soy político ni me interesa. Cada quien tiene que hacer lo que quiera, tú haz lo que tú quieras, el otro que haga lo que quiera y que cada cual asumas sus responsabilidades en un momento determinado. A los que dicen que confían en mí, confían en mi ni pinga. Te repito, yo era un negrito apestoso en exposiciones y galerías, que nadie me descargaba y ahora mismo todos son amigos y me adoran. Yo siempre voy a regresar al Capitolio, por las obras, por Denis Solís, por la dimisión del Ministro de Cultura. Yo me pongo para el régimen, ni siquiera para Díaz-Canel, sino para la maquinaria que es el régimen, algo mucho más complejo que un nombre o que un Ministro o dos Ministros.

¿Hay algún punto en que sientes que estás solo en todo esto? ¿O sientes total apoyo? ¿O te gustaría hacer algo más o que la gente hiciera algo más?

Creo que la soledad es un concepto abstracto, uno puede estar rodeado de muchas personas y sentirse solo. Yo no me siento solo, me siento súper vulnerable, por supuesto. Yo sé qué el régimen es capaz de matarte. Oswaldo Payá tenía el mismo apoyo que yo o más apoyo que yo y le pasaron por encima. Entonces no me gusta creerme cosas, no me creo cosas. Yo tengo mi dosis de todo lo bueno y todo lo malo que puede tener un ser humano y con eso voy lidiando. Desde niño siempre me interesaba ser famoso, tener dinero, también ayudar a la gente, y una cosa no se contrapone a la otra. Ser famoso, tener dinero, ser fashion y estar en buenos lugares me da el reconocimiento, y ese reconocimiento me da a la vez poder político, por llamarlo de alguna forma. A la vez, poder incidir en la gente también me da ser fashion.

El ego en este caso contribuye a tener más reconocimiento y más incidencia en la realidad. Yo no tengo ni quiero total apoyo, y siento que hay mucha gente que cree en la obra de uno, que escucha el discurso de uno, que aprenden de uno, que quieren a uno. Yo creo que esto tiene más que ver con la talla afectiva, con el amor, con que la gente ama a uno, con que uno ama a la gente y tiene ese poder también de conectar. No todo el mundo me descarga, por suerte, y ahí es donde uno aprende también, en esa falta de apoyo total es donde uno aprende y donde uno no se siente Fidel Castro, así como todopoderoso, todo lindón, aparte de que no soy así.

¿Qué se siente tener encima el peso de la esperanza de mucha gente? ¿Sientes que la gente te exige? ¿A veces te sientes cansado? ¿Has tenido ganas de dejarlo todo?

Claro que me siento cansado. De hecho, ahora mismo estoy súper cansado en un nivel físico. Yo ayer le estaba comentando a alguien que ahora mismo estoy como un teléfono celular que tiene la batería jodida, que te dura muy poquito. Un teléfono normal en talla te puede durar dos días la batería. Los teléfonos, cuando están jodidos, duran una hora, dos horas, y la primera ahora es cañón de pinga, pero a la hora y un minuto se cansan. Así estoy yo, estoy agotado. Estamos hablando de dos años, tres años, cinco años pinchando de pinga y recibiendo todo lo humanamente posible e imposible.

Por supuesto que he tenido ganas de dejarlo todo, de irme a guarachar, de irme por ahí, inclusive por frustraciones sociales y cívicas de pinga de este país, de pinga que no pasa nada o de pinga que la gente que no sale. Claro, por supuesto, pero primero yo creo que no tengo la capacidad de odiar y tengo una gran capacidad de amor, además también tengo necesidad de reconocimiento. En mí se imbrica lo bueno y lo malo, se imbrica la necesidad de reconocimiento, la necesidad del famoso, la necesidad de que mi obra llegue a un montón de lugares y a la vez de que esa obra tenga un impacto social, preocuparme por los demás, preocuparme por la gente de barrio, por la gente pobre, por los marginados. Yo he estado en París y en París ha pasado algo malo y yo doy el hurra igual y me siento incómodo. Tengo esa historia de que no puedo virarme ante la injusticia. Hasta este momento es así, mañana ya se me quita eso y me piro para otro lado y me meto en New York en un jacuzzi. Pero ahora mismo tengo esa capacidad ante la injusticia y aquí siento que funciona.

La gente me exige, claro, la gente siempre va a exigir. Tú tienes que lidiar con todo, con millones de personas, que cada una es un mundo, con el respeto, con el no respeto, con una visión, con otra visión, con una cultura o la no cultura, con ignorancia, con la no ignorancia, con violencia, con la no violencia, con todo eso tienes que lidiar. Eso me viene del mundo del arte, ni siquiera me viene del mundo de la cultura o del mundo de la política. El arte es lo más parecido a todos los oficios del mundo, a la carpintería, la política, la ciencia, la economía, y tiene de todo dentro. Viene del mundo del arte el entender al otro, entender todas las posibilidades, hacer una pintura que pueda ser capaz de impactar a todas las personas al mismo tiempo, a pesar de la raza, a pesar de lo político, o del tipo que sea.

Ojo, yo no soy la esperanza, yo no soy la esperanza de nadie, nosotros le damos esperanza a la gente y le damos herramientas a la gente para que la gente se movilice. Los cambios en Cuba y el mundo tienen que ser desde las maneras individuales de cada quien. Yo no soy la esperanza, porque si yo fuera la esperanza, fuera Superman, me apareciera en el Comité Central y desapareciera a todo el mundo. No es así, no funciona así, la esperanza somos todos. A mí lo que me da esperanza es que la gente salga a la calle. Si a lo mejor no hubiese tenido respuesta a las provocaciones que uno ha puesto en la realidad cubana de la gente, a lo mejor yo estuviera muerto de verdad en una huelga de hambre, encerrado en una cueva o me hubiera ido. Entonces la gente me da esperanzas a mí y uno le da la herramienta a la gente y todos nos damos esperanzas. Repito, yo no soy la esperanza, la esperanza somos todos.

Hay gente que me dice: «No, es que tú tienes una gran responsabilidad». Espérense un momento. A mí, Luis Manuel Otero Alcántara, no le regalaron lo que tiene, ni el reconocimiento, ni el respeto, ni los seguidores, ni nada de eso. Yo era un negro de El Cerro, yo no estudié en ninguna academia ni nadie me regaló nada, yo no fui hijo de nadie, ni me pusieron en la ISA. Yo soy un negrito de El Cerro que he logrado el amor de un montón de gente y la conexión de un montón de gente trabajando y con una manera de hacer. Todo mi camino ha sido labrado desde cero y con un palo y una lata. Entonces, llegar adonde uno está, o adonde hemos llegado todos como colectivo, ha costado trabajo y ha costado mucha pincha y eso es lo que yo creo que es una de las cosas importantes que hay que ver. Que el cuerpo de uno signifique para la gente y la huelga de hambre signifique para la gente ha costado mucho trabajo y sobre todo respeto. El principal consumidor de nuestra historia es el régimen y ellos saben cuando uno está para eso y cuando uno no está para eso, y lo que significa uno y en lo que uno se ha convertido. El régimen juega con eso y decide si te salva o no.

Quien quiera otra manera que lo haga esa persona, ¿entiendes? El Movimiento San Isidro no ha llegado fácil adonde está, nadie se lo regaló. Nos dicen: «No, es que hemos basado nuestra esperanza en ustedes». Y no, nosotros te hemos dado esperanza a ti, que no es lo mismo ni se escribe igual, nosotros empezamos cuando nadie tenía esperanzas, todo el mundo estaba fundido, incluso en el mismo mundo del arte. Yo voy a seguir haciendo lo que yo creo, y si de momento me vuelvo viejo y me fundo, bueno, me tocó, me tocó ponerme viejo y atrás tendrá que venir otro joven u otro chama u otro loco que ponga la parada más arriba.

La gente tiene que entender, y más que entender tener confianza. No es tampoco que no puedas criticarme o exigirme, porque de ahí también uno aprende y también es lo que genera un gran movimiento. Si nosotros nos enquistamos en plan dictadura de pinga, eso también está mal. Pero debe ser fluctuante, porque si solamente es la crítica como en plan Otaola y compañía, no resolvemos nada. Tú puedes cuestionarme lo que tú quieras, pero también tienes que construir una narrativa otra, inclusive desde esa crítica.

Por ejemplo, ahora que Esteban Rodríguez está preso su esposa ha dicho que deberías salir a la calle, pues Esteban entre otras cosas está preso por salir a exigir tu libertad. ¿Por qué no has salido? ¿Porque te sientes agotado?

Ahora mismo si yo salgo, y me meten preso, todo va a ser Luis Manuel, liberen a Luis Manuel, y las voces de Esteban y de Maykel se van a ver más chiquitas porque yo soy fashion, popular, lindón y la gente me descarga. Entonces hay que enfocarse en otra cosa, broder. Por ejemplo, una de mis grandes teorías ahora mismo es tratar de bajar mi perfil con el tema de la liberación de Esteban y Maykel para ver si el régimen quiere hacerse el bueno y decir que ganó. Si yo le planteo una guerra como la de Denis Solís, ellos pueden pasar más tiempo allá adentro. No quiero generar una competitividad con el régimen. No querer liberarlo por mi pinga, porque yo soy el tipo duro. No, porque no van a soltar a nadie desde el pulseo y desde la fuerza. Vamos a ver, yo estoy dando un tiempecito.

El régimen quiere que yo salga de Cuba por lo menos quince días, pero no voy a salir mientras estén Esteban y Maykel presos. Se los voy a decir en privado, esto es una negociación. Es que esto me duele a mí, me duele, no es un problema de política, no, es que me duele porque son mis amigos. De verdad, suéltalos y yo me piro un mes, dos meses, que yo me voy a pirar de todas formas. No es que voy a ceder a que tú los sueltes y yo me piro. No, es que si no estuvieran ellos en la cárcel, yo ya estuviera en Miami hace rato, ¿entiendes? Guarachando, disfrutando y divirtiéndome y mirando ahora mismo Netflix, estuviera follando de pinga, pero no me he ido por ellos. Se lo voy a decir bajito, no desde la pinguancia, no desde el macho que va a ceder. Las narrativas tienen que cambiar ya.

Esa narrativa del macho-macho contra el otro macho-macho que se dan dos galletas y entonces el que baja la cabeza es el que pierde, eso tiene que cambiar ya, porque el mundo ya no funciona así, y el régimen no puede con la otra narrativa, puede con eso de que tú me des una galleta y yo te dé otra galleta. A mí realmente lo que me interesa es que suelten a la gente y ganar esos espacios, que suelten de verdad a la gente. Inclusive, uno también va variando y dice: «Mira, la energía que uno va gastar tiene que ser para tumbar el sistema». Ya no es solamente para soltar a un amigo, porque al final te van a meter a otro amigo preso dentro de quince o veinte días y vas a estar eternamente cayéndole atrás a tus amigos.

Lo otro es que estamos fundidos, no tenemos un macroenergía, nos queda poquitísima energía cada vez que metemos un pase de estos, nos ponen una cámara, nos ponen bulto de guardias de la Seguridad del Estado atrás y las acciones que hacemos cada día tienen más impacto pero tenemos menos recursos humanos, dinero, economía, tenemos cada día menos movilidad. Y el objetivo número uno tiene que ser tumbar la dictadura, que se vaya una dictadura e instaurar una democracia en este país. ¿Pero, dónde están los demás? ¿Qué están haciendo por los presos políticos?

¿Cómo se ve Luis Manuel en unos diez, 15 años? O sea, imaginemos un Luis Manuel de 50 años, en la misma Cuba de hoy. ¿Cómo sería eso?  Y si en Cuba hubiera un cambio, ¿qué tipo de actor sería Luis Manuel en una Cuba en democracia?

Yo creo que en diez años… Yo creo no, estoy seguro de que en diez años la dictadura ya no va a existir. ¿Qué va a pasar en Cuba a nivel democrático? No sé, eso es muy complejo, pero de lo que estoy seguro es de que la dictadura no va a tener más de diez años. Imagínate que dentro de diez años yo tengo 43, Raúl Castro tiene como 100, Díaz-Canel va a tener como 70 años, y así montón de gente van a estar mucho más viejos. Ahora mismo la dictadura está dando muestras de que agoniza, literalmente. Entonces, dentro de diez años, ¿cómo yo me veo? Yo ahora mismo sueño con que si la dictadura se cae mañana yo me voy para Nueva York o para Londres a vivir un año. Y a pinchar y a exponer y en una residencia artística. Eso es lo que yo tengo en mi cabeza. Primero que todo, yo con cincuenta años me voy a ver súper sexy de pinga, súper lindón de pinga, un temba súper sexy.

En una Cuba en democracia no sé qué actor voy a hacer. No me gustaría dirigir nada, no tengo la capacidad de dirigir ningún tipo de institución. Ni siquiera me ha pasado por la cabeza porque no me veo como un dirigente, pero igual no sé, no sé ni qué decirte, porque Cuba para mí es como el motor de mi vida. Mientras yo tenga ideas voy a seguir puesto y voy a seguir echándola. Es lo único que le pido a lo divino, que me manden ideas nuevas, que manden ideas a ver cómo saco a mis hermanos, para no caer en lo mismo. El régimen sabe que la creatividad es lo que lo funde. Mientras tenga la creatividad súper activa y me manden buenas ideas para mover la realidad cubana y la realidad mundial, voy a estar puesto y voy a seguir echándola. Creo que el día que ya se me funda la cabeza y no se me ocurra una idea más creativa, ahí sí ya me tiro para la calle y me pongo con un cartel afuera de Villa Marista a que me echen diez años, cinco años y me pondré viejo. Yo estoy listo para ponerme viejo y que otro chama sea el que lleve adelante Cuba en democracia o en dictadura, pero nada, super conectado.

Y por último, Luisma, ¿cuál es la comida preferida de la persona que probablemente más huelgas de hambre ha hecho en el último año en Cuba?

La comida preferida de Luis Manuel Otero Alcántara son los bichos del mar, el pulpo, la langosta, los ostiones, los camarones. ¿Por qué? ¿Me vas a invitar a una súper comida?

1 Comentario

  1. Esta entrevista me ha dejado con varias inquietudes y cuestionamientos. Tengo la impresion
    que no hay un arbol bien plantado: fuerte, solido, coherente, raices profundas y sabias. Y no se debe tratar de testosterona ni de machos ni «hembritas». Tampoco de «fashion» que quiere decir moda. Como se sabe, la moda es pasajera, efimera, caprichosa. Sin embargo, me gusta su sinceridad, su desenfado y creatividad. En fin, como el mismo dice, no es lider.

    Creo esto es el preambulo a su destierro. Publicarlo en este preciso momento, es como ir preparando la partida. Quizas, quizas, quizas.

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