Mercy Olivera nació con AME tipo II, una variante en que los casos rara vez rebasan la adolescencia, y eso, junto al hecho de que es madre, resulta un indiscutible desafío a la ciencia médica. Se conoce, sin embargo, que hay quienes han vivido hasta los 30 años con tratamientos especiales, y también rarísimas excepciones que han sobrepasado por muy poco los 40. Mercy tiene ahora 39 años y siente que el tiempo se le acaba.
El doctor Luis Enrique Cuéllar lo aclara desde el primer momento: «Yo, aparte de médico, soy campesino, pescador y merolico».
A veces, terminadas las guardias...
¿Por qué? ¿Cómo un tipo que vivió con tanta libertad se encierra al final en una celda tan terrible? Es evidente. Yorick, un personaje cínico y burlón, que miró a todos con un halo de grandeza y los señaló despectivamente, no podía permitirse ahora volverse una diana del estigma. Él no recibiría ni la lástima ni la crítica.
Maykel era un muchacho «correcto» en muchos parámetros. Hijo de profesionales de Radio Sagua, al chico le auguraban un futuro promisorio en los gajes de la comunicación. Hasta que cogió el Sida, que en aquellos años todavía cargaba con la etiqueta de ser la enfermedad de los bajos fondos, sobre todo de los bajos fondos de la comunidad LGBTIQ.
El caso 2648 llegó al Sanatorio de Los Cocos, en Santiago de Las Vegas, inconsciente, víctima de un infarto cerebral y con varios órganos comprometidos. Había intentado suicidarse mediante la ingesta de 350 fármacos. Los psiquiatras, militares como el resto de médicos que allí fungían, ordenaron su ingreso obligatorio.
Mercy Olivera nació con AME tipo II, una variante en que los casos rara vez rebasan la adolescencia, y eso, junto al hecho de que es madre, resulta un indiscutible desafío a la ciencia médica. Se conoce, sin embargo, que hay quienes han vivido hasta los 30 años con tratamientos especiales, y también rarísimas excepciones que han sobrepasado por muy poco los 40. Mercy tiene ahora 39 años y siente que el tiempo se le acaba.
El proceso del perdón es irreversiblemente político y, por ello, una fuente de ataques partidistas. El espíritu de reconciliación nacional invocado por Gerald Ford en 1974 ha desaparecido 50 años después.