El propio Díaz-Canel, quien ni siquiera se dignó a pronunciar el nombre de su exministra, y eligió hablar de «deambulantes» en lugar de «mendigos», peca deliberadamente de lo mismo que, en esencia, se le achaca a su subalterna: niega o encubre la realidad. Pero Marta Elena Feitó Cabrera, desde luego, no formaba parte del selecto club de los intocables. Y, por suerte para ella, muy pronto pasará al olvido.
El desentendimiento del Estado respecto de sectores vulnerables ha dado pie a iniciativas filantrópicas nacidas de la sociedad civil (dentro y fuera de la isla) y de algunas comunidades religiosas; especialmente, a partir de los difíciles tiempos de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, como suele ocurrir, la solidaridad y la caridad son insuficientes para cubrir las necesidades del considerable segmento de la población que enfrenta condiciones precarias.
Desde 2022, a Nancy se le puede encontrar diariamente en un banco del Parque de la Fraternidad, a dos cuadras de donde duerme. Allí se sienta con sus piernas hinchadísimas, como dos inmensas columnas griegas, que le impiden recorrer largas distancias. Allí también solicita la ayuda de quien le pase por delante.