Una gran amiga y compañera de estudio —y luego colega de trabajo— solía decir: «Inés vive en la cuadra más larga de La Habana». Con su excelente sentido del humor retrataba fielmente una de mis mayores aficiones: me encanta contar sucesos reales, ya sea de mi numerosa familia, de los muchos amigos que he tenido a lo largo de mi vida o de mis vecinos. Me precio de mi memoria (hasta ahora) pero, sobre todo, disfruto mucho el relato y el testimonio. 

Una de las anécdotas que recuerdo de mi etapa adolescente, y que he contado a familiares y amigos en diferentes momentos, está relacionada con un vecino de «la larga cuadra» en que viví por varios años, en la barriada de Santos Suárez, y con la sorpresiva noticia anunciada un sábado de 1961 a la población cubana: el canje de moneda. 

Angelito y Fela residían en el edificio al que llegó en 1956 mi familia, emigrada desde Orbeta, en Matanzas, la finca donde mis padres nacieron, crecieron, se enamoraron y formaron una extensa familia. Junto a su única hija, aquel matrimonio vivía en un apartamento que colindaba con el nuestro. Era un inmueble de diez viviendas. 

Mi vecino era un hombre modesto, padre excelente, amoroso esposo y trabajador incansable de una textilera habanera. Como todo cubano que se respetara, guardaba sus pocos ahorros en casa, por lo que no es de extrañar que aquel sábado de 1961, tras conocer la información de que en solo dos días los pesos corrientes cubanos dejarían de tener valor, Angelito sintiera que la tierra se abría bajo sus pies. 

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En la mañana del 5 de agosto de 1961, el pueblo cubano despertó con una noticia inesperada: el periódico Revolución anunciaba en su primera página: «DISPONE EL GOBIERNO EL CAMBIO DE BILLETES». 

Portada del periódico ‘Revolución’; 5 de agosto 1961 / Imagen: Cortesía de la autora
Portada del periódico ‘Revolución’; 5 de agosto 1961 / Imagen: Cortesía de la autora

El artículo comenzaba diciendo: «La contrarrevolución acaba de recibir un poderoso golpe que dejará debilitado todo su aparato interno para financiar conspiraciones y para pagar terroristas, asesinos y acaparadores». Más adelante agregaba: «Una importante medida, oportuna respuesta a otra infame maniobra imperialista, fue aprobada por el Consejo de Ministros, al disponer el cambio total de los billetes de curso legal en Cuba».

La medida se había estado fraguando, sin la más mínima filtración, desde el propio año de 1959, y se ejecutó felizmente gracias, en primer término, al factor sorpresa, y también a la cooperación de la Imprenta Nacional de Valores de Praga, en la República Socialista de Checoslovaquia. Se cuenta que fue empleado un ardid: disimularon aquella valiosa carga al interior de cajas de armas que miembros de las fuerzas armadas trasladaron a todos los puntos del país designados para ejecutar el canje. 

Para ello, el Gobierno Revolucionario dictó las leyes 963/61 y 964/61. La primera se decretó cuatro días antes de la segunda, ya que no era conveniente que sus respectivos contenidos se conocieran al mismo tiempo.

La primera de las leyes, la 963/61, promulgada el 4 de agosto de 1961, estableció las condiciones generales para ejecutar el canje obligatorio de todos los billetes que circulaban en el país, los cuales perderían su fuerza liberatoria y cuyo curso legal se prohibiría. Durante los días 6 y 7 de agosto, un miembro de cada familia podría acudir a los lugares habilitados para ese fin. Pero solo se permitiría cambiar 200 pesos de una vez. Si la cantidad era superior a esa cifra, el resto sería depositado a nombre del solicitante en una cuenta especial y podría ser canjeado a partir del 14 de agosto de ese año. 

La ley 964/61 fue promulgada el 8 de agosto, y establecía que las personas naturales que acudieran a realizar el canje del efectivo recientemente colocado en sus cuentas especiales, obtendrían de inmediato hasta una suma de mil pesos. A partir de ahí, hasta los diez mil pesos, podría retirarse a razón de 100 pesos mensuales. Todo lo que excediera el depósito inicial de diez mil pesos quedaría sin valor canjeable; o sea, las familias perderían ese dinero.

Como muchos entonces, Angelito decidió buscar amigos o conocidos que tuvieran menos de 200 pesos para canjear y que lo ayudaron, por favor, a cambiar algunos miles que tenía guardados en su casa. Por supuesto, aquel domingo 6 de agosto, desde la mañana, los nervios de mi vecino estaban a punto de estallar: se asomaba al pasillo del primer piso en cuanto oía gritar su nombre desde la acera; bajaba y subía las escaleras con frecuencia, bañado en sudor y con las manos temblorosas; no atinaba a hacer nada en la casa. Su esposa, acostumbrada a tomar el café mañanero hecho por su marido, lo conminaba a que terminara de colarlo. 

Nunca logré comprobar cuán exitoso fue ese día para mi vecino. Lo que sí supe, por boca de mi hermana Alicia, quien los acompañó durante aquella jornada, fue que Angelito preparaba la cafetera con interrupciones constantes, y que la puso sobre el fuego para bajarla inmediatamente en innumerables ocasiones. Fue precisamente esa hermana la que acuñó un dicho que usaríamos por años (todavía lo hacemos) en la familia: «Esto está más demorado que el café de Angelito el día del canje de dinero». 

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«Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla». La frase, atribuida al filósofo George Santayana, quien vivió entre 1863 y 1952 y cuyo nombre verdadero fue Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana Borrás, es inexacta. En su obra de corte psicológico y antropológico La vida de la razón. Las fases del progreso humano, escribió: «El progreso, lejos de consistir en cambio, depende de la retentividad […] y cuando la experiencia no se retiene, como entre los salvajes, la infancia es perpetua. Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». 

Y eso nos ha pasado a buen parte de los cubanos: que olvidamos rápidamente lo que supuestamente nos conviene olvidar para vivir más cómodamente el hoy y el aquí. Aprovecho para recordar entonces, a manera de apretado resumen, algunas disposiciones de política monetaria en los últimos 30 años, cuyo gran antecedente fue aquel primer canje diseñado y preparado antes de cumplirse el primer año de que Fidel Castro llegara al poder en Cuba. 

Cinco pesos cubanos (serie de 1960) / Imagen: Cortesía de la autora
Cinco pesos cubanos (serie de 1960) / Imagen: Cortesía de la autora

Todas las «medidas» del gobierno cubano, a lo largo de 63 años, se declaran como urgentes e inevitables, tienen un carácter secretista, y son aplicadas de manera drástica, con el argumento de contrarrestar el acoso del imperialismo yanqui y beneficiar la economía del país. En la realidad, nunca representan una alternativa para evadir o resistir el embargo estadounidense, sino un beneficio a corto y mediano plazo para el Estado. Tales decisiones suelen aumentar el control oficial y reducir la posibilidad de participación de la ciudadanía en los movimientos fundamentales de la economía nacional, lo que una y otra vez perjudica de manera directa la vida ya precaria y vulnerable de los cubanos. 

Pero, aquí seguimos, atrapados en una «continuidad»… de mentiras, falsas promesas e indetenible corrupción. Un pueblo que aplaude o acepta resignado la indignidad: unos por cobardía, otros por oportunismo —para no perder esa zona de mísero confort con que el régimen los amordaza—, y la mayoría porque está demasiado ocupada en su mísera supervivencia. 

2 Comentarios

  1. Mis respetos, ha escrito un artículo muy necesario para cubanos desmemoriados y denunciador para aquellos que no quieren quitarse la venda de los ojos, estos últimos en su gran mayoría por seguir mendigando las sobras que les lanzan los ladrones barrigones de Cuba.

  2. El último canje de la tarea de ordenamiento fue un robo descarado: a los que tenían cuentas en dólares/CUC les convirtieron los valores a 1 dolar/CUC por 24 pesos que era el cambio antes de multiplicar por cinco los salarios y pensiones, es decir, depreciando el peso, ya en la arrancada, a la quinta parte de su valor.

    Para ser tan justos como decían, debían haber cambiado a 1 dolar/CUC x 125 pesos, que, «milagrosamente», es un valor próximo del que ahora pretenden establecer como «cambio oficial de las Cadecas»

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