«Si no te llamo en 21 días, di que me ahogué»

    El 4 de enero de 2023, en su cuarto intento, Alexei Pérez llegó por fin a tierras norteamericanas. Se había echado al mar por primera vez el 19 de marzo de 2021, junto a amistades de Chambas y otros pueblos cercanos de Ciego de Ávila. «Los patrones nos dijeron que cuando saliéramos a mar abierto teníamos que bajarnos a empujar si el barco encallaba; pero no podíamos soltarnos pues la corriente nos llevaba. El viento nos arrastraba que parecíamos un papalote en la oscuridad, y yo decía: “Pa la pinga, si yo en la playa no me baño de noche”». En el trayecto fueron interceptados por el «buque madre», vigía en las aguas del Estrecho de la Florida. Poco después estaban en casa. 

    En marzo del 2022 volverían a intentarlo. Los cogieron, y Alexei Pérez pasó tres meses en una prisión de inmigración en Bahamas, esperando su deportación. Tras esos dos intentos de salida ilegal las autoridades cubanas lo tenían fichado. Durante 14 años fue estibador en almacenes de harina. Había estudiado para técnico veterinario, especialista en inseminación. «Estuve cuatro años trabajando de eso, pero tuve que buscarme una pincha donde se pudiera robar para sobrevivir»; lo dice entrecortado, como quien experimenta una contradicción entre sus principios y lo que ahora recuerda. 

    Después de la primera salida logró mantener su trabajo, pero tras la segunda fue expulsado, y comenzó a estar más controlado por la policía. Libraba en alguna medida gracias a un familiar con un puesto entre los uniformados.

    Alexei Pérez
    Alexei Pérez

    ***

    La noche del 26 para 27 de noviembre siguiente volvió a la carga con otro grupo, pero el mal tiempo los hizo regresar. Enterraron el motor de automóvil de cuatro cilindros, y el barco lo escondieron en el lugar de donde lo robaron. El grupo se volvió a reunir para fabricar otra embarcación. Con planchas de tejas metálicas importadas de Venezuela armaron la estructura, y para el piso utilizaron madera. La construcción debió ser monte adentro. Si a su esposa le preguntaban por él, diría que se había ido a Candelaria —un pueblo en el occidente de Cuba— a buscar gallos, su otra pasión. 

    En una embarcación de ocho metros con un motor de coche pensaban salir 20 tripulantes en Nochebuena, pero el clima los hizo aguardar hasta el 31 de diciembre a las 11 de la noche. Solo sabían del plan la esposa y el cuñado, quien lo llevó escondido en una carreta de caballo, junto a otro expedicionario hasta el punto de embarque. «La pura y los chamas no sabían nada. Esta vez yo le dije a mi mujer que cuando llegara a Bahamas o a Estados Unidos la llamaría y que, si en 21 días no daba señales, dijera que me ahogué».

    —Si no te llamo en 21 días, di que me ahogué —dijo.

    «Salimos con poca comida porque calculamos que iba a ser poco tiempo de travesía si todo salía bien», repasa ahora Alexei Pérez: «20 libras de arroz, cinco litros de aceite, una tanqueta de carne de res que se echó a perder, maní, galletas, azúcar, sal y agua». Los conocimientos de navegación también eran exiguos. Un mes antes habían instalado en un celular el Navionics, una aplicación de radar marítimo. El muchacho que sería el capitán la comenzó a probar, y aún con muy escasa práctica se lanzaron al mar. A fin de cuentas, hasta para los marinos más experimentados cada salida rumbo al horizonte es única.         

    Embarcación rústica
    Embarcación rústica

    ***

    La primera parada fue en unas islas de las Bahamas. Otras embarcaciones de cubanos hacían pausa en esos cayos, cuidándose de los guardacostas y los traficantes que rondan esas aguas. A veces hasta les queman los barcos. Un grupo de migrantes que arreglaba su chalupa les pidió acoger a tres mujeres y al esposo de una de ellas. A cambio ofrecieron 50 litros de gasolina para continuar. Pasaron ahí la noche. Reemprendieron la travesía y el 4 de enero a las tres de la mañana arribaron por Cayo Marquesa. Un puertorriqueño les dio la bienvenida: las primeras atenciones, alimentos… Todos avisaron a sus familias. 

    Pasaron a Inmigración. Cerca de las diez de la mañana entraron en el centro de detención; también las cuatro personas del grupo que intercambió el combustible. 

    Dos días después, Reyes, el presidente Joe Biden anunció la nueva política migratoria para recibir ciudadanos de Haití, Nicaragua, Cuba y Venezuela bajo el patrocinio de un residente estadounidense. Asimismo, se estableció la deportación de todos los migrantes que crucen las fronteras de forma ilegal, incluidos quienes entren por mar.

    Poco a poco los fueron soltando y cada uno tomó su rumbo. A Alexei Pérez lo recibió la familia de su esposa. Llevan 22 años juntos; se conocieron mientras estudiaban el Técnico Medio. Él siente que ella cambió para siempre su vida. La tía Ivis y su esposo, a quien le dicen Tití, lo alojaron unos días en su casa y después le consiguieron un trabajo.

    ***

    Homstead es una zona agrícola donde abunda la mano de obra emigrante. Apartados de toda urbe, quienes ahí trabajan rentan casas que comparten con desconocidos, cada quien con su propia travesía a cuestas. En la vivienda donde pasa las noches, Alexei Pérez ocupa la habitación número cuatro; duerme en la parte superior de una de las dos literas. Abajo está «El Jabao», quien llegó hace seis meses cruzando fronteras terrestres. Trabaja en la construcción; antes era camionero. Ahora duerme con un dibujo de sus niñas al lado de la cama.

    En la litera contigua descansa, en la parte de abajo, un santiaguero. No recuerdo su nombre, pero él también llegó en una lancha inventada. Como Alexei Pérez, el santiaguero trabaja en la agricultura. Por trescientos y pico de dólares semanales, de los cuales separa 350 al mes para costear esta habitación llena de cucarachas, y el baño y la cocina comunes.      

                                                                                   ***

    En otra de las diez habitaciones de esa casa están Duniel López, su esposa y su hija de dos meses de nacida. Cuando se lanzaron al mar la mujer tenía cinco meses de embarazo. En medio del Estrecho de la Florida el bote comenzó a hacer aguas. Duniel López temió que su esposa muriera esa tarde. Todos los hombres achicaban agua, pero él sentía que ella, y la vida de su futura hija, le daban el doble de energía para echar por la borda un cubo tras otro. Rogaba a Dios y sacaba agua. En ese momento apareció a lo lejos el yate que los rescató.

    Duniel López

    Duniel López pensó que ya habían resuelto. Los subieron, les dieron comida, pero lejos de dejarlos en tierra llamaron al buque madre: eso era deportación segura. No sabía qué hacer; en la cubierta del buque le pedía a Dios. Regresar a Santiago de Cuba era volver a pasar hambre, sin muchas opciones legales para mantener a su familia, se decía. 

    Le dijo a su mujer embarazada que, si al día siguiente no les aclaraban qué harían con ellos, fingiera un dolor y, en el peor de los casos, se iba ella adelante. «No tuvo que fingirlo, en la tarde se comenzó a quejar y la llevaron para enfermería. Pero, como en el barco no tienen para dar atenciones intensivas, había que trasladarla a tierra. Después me llamaron a mí; nos pusieron unas manillas con números. Vino un helicóptero, me subió, y después en una jaula la subieron a ella. No lo creíamos, pero nos habíamos salvado; los únicos del grupo». Así lo contaba, y agradecía a la vida como quien jugó a la ruleta rusa y sobrevivió para contarlo. Antes de este embarazo, su esposa había perdido dos criaturas.  

    Embarcación rústica
    Embarcación rústica

    ***

    Al principio estuvieron en casa de familiares, pero les dijeron que tenían que buscar otro sitio. Cuenta Duniel López que han dormido en la calle con la niña. Han acudido a la policía, pero el desconocimiento de las opciones que tienen en un país totalmente nuevo los hace enfrentar precariedades. 

    Duniel López es un hombre fuerte, joven, negro, dispuesto a trabajar en cualquier puesto, pero hasta que no tenga permiso de trabajo, residencia y un carro, sus opciones son limitadas. No lo ve justo. En lo que busca cómo pagar la renta y la comida del mes, aguarda como todos en esa casa de Homstead a que pase el primer año en Estados Unidos. Entonces espera obtener sus papeles y comenzar a vivir como persona.

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