La tensa trama del llamado Síndrome de La Habana, un rocambolesco rezago de la Guerra Fría, continúa. Esta vez, una investigación realizada por The Insider, en colaboración con 60 Minutes (de la cadena CBS) y Der Spiegel, publicada el pasado 1 de abril, arrojó nuevas pistas sobre los misteriosos hechos ocurridos en la capital cubana entre 2016 y 2017. Los datos, recopilados durante un año por estos medios, apuntan a quien ya figuraba como el principal sospechoso: Rusia.
Ortega Tamayo subrayó que este lunes pudo encontrarse con su esposo «por muy poco tiempo», y recordó las amenazas y represalias que ella ha sufrido por exigir verlo y denunciar públicamente las violaciones de los derechos de su familia y de Ferrer, quien no puede recibir visitas matrimoniales y familiares desde hace más de un año y tampoco tiene acceso a llamadas telefónicas.
Ciertamente, este trabajo puede ser también un primer paso que conduzca a nuevas denuncias y futuras indagaciones que apunten a figuras que han acumulado alguna cuota de poder, tanto dentro de la EICTV como en la industria del cine, y aprovechado su posición para abusar en diferentes grados de estudiantes y colegas.
Cada movilización se recibe como una chispa que la gente enseguida quiere aprovechar para encender de una vez y para siempre el fuego de la libertad. Junto con los gritos de corriente y comida, o cualquier otra cosa básica que escasea, más temprano que tarde, aparece el de libertad. Y una serie de expresiones irreverentes hacia las autoridades. Esta vez, Santiago destacó con una protesta a ritmo de conga que pidió a voz en cuelo «pinga pal presidente».
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.