La casa verde

*El pasado 9 de noviembre la policía detuvo al rapero contestatario de 31 años Denis Solís, y el Tribunal Provincial de La Habana lo condenó en juicio sumario a ocho meses de prisión por el supuesto delito de desacato. Esta injusticia ha llevado a que el Movimiento San Isidro (MSI), organización a la que el rapero pertence, emprenda una lucha que no solo busca su liberación, sino la de todos los cubanos de una vez. Luego de exigir algunas demandas puntuales, varios miembros del MSI han comenzado tanto huelgas de hambre como de hambre y sed. Están dispuestos a morir, han dicho.

***

Desperté hoy y lo primero que vi fue el techo verde de mi casa de campaña. ¿Dónde estoy? Vinieron a mi mente los numerosos lugares naturales que he visitado al resguardo de esta casa verde. ¿El último? El Valle de Viñales, con dos amigos entrañables y mi pequeño hijo. ¡Cuánto daría por escuchar ahora su risa nerviosa cuando sus pies tocaron la hierba mojada!

El despiste se cuenta lento, pero realmente duró solo un instante. Recordé en seguida dónde estaba y por qué. La palabra Denis retumbó en mi cabeza y pensé en la posibilidad de que lo dejaran llamarme hoy. Sabía muy bien que el paisaje que iba a encontrar fuera de la casa incluía el rostro de mis amigos huelguistas, todavía con fuerzas suficientes para bromear y conversar. Escuchaba sus risas desde adentro y trataba de retenerlas para los días de silencio que sé que vendrán.

Cuando finalmente salí, vi que ellos esperaban al hombre del pan, porque, aunque no están comiendo, saben la importancia de que nosotros lo hagamos, sobre todo Omara. Ella es el lugar al que todos miramos si sentimos que algo aprieta y comenzamos a cansarnos. Entraron con las manos vacías, venían diciendo lo que los vecinos acababan de confirmar: que el pan estaba difícil hoy. No podemos tener un país sin pan. Eso es un absurdo. No pan y no derecho a un proceso penal justo, razones más que suficientes para dar el berro.

La casa de campaña había llegado a San Isidro con la honrosa tarea de participar en una obra de teatro experimental que el dramaturgo Marien Fernández nos mandaba desde Yaguajay.

«Monten esta obra, y fílmenla, y háganla viral, acaban de rechazarla en Ediciones Loynaz, estoy ya cansado de que esas editoriales me traten como un perro. Le doy los derechos al Movimiento San Isidro para montar mi texto “textral” del arte efímero».

Casas de campaña en la sede del MSI / Foto: Anamely Ramos

Sin embargo, la Seguridad del Estado, al cortar nuestros suministros, nos arrojó prácticamente a la huelga, por lo que la situación se crispó inesperadamente y nos encontramos de repente en el vórtice de una cotidianidad extrema. ¿Qué se hace cuando el horizonte de tu vida se reduce abruptamente al lapsus de diez o veinte días? ¿Acaso cambian los pensamientos que empiezan a rondarte? ¿Imaginas algún deseo final?

Yo quiero montar la obra de teatro experimental de Marien. Vamos a hacerla cuando todo esto termine y así le damos a Denis el personaje principal.

Una de las primeras cosas que ocurren cuando alguien comienza una huelga es que cambian los roles de los objetos, de esos pequeños bienes que lograron entrar antes a la sede del museo, a pesar del asedio de la Seguridad del Estado. De pronto se vuelven importantes, a la par de nosotros mismos. ¿Será por eso que Maykel Osorbo dice que todos somos piezas del museo?

Los objetos pueden tener una historia de vida, como las personas. Registran en ellos los cambios de humor o los giros del destino que a veces los hombres consiguen disimular. Para ellos es más difícil, reposan casi siempre a la vera de la funcionalidad humana y de los jalones del contexto. La casa de campaña iba a ser atrezzo y terminó siendo el juguete nuevo de personas que se tumban juntos en el piso de cemento de un amigo. Ella reúne en sí todo el sentido de lo fabuloso que ahora necesitamos conservar más que nunca, para que el juego de la libertad consiga mantener nuestras mentes libres.

Esta es la historia de una casa de campaña verde y de un puñado de emociones unidos a ella. Todavía no consigo hacer la historia de los cuerpos que la rodean, o de las almas que animan esos cuerpos. Mucho menos de las cosas que se van perdiendo, de las renuncias y de los anhelos.

Casa de campaña en la sede del MSI / Foto: Anamely Ramos

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Leandro Eduardo Campa fue (o es) un escritor nacido en La Habana, Cuba, en 1953. Llegó a los Estados Unidos con el éxodo del Mariel. Medio vagabundo, elegante y mitómano (según dicen), vendía prendas falsas en las calles de South Beach o de la Pequeña Habana.

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1 COMENTARIO

  1. Hermanos: es admirable lo que hacen… les aseguro que muchos jóvenes de adentro y fuera de la isla estamos compartiendo cada cosa, cada palabra de ustedes, orgullosos de la historia que están haciendo… la que conocerán nuestros hijos…Somos muchos pensando cómo podemos ayudarlos. Personalmente escribí a varios periódicos lanzando una convocatoria a nivel nacional, pero no ha sido publicada. Invitaba al pueblo de Cuba a pegar en cada puerta de su casa (sea la provincia que sea)… una hoja con un verso sencillo de José Martí. Todas las guerras no se ganan con armas (ustedes lo están demostrando)… todas las armas no son de fuego. A la poesía no se la pueden llevar presa. Ustedes tienen los medios a su favor ahora mismo y con esto debemos luchar. El pueblo tiene miedo por tanta represión, pero pegar una hoja con una poesía en la puerta de un vecino, en una tienda… en un poste de la luz es algo fácil de hacer sin que te vean. Llenemos las calles de poesía porque no podrán con eso. Que nuestra clandestinidad para apoyarlos sea con versos. Será una manera a la que Cuba entera sí se puede atrever… esos que no se atreven a sumarse por miedo a represión con sus familias… que compartan poesía… un verso sencillo de Martí. Pegar y fotografiar y compartir… ¿Quién puede con un país lleno de poesía del Apóstol? Ojalá pudiera estar con ustedes ahora. Los abrazo.

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