El país está roto. No existen los avengers para salvarnos, y sí una casta de millonarios pedófilos que son nuestros dueños. Ellos pueden decir quién se queda y quién se va. Si no les gusta lo que publicas, pueden ir por ti.
Por eso, las obras reunidas en ‘La prisión invisible’ —también las que no pudieron llegar físicamente a la sala, pero que existen— son, ante todo, una afirmación identitaria de esas vidas. Una manera de decir: seguimos aquí, seguimos siendo.