Desde el TransMilenio, y desde cualquier punto desde el que se mire Bogotá se nota una clase especial de silencio. Se toca cómo a veces se puede tocar el humo.
Si fuera tan grande como su nombre indica se llamaría simplemente Metro de Bogotá. Pero en esa ciudad de 8 millones de habitantes no hay metro, sino TM. Y se tiene la sensación de que el gran silencio que la recorre comienza en él, en ese gran nombre.
Me había convertido, por un momento, en un turista de mi pasado; el peregrino que estaba recorriendo, más que un lugar, las ruinas de un tiempo y el trazado urbanístico de una memoria.
En 1994 llegaron los termos de cerveza a granel a Santiago de Cuba, y apenas cinco años después aparecieron los negociantes callejeros fabricando cerveza de botella.
Herr, el hijo aventurero de un joyero de Siracusa, Nueva York, no pertenecía a los jóvenes del pacifismo, pero llegó a la guerra en el momento en que comenzaba a tomar la cara terrible de la derrota y la desconfianza crecía.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.