Los días anteriores La Habana había permanecido seca, con yerbajos amarillos tendiéndose sobre el verdor pobre de los céspedes. Míster President y su familia caminan por las calles. En la ciudad se anuncian cambios...
Todo el mundo quiere hablarte de Cuba y darte su opinión, y si te hablan bien de la isla uno quiere decirles que aquello no es ese paraíso comunista que ellos se imaginan, y si te hablan mal les dices que alto ahí, que eso no es así tampoco.
En Cuba se puede inaugurar un estudio-galería, un bar, una cafetería, un gimnasio, una clínica de celular, un acuario, una trasquiladora, una desmochadora de palmas, una carbonera, un establo…, pero no una editorial.
La mañana del 12 de mayo de 2015, Cándida López recibió en su casa de Regla, a las afueras de La Habana, una llamada fulminante desde Ecuador. Nueve meses después, todavía sigue buscando la manera de repatriar el cadáver de su hija suicida, guardado en las neveras del Departamento de Medicina Legal de Pichincha, Quito.
En El Fanguito hay apenas una calle, la calle 30. Una franja que marca el verdadero límite del Vedado. De 30 hacia adentro, como quien busca el apacible olor a río, todo concluye. De 30 hacia afuera, como quien busca el humo citadino, todo comienza.
Existe, en La Habana de 2016, un joven con un negocio. Existen, además, clientes tímidos, clientes voraces, clientes desesperados, clientes juguetones, retozones, vivarachos. Existe, ilegal, la mercancía.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.