Detrás del silencio y la palidez, mi calzón estaba completamente mojado. Yo solo quería abrazarlo y hacerle saber que sentíamos lo mismo. Después, quizá, después de regresar a la casa, después de regresar a dormir a la cama, comencé a llorar sin motivos y sin lágrimas. Desperté con algo serpenteando en el vientre.
Había enfermado en los años en que Cuba internaba obligatoriamente en sanatorios a las personas diagnosticadas con VIH. Fuera de ellos, el miedo a la enfermedad convivía con el rechazo hacia quienes la padecían. Para Crespo, El Mejunje no fue solamente un sitio donde escuchar música: fue uno de los primeros lugares donde pudo volver a mezclarse con los demás.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.