Esta semana he leído Jardín, la novela lírica de la poeta habanera Dulce María Loynaz. Mientras escribo este texto, la exuberante primavera del coronavirus...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.