La estafa

    Subo por J y 25, buscando 27. En un portal hay dos o tres viejos sucios con tipo de desamparados. Quizá borrachos. Están vendiendo unas cositas. Unas mierditas. Tres ruedas de patines, cuatro libros sucios, dos cables de USB, una fosforera, unos alfileres. Todo hecho mierda.

    El comportamiento normal me llevaría a mirar con el rabillo del ojo y seguir de largo. Pero no. Hoy, como si estuviera poseído, me detengo y miro todo. Repaso cada cosa varias veces. A mi alrededor hay par de viejas, una madre y un hijo, unos jovencitos. Cada quien en la misma. Mirando. Como si fuéramos un coro parado delante de algo muy importante.

    Son tres mierdas. Pero ahí estamos. Me pongo a pensar por qué estoy ahí parado. Me doy cuenta de que la cosa está tan mala. Que toda esa caquita es una novedad. Toda esa basura es mucho más de lo que se puede encontrar en cualquier tienda estatal. Las tiendas en CUC ya casi ni existen o solo tienen bebidas alcohólicas y agua. Las nuevas tiendas en dólares de verdad son prohibitivas para la gran mayoría.

    Lo único que queda es comprar a sobreprecio en el mercado negro. Pagar muy caro un jabón. Pagar extremadamente caro un champú que es casi un milagro. No hay nada, o simplemente no está a la mano de la gente.

    El librero no está. Se me olvida que hoy no venía.

    Bajo por la misma calle J y ahí sigue la gente, el coro, con la mirada perdida. Como esperando una orden, una información de «arriba», con la esperanza de que un dios bondadoso le diga al oído: «Sí, amor, las ruedas de patines te las puedes comer».

    Camino y una mujer de unos 35 años me mira con desespero. Su mirada por encima del tapabocas denota ansiedad. Quiere algo. Lo que sea. Comida. Sexo. Un ciclón devastador. Lo que sea. Pero quiere algo. Para quitarse la picazón. Para quitarse la sensación de vacío.

    Apuro el paso. En el parque del Quijote hay varios vendedores. Hay gente esperando el transporte público. Hay gente alrededor del baño ese que parece que se presta para tallas raras. Siento una peste. Peste a muerto. Ayer mi amiga Laritza me había contado que había vuelto a ir al cine, al teatro, después de toda esta mierda que había pasado y que había un tufo a descomposición. Todo está muerto, me había recalcado.

    En 19 hay una muchacha sola, sentada. Esperando una llamada o esperando a alguien. También quiere algo. Todo el mundo quiere algo. Me imagino que si abren los aeropuertos ahora, y regalan los pasajes, en el país quedarán unas 200 personas. No más. Quizá menos.

    La tipa que vende la malta a sobreprecio no tiene. La carretilla lo único que tiene es aguacates maduros muy maduros. Casi podridos. La gente cruza del policlínico (que está a full) a la farmacia y salen de la farmacia desanimados. No hay nada. No hay ni pinga.

    Llego al quiosco y compro una botella de vino. Cuando salgo del contenedor, se me acercan dos chamacos, más altos que yo, como del campo. Me dicen que están vendiendo pechuga de pollo y atún fresco. Quiero ver. Me llevan a un lado, debajo de una mata, y sacan unos paquetes congelados envueltos en nylon y en papel periódico. El supuesto paquete de pechuga se ve que no trae pechuga, tiene las marcas de la piel de un filete de tenca o de algo del río. No paran de hablar. Quieren que los ayude. Me doy cuenta de que no es pollo y lo enfrento. Me pide disculpas y me dice que compre el atún entonces, que es carne oscura. Veo el paquete de atún y es idéntico al del supuesto pollo. Estoy a punto de comprarlo. Pero me digo: «coño, me están estafando». No, no me pueden estar estafando. Me zafo. Voy echando. Pienso, mientras camino, en las etapas de la estafa:

    1- Te tratan de vender algo y descubres, o no, que no es como dicen.

    2- Te niegas, o aceptas y se acaba todo, porque ya te estafaron. En caso de que te niegues, te vuelven a insistir.

    3- En este nuevo escenario, tu cabeza te dice: «no, no te van a tratar de estafar de nuevo. No me harían esa falta de respeto. A mí hay que respetarme. Me lo merezco». Te crees el cuento y compras.

    4- O mandas todo a la mierda y no te dejas estafar.

    Pienso que, con las nuevas medidas económicas, quizá al pueblo le pasa lo mismo con los gobernantes. Es más fácil creerse eso de que lo están haciendo por nuestro bien. Las tiendas en dólares son por nuestro bien. No hay ni pinga. Pero no. Hay que creérselo. Porque, si no, te meterías en una talla super fula ahí, si aceptas que todo es una caca, que no hay respeto, que das igual. Los cables se queman y tendrías que salir para la calle a hablar solo.

    Se me había olvidado contar que desde que salí de la casa vi pasar a cuatro personas hablando con ellos mismos. Pero a lo que voy. Es más fácil jugar el juego, seguir la rima, porque si no te crees el cuento, la cabeza y el sistema inmunológico van al suelo. El empingue. El dolor. En fin.

    Camino con mi botellita de vino. No tiene ningún sentido quedarse aquí. ¿Para qué? Estamos en el peor momento. En el peor momento.

    Quiero irme, pero no puedo dejar a la vieja sola. La vieja salió el otro día a la calle y regresó super contenta porque había podido comprarle a un constructor un combo. Un nylon con una botella de champú, una de acondicionador, un perfume y un desodorante, todo eso a 12 dólares. Cuando vi las etiquetas viejas de los pomos, supe que la habían estafado. El champú era un agua sucia, lo mismo para el resto de las cosas.

    Van en alza las estafas. La gente está desesperada. Falso perfume. Pescado camuflado como pollo. País de mentira. Cartón tabla.

    Ahora, cada vez que escuche algún pregonero comprando pomos de perfumes vacíos, ya sabré para qué es. Me imagino la cadena. Una familia entera con una fábrica en la casa. Lava pomo, échale mucha agua, un tin de jabón. Envuélvelo. De una mano a la otra para lograr la estafa.

    Saco mi teléfono y nadie me ha llamado. Soy un zombi más. Soy parte de este hormiguero de gente que va y viene buscando algo que ni sabe bien lo que es. No hay nada. Se sale a regresar con algo. Da igual si es un alfiler o un lápiz. Algo.

    Al fin llego a la casa. Me echo todos los desinfectantes esos con su poco de agua. Me siento en el sofá y me pongo a mirar a la nada. Me hace falta un giro. Algo o alguien que me salve.

    spot_img

    Newsletter

    Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

    Te puede interesar

    Uruguay: el «paisito» del sur que acoge a miles de cubanos

    En la nación suramericana se ha ido estableciendo una significativa comunidad cubana que, en los últimos años, ha encontrado en ese inesperado destino del Cono Sur una oportunidad para salir adelante. Sin embargo, se estima que unos cinco mil ciudadanos de la isla permanecen allí en un limbo migratorio.

    «Encuentro en un aeropuerto»

    Taha Muhammad Ali (1933-2011) vivió la mayor parte de su vida como un palestino de Israel. Nació en una aldea de la provincia de Galilea, encontró refugio junto a su familia en el Líbano, cuando la guerra árabe-israelí de 1948 arrasó con su pueblo y regresó luego a Nazaret, donde murió a los 80 años. Allí escribió sus poemas y cuentos de forma autodidacta, al finalizar cada jornada como vendedor de souvenirs en la tienda familiar. No pasó del cuarto grado de escolaridad, no dirigió ninguna publicación literaria, no concibió ningún manifiesto artístico o político.

    Efecto de ida y vuelta

    Volví a sentir la mirada inquisidora de mi padre clavada en el cogote cuando tuve que hacer un esfuerzo para recordar el número de relaciones sexuales que había tenido a lo largo de mi vida. Si bien de pequeña eran lícitos los disfraces de bailarina de Tropicana para los bailes del cole, en la adolescencia, por el contrario, mi herencia cubana me venía reprochada como un estigma.

    La reina cubana del Bikini Wellness

    Su cuerpo, milimétricamente tonificado, gira a la derecha, se contonea hacia la izquierda. Muestra al público su cintura de 62 centímetros. Aún no lleva la corona, pero no faltará mucho para que el jurado de la Federación Unida de Fisicoculturismo Cubano (FUFC) anuncie que Karla es la campeona en la categoría Bikini Wellness, la primera mujer de la provincia de Pinar del Río en competir y llevarse el título.

    «En la calle está el sofoco y la sed»

    Las escenas que vemos son limaduras de lo histórico y lo ideológico vibrando en «el calor sofocante» de la isla. El autor procura en captar la intimidad del «hambre» y «la ausencia de sentidos»; la soledad metafísica de la ruina: física, social, arquitectónica, moral…

    Apoya nuestro trabajo

    El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
    Puedes contribuir a la revista aquí.
    Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: [email protected]

    spot_imgspot_img

    Artículos relacionados

    «En la calle está el sofoco y la sed»

    Las escenas que vemos son limaduras de lo histórico y lo ideológico vibrando en «el calor sofocante» de la isla. El autor procura en captar la intimidad del «hambre» y «la ausencia de sentidos»; la soledad metafísica de la ruina: física, social, arquitectónica, moral…

    Cuba: ¿un país pobre con «alto» Índice de Desarrollo Humano?

    ¿Cuba es un país pobre? ¿Cuántas personas sufren la extrema pobreza en la isla? ¿Se puede hacer caso a las estadísticas que existen al respecto? Y si es un país de pobres ¿por qué tiene un IDH alto?

    «Lo llevamos rizo», una casa para la gente negra y mestiza de Cuba

    Cuando Annia Liz cortó con 16 años su cabello...

    Tan Estrada en Villa Marista: otra voz que el régimen cubano intenta acallar

    El viernes 26 de abril, la Seguridad del Estado cubano arrestó al reportero independiente José Luis Tan Estrada, quien se trasladaba de Camagüey a La Habana. Tras unas seis horas desaparecido, pudo avisar telefónicamente que se encontraba en el centro de detención más conocido del país. Nada más se ha sabido desde entonces.

    5 COMENTARIOS

    1. Eso mismo, o algo parecido pensé yo, pero hace 74 años, cuando tenía 12. Concluí que tenía que encontrar un buen trabajo o sino meterme a gánster, porque no seria como el ganado manso que va al matadero. Entonces era relativamente fácil, 1948, Grau presidente, etc. A los 21 años era un técnico de la Cuban Telephone Company y ganaba mucho dinero. Y antes, a los 18, era un combatiente activo contra la dictadura batistiana. Paradojas del destino. Eran otros tiempos, pero si tienes buena suerte, te va bien. Lo único realmente importante en esta vida es la suerte. Lo demás es circunstancial.

    DEJA UNA RESPUESTA

    Por favor ingrese su comentario!
    Por favor ingrese su nombre aquí