En la mañana del domingo 11 de julio de 2021, Carlos no salió a vender, sino que se quedó dentro de casa, pegado a su celular, siguiendo en redes sociales la insólita protesta popular que acababa de iniciarse en un pueblito del occidente del país llamado San Antonio de los Baños.
Ninguna de las personas del público imagina el alboroto que había aquí poco antes de su entrada. La sala está llena de jóvenes que, de alguna manera, se conocen. La mayoría son muchachos que recién terminan el preuniversitario. Sus estilos son diversos, pero casi todos mantienen un código: están vestidos de negro.
La danza —que enriquece el acervo del Carnaval de Barranquilla y, más allá, de la región Caribe colombiana— representa el ahínco de los guerreros farotos que vengaron y dignificaron a sus mujeres, abusadas en la época colonial.
Durante la madrugada del 9 de febrero de 2023, más de 200 presos y presas políticos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua fueron liberados de sus cárceles y trasladados a un avión que abandonó el país a las 6:30 de la mañana. Era un vuelo sin pasaje de regreso. Esta es su historia.
¿Por qué? ¿Cómo un tipo que vivió con tanta libertad se encierra al final en una celda tan terrible? Es evidente. Yorick, un personaje cínico y burlón, que miró a todos con un halo de grandeza y los señaló despectivamente, no podía permitirse ahora volverse una diana del estigma. Él no recibiría ni la lástima ni la crítica.
Maykel era un muchacho «correcto» en muchos parámetros. Hijo de profesionales de Radio Sagua, al chico le auguraban un futuro promisorio en los gajes de la comunicación. Hasta que cogió el Sida, que en aquellos años todavía cargaba con la etiqueta de ser la enfermedad de los bajos fondos, sobre todo de los bajos fondos de la comunidad LGBTIQ.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.