La segunda vez que vi nevar estaba en Chicago. En un festival de cine. Estrenando. Estaba a punto de presentar Melaza en una de las salas de un cine múltiple.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.