La causa de la independencia fue cínicamente corrompida por el rampante oportunismo de quienes la esgrimieron, y aún lo hacen, repetidamente, para justificar su permanencia en el poder y la falta de libertades públicas. La independencia se convirtió en el discurso político cubano en un fin en sí misma, en una cuestión de orgullo nacional, un principio existencial, una obsesión, y no, como obviamente debería ser, un instrumento, la condición inicial que les permitiría a los cubanos, sin interferencia o imposiciones de otro país, conseguir una vida mejor.
Tenía veinticuatro años, y tanto en tan poco. Era ya uno de los pitchers más importantes de las Mayores, y no resulta descabellado suponer que se convirtiera también en el pitcher cubano más grande de todos los tiempos. ¿Qué significa eso? ¿Qué había y ya no habrá?
Quien paga la hora wifi a 2 CUC no se conecta para leer periódicos. La gente tiene necesidades más apremiantes: el anhelo por la madre ausente, el par de zapatos con la talla exacta o incluso unos calcetines blancos.
En una reciente búsqueda bibliográfica sobre la injertación de la pedagogía soviética en Cuba, con amparo en el método de Antón Makarenko, encuentro grotescas y graciosas evidencias de cómo lograr que grandes masas dependientes de un producto puedan ser programadas a costa de las necesidades de las minorías dominantes.
Lo que Estados Unidos derrotó en Cuba, con la generosa contribución de Fidel, Raúl y sus adláteres, fue la posibilidad, que la revolución de 1959 creó, y muy pronto fue destruida, de una nación que fuera, todo a la vez, qué enormidad, independiente, democrática, igualitaria y próspera.
Cómo fuimos tan felices entonces, no lo sé. Pero a lo que iba. El centro de La Vana estaba en la beca. Para el que no dormía allí, la beca tenía el atractivo de una moderna Babilonia.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.