Nada, absolutamente nada, como el musicalizador de los entre innings. Al gráfico del line-up chino le engancharon una melodía de Revolución Cultural, de legiones de campesinos felices cultivando arroz bajo el sol luminoso de la Patria de Mao, que la única respuesta que se me ocurre para semejante agravio es que la televisión estatal china haya presentado el line-up cubano con Barbarito Diez de cortina fondo.
No teníamos que exponer a Lázaro Blanco, si así se prefería, pero uno de los dos camaradas Vladimir bien que pudo treparse al box. Con esas seis carreras le ganábamos incluso a Batista. Solo que el abuelito tierno de Carlos Martí nos hizo saltar al terreno vestidos de Oshín.
Había un mensaje muy banal de parte de todos los artistas en concierto, y me conmovió ver niños en el público y adolescentes tararear con suma idolatría y desenfreno canciones con contenido sexual y otras inmoralidades...
Hablan de La Habana como un joven de La Habana habla de París, y quizás como un joven de París hable de Viñales. Crecerán y tendrán en sus mentes la idea de que lo maravilloso del mundo que está lejos.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.