La angustia del disidente cubano Oscar Casanella en Estados Unidos

Oscar Casanella vive bajo el acoso del miedo desde 2013. Esa sensación no lo ha dejado sentirse en paz durante 13 años. Primero, por su activismo político, sufrió durante ocho años la represión del régimen cubano, que finalmente lo forzó al exilio en 2021. Después, desde que llegó a Estados Unidos, ha estado en un limbo migratorio, a la espera de que la justicia estadounidense defina su caso de asilo político.

«Tengo mucha incertidumbre y mucho miedo de que nos nieguen el asilo […]. Lo que queremos es vivir sin miedo. En Cuba vivíamos con miedo por el acoso de la policía política cubana, y aquí con el miedo de ser deportados, a que nos detenga el ICE [Servicio de Inmigración y Control de Aduanas; siglas en inglés] y que nos deporten para Cuba o para cualquier otro país donde la inteligencia cubana tiene gran poder de acción», confesó este domingo Casanella, tras recibir la semana pasada una notificación para otra audiencia —una Master Hearing fijada para el próximo 28 de agosto — por su caso de asilo político en Estados Unidos.

Este inesperado aviso de las autoridades —típicamente una primera audiencia en un caso de asilo político— ha sorprendido y desorientado al activista cubano, ya que su juicio final se celebró el 24 de junio de 2025, y desde esa fecha, tras entregar sus últimos documentos el 11 de julio siguiente, ha estado esperando una respuesta.

«Ahora mi jueza no sabe; nadie sabe. Estoy todavía tratando de averiguar qué significa esto. No soy abogado, pero normalmente las respuestas se publican en el sitio web y también se envían por correo postal. Sin embargo, esta vez me abren una Master Hearing. Las personas que hemos transitado este camino sabemos que es la primera de las audiencias, en la que no solo se analiza tu caso, sino que hay otros muchos solicitantes de asilo en el mismo momento y espacio, presentándose ante el juez», comentó a través de redes sociales.

El activista subrayó que tanto él como su familia tienen mucho miedo de que les nieguen el asilo político. «Eso sería simplemente perder toda tranquilidad. Recibiríamos una orden de deportación. En caso de que Cuba no nos acepten, nos pueden enviar a un tercer país […]. No me siento seguro en ninguno de Latinoamérica, ni de África, ni de Asia, donde los tentáculos del régimen tienen una gran influencia. Si algo les funciona bien es su aparato de inteligencia y contrainteligencia».

Asimismo, explicó por qué es tan importante el asilo político en Estados Unidos. Casanella, de 47 años, esposo y padre de dos hijos, pudo forjar una carrera como científico y bioquímico en la isla hasta que el régimen se lo impidió por su activismo político, basado en una firme oposición pacífica al régimen y en vínculos con reconocidas organizaciones disidentes, incluidos el Movimiento San Isidro —junto a los activistas y artistas cubanos Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo— y, luego, el Movimiento 27N.  

Oscar Casanella, con su primer hijo en brazos, junto al artivista Luis Manuel Alcántara, líder del Movimiento San Isidro
Oscar Casanella, con su primer hijo en brazos, junto al artivista Luis Manuel Alcántara, líder del Movimiento San Isidro / Foto: Facebook/Oscar Casanella

En Cuba trabajó como profesor adjunto en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. También se desempeñó como investigador agregado en el Instituto Nacional de Oncología y Radiología (INOR), pero en 2016 fue expulsado de su plaza universitaria debido a presiones políticas por sus vínculos de amistad con opositores al gobierno cubano.

«Mi activismo político comenzó casi sin darme cuenta, en 1998, cuando mi mejor amigo, Ciro Javier Díaz Penedo, junto a mi amigo Gorki Águila, fundó una banda de rock crítica contra la dictadura de los Castro y el Partido Comunista», contó una vez más Casanella, quien ha dicho en múltiples entrevistas que estuvo haciendo «activismo clandestino», apoyando a su amigo, a la banda y a otros activistas políticos más visibles hasta que en diciembre de 2013 todo cambió drásticamente para él.

«Mi familia y yo estamos viviendo una pesadilla desde ese momento, cuando la policía política cubana comenzó a reprimirme de forma pública y brutal. Ese mismo mes comprendí que mi vida había cambiado para siempre», subrayó, tras rememorar que el 7 de diciembre de 2013 dos agentes de la Seguridad del Estado lo interceptaron frente a su casa. «Me sujetaron por el cuello de la camisa, me levantaron, mientras me presionaban el cuello y me amenazaron con destruir mi vida y la de mi familia. Aquella fue la primera vez que sufrí violencia física directa por motivos políticos y la primera vez que entendí que las amenazas contra mí podían ser reales. Lamentablemente, aquel no fue un hecho aislado».

Después de ese acto de represión seguirían otros, como el arresto del 30 de diciembre de 2014, junto a su esposa, Eleanne Triff Delgado, y otro familiar por tomar parte en la difusión de la acción artística El susurro de Tatlin de la artista plástica disidente Tania Bruguera.

Casanella recuerda que tras varias horas de interrogatorio fueron liberados, pero al regresar a la casa, en el automóvil de su pariente, descubrieron que varios tornillos de una de las ruedas estaban «peligrosamente flojos».

«Pocos días después del 9 de julio de 2015, Ramir Huerta Mata, ingeniero mecánico, amigo mío y hasta ese momento mecánico de los carros del negocio de mi familia, me confesó que la policía política lo había presionado en varias ocasiones para que me espiara y, además, saboteara el carro en el que yo me movía», refirió el científico exiliado. «La decisión de Ramir fue no colaborar con la policía política y, al mismo tiempo, renunciar a seguir trabajando conmigo. Me dijo que no quería ni espiarme ni, mucho menos, sabotear los carros de mi familia, poniendo en riesgo no solo el negocio, sino también la vida de quienes los conducían. La renuncia de Ramir no solo afectó al negocio de mi familia, sino que también me afectó personalmente, porque mi amigo decidió alejarse para protegerse de las acciones de la policía política».

Según su testimonio, el 3 de agosto de 2015, otro incidente automovilístico pondría en riesgo su vida y la de su familia. Ese día, a las 4:25 p.m., conducía el automóvil de su madre, un Hyundai Accent 2006, cuando fue impactado por detrás por un camión del Ministerio del Interior (MININT). «Mi padre estaba sentado a mi lado. El impacto arrojó el automóvil en medio de un peligroso cruce de calles en la avenida Carlos III de La Habana. Como resultado, la parte trasera del automóvil sufrió daños graves. Yo nunca publiqué este incidente en las redes sociales, a pesar de que conservo las fotos del choque y la denuncia que presenté en la Policía contra el MININT. En mi barrio, muchos amigos y vecinos, al ver cómo quedó el carro y enterarse de los hechos, no quisieron volver a montarse en él y se alejaron de mí por miedo».

Huellas del choque al auto que conducía en 2015 el activista cubano Oscar Casanella
Huellas del choque al auto que conducía en 2015 el activista cubano Oscar Casanella / Foto: Facebook/ Oscar Casanella

El activista sería detenido arbitrariamente en 2017 por dos agentes de la policía política. Esa vez, relató, lo tomaron por el cuello y lo empujaron contra una pared, lo golpearon en el tórax y en el abdomen. 

Ese mismo año, el 20 de septiembre, en República Dominicana, fue separado de la fila de pasajeros que volaban hacia Cuba, en el aeropuerto de Santo Domingo, junto a la activista cubana Ariadna Mena Rubio. Ahí supo que había una alerta con su nombre. «En una oficina del aeropuerto, dos funcionarios de la aerolínea, una mujer y un hombre, me preguntaron sobre mi relación con activistas contrarios al régimen cubano y me pidieron el nombre y el teléfono de la persona que me había pagado el pasaje. Me amenazaron con cancelar mi boleto de avión si no les daba esa información y también me acusaron de conspirar contra el régimen cubano. A Ariadna le cancelaron su boleto y un amigo suyo tuvo que comprarle otro inmediatamente para que no perdiera el vuelo», recordó.

Otro hecho que lo marcó como víctima de la violencia estatal ocurrió el 11 de mayo de 2019, durante una manifestación pacífica por los derechos de la comunidad LGBTIQ+, cuando cinco agentes lo golpearon mientras estaba esposado y hasta le rompieron la frente. 

«Se turnaron para golpearme en la entrada de un edificio de la calle San Lázaro, cerca de Prado», narró Casanella. «Existe un video grabado por mi amiga, la periodista Mónica Baró Sánchez, que captura todo ese momento. Mil gracias, Mónica, por documentar este evento tan traumático, que constituye una prueba del abuso y la crueldad de la policía política cubana. Mil gracias también a mis amigos Ariel Ruiz UrquiolaBoris González Arena e Iliana Hernández por plantarse frente a la estación de Policía de Zanja y Dragones, en Centro Habana, a exigir mi liberación, hasta que fui liberado cerca de la media noche».

Oscar Casanella herido después de participar en una marcha por los derechos de la comunidad LGBTIQ en La Habana, 2019
Oscar Casanella herido después de participar en una marcha por los derechos de la comunidad LGBTIQ en La Habana, 2019 / Foto: Facebook/ Oscar Casanella

Como si no bastara ese historial, entre 2 y el 15 de diciembre de 2020, estuvo bajo arresto domiciliario. Durante un interrogatorio, en la estación de Policía de Infanta y Manglar, uno de los represores, identificado con el seudónimo de «Angelito», le aseguró que «si continuaba con [su] activismo en espacios públicos, acabarían [con él] utilizando el mismo método que habían usado con Oswaldo Payá y Laura Pollán».

Después de participar en la inédita protesta del Movimiento 27N, le fue impuesta de facto una reclusión en su propia casa a lo largo de casi todo 2021. «A mi esposa y a mí nos cortaron permanentemente los servicios telefónicos y de datos móviles. Solo me dejaban salir de la casa unos pocos días al mes. Solo mis familiares y unos pocos amigos se atrevieron a visitarme, mientras permanecía en prisión domiciliaria. Los mismos esbirros que me sitiaban, me dijeron que, si no me iba de Cuba en un mes, me iban a llevar a prisión por sedición. Salí del país el 10 de diciembre de 2021 y llegué a la frontera sur de Estados Unidos el 16 de enero del 2022, donde recibimos un documento I-220 A».

Oscar Casanella y su hijo mayor junto al activista exiliada Anamelys Ramos
Oscar Casanella y su hijo mayor junto al activista exiliada Anamelys Ramos / Foto: Facebook/Oscar Casanella

«Mi familia y yo queremos vivir sin miedo: ni a la policía política cubana, ni a la inteligencia cubana, ni a ICE», ha insistido el activista, quien asegura estar profundamente agradecido a los Estados Unidos por haberle permitido poner a salvo a su familia durante casi cinco años. «Queremos vivir en un lugar donde podamos dormir tranquilos, sabiendo que tenemos un estatus legal, y no como ahora, que nos sentimos como nómadas, sin un Estado que nos proteja». 

Oscar Casanella siente que aún su pesadilla no termina… Vive con «mucha ansiedad»; «está muy deprimido por todo esto». 

«No acaba de cerrarse este capítulo», dijo la tardenoche de este domingo. «Queremos tener un lugar donde decir aquí vamos a estar y vamos a dormir tranquilos, no estamos ilegales, nadie nos va a detener, nadie nos va a atrapar, encarcelar y deportar. Ni dentro de Cuba ni fuera».

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Katia Monteagudo
Katia Monteagudo
Nació en el centro de Cuba, pero es ya chilanga por adopción. Pertenece a la generación del linotipo, a la mismísima era del plomo, pero sigue en el oficio por puro deseo casi 40 años después de haberse licenciado en la Universidad de La Habana.

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