El olor del café en San Isidro

*El pasado 9 de noviembre la policía detuvo al rapero contestatario de 31 años Denis Solís, y el Tribunal Provincial de La Habana lo condenó en juicio sumario a ocho meses de prisión por el supuesto delito de desacato. Esta injusticia ha llevado a que el Movimiento San Isidro (MSI), organización a la que el rapero pertenece, emprenda una lucha que no solo busca su liberación, sino la de todos los cubanos de una vez. Luego de exigir algunas demandas puntuales, varios miembros del MSI han comenzado tanto huelgas de hambre como de hambre y sed. Están dispuestos a morir, han dicho.

***

La cabeza me pesa. Me acuesto en la esquina del único colchón ubicado en la segunda planta, donde duermen ahora Iliana y Omara. Aprovechamos a ratos, cuando se desocupa, y caemos desplomados: un tiempo de recarga. Mi cuerpo se recarga al mismo tiempo que mi celular. Sé bien el peligro que supone la posibilidad de que mi cuerpo llegara a descargarse completamente. Él y yo sentimos el peso de las horas.

Me llega el olor del café. Un olor que se va colando en la casa y que me parte el alma cuando miro a los huelguistas. La vecina se ha llevado la cafetera grande y la que tenemos ahora es de apenas dos tazas. La compartimos entre cinco. Paladeo el último sorbo y pienso en cuando se nos acabe. ¿Qué haremos… qué haré yo cuando se nos acabe el café? ¿Qué me reactivará? Me mojo los labios y pienso en los labios de Oscar. Desde ayer ya todos tienen los labios resecos. Oscar camina entre nosotros con el labio inferior cuarteado. Me reactivarán muchas cosas, comprendo enseguida: los cuerpos al límite de su funcionamiento, las náuseas y la fe.

¿Nos alcanzará el tiempo? No dependen de nosotros nuestras vidas. Ya algunos han decidido entregar la suya a la causa de la libertad. ¿Cómo no se puede entender esto? ¿Cómo no se puede respetar la creencia y la voluntad del otro? Nadie aquí quiere morir. Pero nadie aquí quiere tampoco regresar: nadie quiere ceder, nadie quiere temer, nadie quiere perder. No nos sirve de nada el miedo, en la misma medida en que no nos sirve de nada el dolor. Solo tenemos la voluntad y la creencia en nosotros mismos.

Llegará el momento en que Iliana no podrá hablar, y puede que Iliana sea la huelguista con mayor resistencia: una de las únicas cubanas que atravesó 240 kilómetros de Sahara en el maratón des Sables. Iliana pinta sus labios de rojo todas las mañanas y empieza con sus directas. Su boca es una pista que se quema bajo el sol de San Isidro; una pista por la que su lengua atraviesa todos los días batiendo un olímpico déficit calórico.

Ayer Iliana solo hizo una directa. El jueves hizo diez, y una de ellas es esa en la que impiden que su madre cruce el cerco de agentes de la seguridad. Ella vino a ver a su hija, que está decidida a morir en huelga de hambre. Gritaba a pecho abierto mientras veía cómo se la llevaban en plena calle con los brazos abiertos.

¿Las personas que nos vieron en esas tantas directas de Iliana, en los primeros dos días de huelga, o las personas que nos vieron en esa única directa del tercer día de huelga, acaso no han empezado a preguntarse por qué nos ven menos? Las personas empiezan a preguntarse por qué no nos ven en tiempo real, o por qué la información que surge en las redes no alcanza. Sepan que nada nos alcanza; ni siquiera nuestros cuerpos nos alcanzarán. Solo la fe de ir acompañados hasta la meta, si es que existe un final para este maratón…

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3 COMENTARIOS

  1. Bendiciones para todos. Mi apoyo total al Movimiento San Isidro.
    Sigo pensando que esa huelga de hambre y sed es hacer el juego de la dictadura pero tengo mucho respeto para todos. Seguimos pendiente desde Francia. Fuerza guerreros

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