Las masivas protestas del 11 de julio de 2021 demostraron que el miedo podía romperse. Las que hoy recorren Cuba demuestran que esa lección sobrevivió a la represión.
Si hasta hace poco le robaban el tiempo, ahora le han quitado su espacio. Su nueva condena será observar, a la distancia, que Cuba ni siquiera es aquella que dejó de ver el 11 de julio de 2021.
«Creo en una Cuba en que nos aceptemos tal cual somos, sin doble moral, tertulias de pasillo y odios acumulados en una urna que nadie sabe qué contiene hasta que se abra. Un país donde decir lo que se piensa no se reprima y sea la razón de cada día. En que podamos elegir al gobierno. En que la falta de alimentos sea comidilla del pasado. En que se trabaje honradamente y el salario sea salario».
El activismo contra las violaciones de derechos humanos en Cuba implica un desgaste constante para la salud mental de las madres y esposas de los presos políticos. Desde la sociedad civil cubana, diversas iniciativas intentan ser un sostén económico y psicológico.
El viernes 26 de abril, la Seguridad del Estado cubano arrestó al reportero independiente José Luis Tan Estrada, quien se trasladaba de Camagüey a La Habana. Tras unas seis horas desaparecido, pudo avisar telefónicamente que se encontraba en el centro de detención más conocido del país. Nada más se ha sabido desde entonces.