Las luces se apagan, los ventiladores se detienen y los televisores y equipos de música enmudecen y cortan el sonido a media nota. Los backup de los ordenadores de mesa empiezan a pitar y avisan que el respaldo se agota. El silencio lo cubre todo. Si el apagón llega en medio de la noche, puede escucharse a lo lejos alguna que otra exclamación de furia, y si se alarga demasiado, oyes los inconfundibles golpes de cazuelas.
A los cinco años, Lino era capaz de levantar mucho peso, más que cualquier otro niño de su edad, y a los siete, dice, contaba con la fuerza suficiente para arrancar con sus manos una ventana o quebrar una mesa de madera con los puños. Por entonces dejó de golpearse el cuerpo con un palo de escoba para hacerlo con un martillo, y probar así sus límites.
La curaduría independiente en Camagüey no es una tarea fácil. En diez años he podido concretar solo unos pocos proyectos. El ambiente de la provincia es lento y cerrado. Decía Thomas Merton, exagerando, pero con razón, que en Camagüey la gente se iba a dormir a las nueve de la noche.
¿Por qué? ¿Cómo un tipo que vivió con tanta libertad se encierra al final en una celda tan terrible? Es evidente. Yorick, un personaje cínico y burlón, que miró a todos con un halo de grandeza y los señaló despectivamente, no podía permitirse ahora volverse una diana del estigma. Él no recibiría ni la lástima ni la crítica.
Maykel era un muchacho «correcto» en muchos parámetros. Hijo de profesionales de Radio Sagua, al chico le auguraban un futuro promisorio en los gajes de la comunicación. Hasta que cogió el Sida, que en aquellos años todavía cargaba con la etiqueta de ser la enfermedad de los bajos fondos, sobre todo de los bajos fondos de la comunidad LGBTIQ.
El caso 2648 llegó al Sanatorio de Los Cocos, en Santiago de Las Vegas, inconsciente, víctima de un infarto cerebral y con varios órganos comprometidos. Había intentado suicidarse mediante la ingesta de 350 fármacos. Los psiquiatras, militares como el resto de médicos que allí fungían, ordenaron su ingreso obligatorio.
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.
El esfuerzo cubano por la libertad tiene en sus héroes y sus heroínas la savia del país futuro. El registro de los luchadores prodemocracia que fallecen cada año ofrece, al mismo tiempo, un mosaico de las características generales y los detalles de esa empresa.
El gran tema político del futuro cercano en Estados Unidos se centrará en qué rama del populismo económico puede responder mejor a la necesidad de que una mayoría de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, vuelva a sentirse partícipe de ese crecimiento, y traducir el descontento económico en propuestas concretas sobre salarios, vivienda, impuestos, competencia empresarial y poder corporativo.