Ciertamente algunos van a la Comuna buscando las huellas del terror; esa forma turismo que se ha comido los encantos de las ciudades colombianas en las mentes catalogares de los extranjeros. Pero también el arte urbano le ha otorgado un plus pintoresco al barrio.
En el verano de 2016 Rowan Ricardo Phillips desgarró uno de sus tendones de Aquiles jugando al tenis, una práctica heredada de su padre, quien no era ni académico ni deportista, sino un camionero de origen antigüeño con residencia en North Bronx.
Desde el martes Yadira, Bárbara, Alexei y su mamá han consumido tres cajas de té, para pasar la noche, mientras conversaban a oscuras, sin electricidad. Solían hacerlo a la luz de unas velas hasta que ayer, viernes, a las 9:00 pm, cinco días después del tornado, la lámpara de la sala se encendió.
Las personas más viejas aseguran que el tornado fue peor que cualquier huracán. Los huracanes, por lo menos, se pronostican, dan tiempo a prepararse, no llegan tan repentinamente. Se nombran Flora, Iván o Irma. Cuando pasan, se sabe que son huracanes.
La Universidad de La Habana ha abierto su red wifi a la juventud para que todos participen en un “Twittazo por Martí”. La Federación de Estudiantes Universitarios ha indicado que todos los tuits, digan lo que digan, deben usar la etiqueta #YoVotoSí.
El evento produjo tormentas locales severas con vientos que alcanzaron en rachas los más de 300 kilómetros por hora. Cayó granizos en La Habana y un tornado F4 destrozó varios municipios: Regla, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, 10 de Octubre...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.