Luis Manuel Otero: un performance «milagroso» en las calles de La Habana

La madrugada de este jueves 19 de febrero, el artista Luis Manuel Otero, preso en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, y la curadora Anamely Ramos, exiliada en Estados Unidos, lanzaron en una calle de Párraga, localidad ubicada al sur de La Habana, el performance Maferefun, de la serie Momento cero.

Decenas de estatuillas de distintos santos del panteón sincrético cubano, entre los que destacan varios San Lázaro, la Virgen de Regla, Santa Bárbara y la Virgen de la Caridad del Cobre, amanecieron en un barrio popular de la ciudad, como un gesto artístico y cívico que envía un mensaje de fe, pero también de movilización, en medio de la terrible crisis social, económica y política que atraviesa Cuba, un país trágicamente fallido.

El primer juego con lo «milagroso» viene dado porque ni Otero ni Ramos se encuentran libres en Cuba, y ninguno de los dos pudo ejecutar el performance por su propia cuenta. Sin embargo, ambos se han encontrado de esta manera en la ciudad de la que fueron expulsados por el poder político. Otero hacia adentro y Ramos hacia afuera.

«Hoy hacemos una marcha de santos de diferentes tamaños y colores», ha dicho Otero a El Estornudo. «El santo que está en casa en el altar, sea en lo alto o escondido en una urna, hoy sale a la calle para enseñarnos a estar conectados. En tiempos de carencia e incertidumbre, donde no parece haber presente o futuro para los cubanos de a pie, para aquellos que no pueden escapar o regresar, pareciera que estamos en manos de poderes divinos que juegan con nuestras vidas a su antojo», añadió el líder del Movimiento San Isidro, y uno de los presos políticos más relevantes de la isla.

Cuba vive horas decisivas, mientras corren rumores y aparecen noticias que confirman negociaciones entre miembros de la familia Castro y altos funcionarios estadounidenses, luego del bloqueo petrolero que Washington ha impuesto a la isla recientemente, como un modo de presión política.

Para Otero, este grupo de santos en Párraga, milagrosos, desvalidos, pero también más potentes que todo lo demás, nos enseña que, «a pesar de los diferentes colores o tamaños, tenemos que salir y romper la vitrina de cristal».

El régimen castrista aún mantiene en sus cárceles a más de 700 presos políticos, la mayor parte de ellos por haber practicado lo que ahora este performance nos recuerda: «que hay que mantener la fe en la calle, el lugar donde somos los dueños de nuestras vidas y futuros».

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