Del sillón de la sala de la casa del reparto Fructuoso Rodríguez de Cárdenas, Lázara Karenia González Fernández se levanta con cuidado, como si algo se le fuera a caer al piso. No tendría por qué pararse así, le dice su hermana desde el otro lado de la línea telefónica. Se agarra la barriga como una recién parida, pero en realidad tiene 18 semanas de embarazo.

Lázara es muy noble, el mismo carácter de su papá. Su hermana Kirenia pensaba que con la cárcel se iba a endurecer, pero qué va, dice, nada de eso. Tiene 29 años. Debe entrar en la prisión de mujeres de Belloté, ubicada en la provincia de Matanzas, donde recientemente se han reportado falta de agua y cortes en el servicio de electricidad. 

Lleva puesto un vestido negro ajustado y fresco, y ha preparado una mochila y una bolsa de T.J. Maxx que sus hermanas —Kirenia y Kenia— han llenado desde Miami, como mismo estuvieron haciendo durante los nueve meses que ella permaneció encarcelada. Leche en polvo, yogur, mantequilla, pomos de mayonesa. Mientras una compraba los insumos, la otra pagaba el envío a Cuba. Gastaban hasta 500 dólares por mes.

El pasado año, un poco antes de estas fechas, Lázara llegó a su casa rendida en llanto y llamó a Kirenia, quien vive con su esposo y sus dos hijos en Miami. Se sentó en el mismo sillón con un enojo incontrolable. Había bajado a comprar platanitos de fruta. De regreso a casa, un niño que caminaba detrás con su mamá se fijó en la bolsa de platanitos. El niño le pidió a la madre que por favor le preguntara a la chica dónde había comprado los platanitos. «Mamá, que le preguntes dónde compró los platanitos», decía. La madre que no, que no tenía dinero para eso. «Que no tengo dinero para platanitos», respondió. Lázara sacó tres platanitos de la bolsa y le dijo al niño que uno era para él, otro para su mamá, y el tercero para que se lo comiera más tarde. La madre empezó a llorar y decía no, mija, no se lo des, tú sabes que los muchachos son así, pero Lázara que, por favor, que con ella no tenía que tener pena ninguna. Y llegó a su casa en puro llanto.

«Yo no sé si tú sabes que cada platanito de fruta ahora en Cuba cuesta diez pesos», me dice Kirenia. «Ella llegó a la casa muy mal por eso. El día que se la llevaron presa yo le dije a mi hermana Kenia que esto lo veía venir. Ella es una niña que tiene de todo, porque tiene dos hermanas aquí en Estados Unidos. Cuando en este país la gente pasa trabajo para comprarse un reloj de Apple original o un IPhone 13, Lázara ya lo tiene en Cuba. Pero ella es así».

En el Expediente en Fase Preparatoria No. 123 de 2021, se expone que Lázara Karenia González Fernández participó, el 11 de julio de 2021, en las protestas supuestamente alentadas desde Estados Unidos para «desestabilizar el orden económico y social de nuestro país», gritando consignas como «Hay hambre». También gritó: «Patria y Vida», «Díaz-Canel singao» o «Medicinas para el país», según el documento al que tuvo acceso el portal de noticias CiberCuba.

Kirenia no recuerda que antes del 11 de julio de 2021 Lázara haya estado relacionada con algún grupo opositor al gobierno cubano. «Ella nunca se había reunido con nadie. Yo aún no me lo creo. La semana antes del estallido me contó cosas que le molestaban».

A lo que más llegó Lázara, hasta entonces, fue a maldecir al país cuando, por ejemplo, se iba la luz, o cuando no había agua. Cosas al estilo de «el país de mierda este».

Cuando el 11 de julio de 2021 estallaron en Cuba protestas populares nunca antes vistas desde que el castrismo llegó al poder, Lázara fue una de las mil 484 personas detenidas por salir a las calles y una de las 218 mujeres, de acuerdo con los registros de la organización Cubalex y Justicia 11J. Un grupo de militares, policías y boinas negras de ambos sexos la detuvieron violentamente, la subieron a un camión, y su familia solo obtuvo fe de vida luego de varios días.

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«Lázara gritó mucho. Tenía el pelo muy rubio, un pullover rojo. En los videos salía gritando “Abajo Díaz-Canel”, y todo el mundo respondía “Abajo”. La tomaron más como líder, no como una del coro, sino como la que inició el coro», explica Kirenia.

Existen videos en que se ve una multitud avanzando por la Calle Real de Cárdenas rumbo a la sede del Partido Comunista. Aparece Lázara, con su motor eléctrico en las manos. De pronto se acercan los uniformados, que la rodean y la inmovilizan en la vía pública, la agarran por el cuello y la tiran contra el pavimento, mientras se escucha una voz de fondo que grita: «Mira, le están dando, caballero, defiéndanla, caballero… ¿No se van a meter?». 

Luego, a través de una joven que estuvo en la misma cárcel, la familia se enteraría de que Lázara tuvo hematomas en el cuerpo, y una inflamación en los ganglios del cuello que le impidió ingerir líquidos durante cuatro días.

La madre y las hermanas de Lázara tuvieron fe de vida de la joven el 19 de julio, cuando su abogado pudo ir a la prisión. 

Cuando su madre —una señora de 56 años a quien hace siete la operaron de un tumor cerebral que le hizo perder la visión de un ojo, y a cuyo cuidado se dedicó Lázara desde entonces, tras renunciar a su trabajo en un restaurante— se dirigió a la estación policial para saber de su hija, también fue interrogada durante horas y, a continuación, encerrada por ocho días en un calabozo. La madre había acompañado a Lázara durante la manifestación en la Calle Real. Le advirtieron que, si volvía a hacerlo, sería encarcelada nuevamente. 

Lázara estuvo 36 días en una celda donde había tantas mujeres que casi ni se podían acostar. Cuando tocaba la comida, los encargados no avisaban y tiraban las bandejas por debajo de la puerta; las bandejas muchas veces chocaban con los pies de las reclusas, y la comida se derramaba en el suelo. Después Lázara contaría a su familia que los primeros días se quedaban sin comer. Pero con el tiempo se comerían la comida del piso. 

Del calabozo las fueron sacando poco a poco. Algunas salieron tras firmar un documento donde se comprometían a no tomar más las calles. En caso de que se enteraran de alguna manifestación popular, la denunciarían de inmediato ante las autoridades. 

«A Lázara la llamaron y se lo propusieron y dijo que primero muerta. La tuvieron una noche parada frente a una pared sin comer. Al otro día le volvieron a preguntar y ella dijo que podían hacer lo que fuera con ella, pero que ella no hizo nada y que iba a salir de ahí con la cabeza en alto. No firmó el papel», asegura Kirenia. 

La negativa de Lázara dejó desconcertado a un teniente de la prisión. «Yo te voy a dejar mi número de teléfono», dijo el teniente. «Porque el camino es muy largo y te puede dar sed». 

A los 28 días, Lázara pudo llamar a su mamá. La familia no había sabido más de ella, pero la llamada solo duró un minuto. «Solo pudo decir: “Mima, cuídate mucho; dile a mis hermanas que las amo mucho”», cuenta Kirenia. «Una oficial le quitó el teléfono y le dijo: “Oye, so perra, tú no amas a nadie, porque si tú no amas a la Revolución, tú no puedes amar a nadie”». 

Una semana después a Lázara la reubicaron en el cubículo de «pendientes» de la prisión, donde estuvo hasta que celebraron su juicio los días 15, 16 y 17 de marzo. Al juicio, Lázara asistió con su bata de embarazada.

Lázara Karenia / Foto: Kirenia Fernández

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Kirenia cree que fue en uno de los pabellones —como llaman en Cuba a los espacios de visita donde los reclusos mantienen intimidad con sus parejas— donde salió embarazada. Lázara tenía un novio que la visitaba y le llevaba las bolsas de comida que las hermanas enviaban desde Estados Unidos. En comparación con otras cárceles cubanas, Kirenia dice que en la prisión de Belloté son bastante comprensivos con el tema de la comida. Por ejemplo, aunque las frutas están prohibidas porque, a petición de los presos, pueden ser inyectadas con bebidas alcohólicas, a Lázara le permitieron pasar algún que otro platanito.

Del embarazo se dio cuenta tarde. La ausencia del periodo menstrual no fue un indicio, pues desde que cayó presa empezó a tener irregularidades que se convirtieron en meses sin sangrar. Lo que la alarmó fue el café. Lázara adora el café, y llegó el día en que ya no podía ni olerlo. También comenzó a sentirse mal. Vomitó. Luego se hizo un test de embarazo que resultó positivo. 

«Haciéndose todas esas pruebas del embarazo le sale que tiene una cardiopatía, pero también podrían ser episodios de presión arterial alta, lo cual se le desató en la prisión», dice Kirenia, quien ya ha comprado junto a Kenia baberos, biberones, pañales, y todo lo que conforma una canastilla para bebé. «Lo único que nos falta es el coche, la cuna y el colchón», asegura.

Lázara tiene debilidad por los niños. Con solo diez semanas de embarazo fue a una consulta médica donde la doctora mira al monitor de una computadora mientras desplaza el transductor sobre su abdomen. En la pantalla aparece el útero con el saco gestacional y un embrión dentro. «Lázara, qué edad tienes?», quiere saber la doctora. Lázara contesta que 29. «¿Policlínico?, le preguntan. «Moncada», responde. «¿Qué tiempo tienes de embarazada?», indaga la doctora. «Creo que diez semanas. Es que no recuerdo bien», dice Lázara. 

«Ella siempre quiso ser mamá», explica Kirenia. “Ella ve a un niño y tiene esa química. Cuando salió embarazada le preguntaron: “¿Tú lo quieres tener a pesar de la situación en la que estás?”. Y ella dijo que no se lo sacaría, que no sería capaz de hacer algo así. Es la primera vez que sale embarazada».

El día del juicio la acusada asistió en bata, y su panza empezaba a asomar. La fiscal Idania Miranda Ferrer habría asegurado, según la hermana de Lázara, que el embarazo no era un problema, que en sus largos años de trabajo había visto mujeres embarazadas «montarse en un camión bajo el sol con un machete en la mano e ir cortar caña». 

fiscal Idania Miranda Ferrer

La madre de Lázara estuvo presente en el juicio, donde había, según la familia, «testigos falsos y amañados». También se encontraba el abogado defensor Nelson González.

«Ese abogado lo buscamos porque es el mejor que tiene Cárdenas y la provincia de Matanzas», afirma Kirenia. «Al principio nosotras no confiábamos mucho en él, porque no lo conocíamos y pensábamos que era uno más de la dictadura. Pero con el tiempo nunca le pudimos señalar ninguna mentira; nos dimos cuenta de que todo lo que él hacía era para defenderla, era lo justo. Su defensa fue espectacular».

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En un primer momento la Fiscalía solicitaba para Lázara ocho años de privación de libertad por los delitos de desorden público, desacato y atentado. De acuerdo con su expediente, además de haber gritado «Patria y Vida y otras cosas en contra del Presidente y de la Revolución», Lázara, en el momento de su detención, «opuso un poco de fuerza y le lanzó una galleta a la patrullera pero no llegó a darle».

Por eso se le acusaba de atentado, pero al no tener sustento se cambió por el delito de resistencia. Finalmente, Lázara fue condenada a «tres años y seis meses de privación de libertad subsidiada trabajo por correccional con internamiento», según reza la sentencia.

Página de la sentencia de Lázara Karenia y 16 detenidos más tras las protestas

«Para mí la sentencia resulta excesiva, pero eso es fruto de la decisión de un juez del que respeto su profesionalidad. O sea, yo defendí su inocencia, pero en Derecho el respeto al debate y al criterio jurídico ajeno es esencial», afirma González, su abogado defensor.

Al preguntársele si considera que los juicios del 11-J están politizados —algo que han denunciado opositores, defensores de derechos humanos e incluso entidades internacionales, cuyos argumentos recientemente han encontrado sustento en un video filtrado donde, en una reunión con personal del Ministerio del Interior, el vicepresidente del Tribunal Supremo de Cuba, Rubén Remigio Ferro, reconoce entre otras cosas que «los jueces son de la Revolución»—, González responde: «Es muy infantil o superficial decir que los juicios del 11 de julio no tienen un fondo político; eso creo que no es creíble desde ningún punto de vista. El 11 de julio es una experiencia institucional para todo el mundo, en todo el país, incluyendo la nuestra, en la cual nos tuvimos que preparar porque no había una experiencia anterior. Yo defendí una inocencia de Lázara Karenia, y como alternativa, para mejorar la sanción, reconocí algún delito. Ahora, yo tengo mi criterio y eso viene de un debate constitucional».

«Aunque la nueva Constitución expresó el derecho a manifestarse, el tema es que no hay una ley que explique esa manifestación», advierte el letrado. «Entonces, en mi perspectiva, hay una laguna legislativa, porque ¿qué quiso decir el legislador constitucional con que tú tienes derecho a manifestarte? ¿A qué tipo de manifestación se hace referencia? En mi opinión lo que falta es explicar a través de una ley de desarrollo que ponga límites a esa manifestación como sucede en todos los países».

Según González, quien ha defendido a otros sancionados a raíz del estallido popular de hace un año, nadie le ha puesto límites a su trabajo.

«Esto te lo digo con toda responsabilidad. Si un juez se va a sentar en un estrado a decir lo que alguien le dice que tiene que hacer con algún interés político, que no se siente», enfatiza.

«¿Qué esperanzas tienen los manifestantes? Las esperanzas van paralelas a un cambio del enfoque de este tipo de delitos de manifestación; conceder o no ese derecho que es constitucional, que en todos los países existe, y en este no, con lo cual yo estoy en desacuerdo», sostiene. «Manifestarse no debe ser delito, no debe estar criminalizado ni debe ser una conducta de interés para el derecho penal. Ahora, si desde la manifestación como derecho constitucional usted se protege, se esconde, la usa como plataforma o escenario para cometer otras conductas delictivas, entonces sí considero que se debe criminalizar».

«Yo tengo mi conciencia tranquila. Mi trabajo está tranquilo. Mis escritos están desde el primer día fundados desde los fundamentos legales a partir de las convenciones internacionales y mi opinión desde el punto de vista de la ley cubana. En eso he tenido total libertad. Y si no la tuviera cuelgo la toga con toda la decencia y con toda la valentía», asegura el jurisconsulto Nelson González. 

Lázara Karenia / Foto: Kirenia Fernández

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Tras el juicio, Lázara, quien no se excusó delante del Tribunal por haber participado en las protestas del 11 de julio, y quien ratificó su postura en contra del sistema en Cuba, fue llevada a una celda donde estaban una mujer que había prendido candela a su marido, otra que había golpeado con un martillo en la cabeza a su madre, otra que había intentado cortarse las venas y amenazaba con cortárselas a las demás, otra que la miraba fijo toda la noche, y otra que intentó ahorcarse en el baño y ahora era enfermera de la penitenciaría.

En abril Lázara fue trasladada a su casa del reparto Fructuoso Rodríguez; la que compraron sus hermanas desde Miami para salvar a la madre de vivir en la cuartería donde habían pasado casi toda la vida. Allí debía esperar hasta saber la decisión final del Tribunal de Apelación.

En la sentencia de su caso —emitida junto a las de otros 16 acusados, todos hombres—, la autoridad afirma que el estado de embarazo de Lázara, «del que se dio cuenta al órgano judicial de apelación en la vista, como un elemento evidentemente nuevo, actual y sobrevenido, no debe ni puede erigirse como argumento para solventar una modificación de la acertada respuesta penal acordada por el foro judicial municipal», sino que «debe ser jurídicamente valorado como una cuestión a solventar sobre la fase de ejecución de la pena, con potencialidades de hacer uso del aplazamiento temporal de la ejecución de la sanción».

Según su abogado, Lázara puede solicitar una suspensión de la sanción debido a su embarazo, algo que no ha hecho porque prefiere cumplir el tiempo en la cárcel antes de que nazca su bebé. «Ella no ha ejercido el derecho que tiene de proponer al tribunal el aplazamiento. Quiere comenzar por razones obvias. De lo contrario tiene que esperar a que la criatura tenga un año para volver a ingresar a la prisión», explica González. 

«Ya Lázara Karenia fue sancionada en virtud de una sentencia que también fue ratificada por un tribunal de apelación. O sea, que hoy no existe posibilidad alguna de que se le reduzca su sanción, porque ya la sentencia es firme. Solo falta que se ejecute», agrega el letrado.

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Cuando este 7 de julio Lázara Karenia González Fernández se presentó en el Tribunal de Cárdenas, vestida de negro, cargando una mochila y una bolsa de T.J. Maxx con todo lo necesario para volver a entrar en prisión, le comunicaron que aún se está a la espera de la medida correspondiente en su caso. 

Ahora Lázara se encuentra en un momento de indefinición. «A veces se le pierde la mirada, se da mucho sillón», dice Kirenia, quien junto a Kenia ha desatado una gran campaña en redes sociales por la liberación de su hermana menor. «Después de que salió de la prisión está así. Cuando le preguntas cómo se siente, se hace la que no tiene nada y que todo está bien. Pero si te pones a observarla, tiene la mirada temerosa».

Kirenia haciendo campaña por su hermana

A un año de las protestas del 11 de julio en Cuba, 701 manifestantes permanecen en detención: 632 hombres, 64 mujeres, y cinco personas cuya identidad de género es no binaria o se desconoce, de acuerdo con los informes de Cubalex y Justicia 11J. 

Tras La Habana (76) y Mayabeque (25), Matanzas (23) fue la provincia donde se reportó mayor cantidad de mujeres detenidas a raíz del estallido social. Desde el mes de julio de 2022, han estado tras las rejas por esa cuestión al menos 27 madres de toda la isla, de las cuales 16 han sido condenadas en juicios ordinarios; sus sanciones en juicios de primera instancia se extendieron hasta 20 años de privación de libertad.

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