De nuestra generación, esa que carga con el pecado y la culpa de haber creído, ingenuamente, en un proyecto frustrado, algunos hemos despertado, pero tal vez, efectivamente, demasiado tarde. Ya no tenemos las fuerzas para enfrentarnos ni siquiera a nuestras propias conciencias.
Desde 2022, a Nancy se le puede encontrar diariamente en un banco del Parque de la Fraternidad, a dos cuadras de donde duerme. Allí se sienta con sus piernas hinchadísimas, como dos inmensas columnas griegas, que le impiden recorrer largas distancias. Allí también solicita la ayuda de quien le pase por delante.
Me dicen que aquel lugar ruinoso de la esquina de 12 y 17, en El Vedado habanero, que antes fue una fonda para miserables y, mucho más atrás, un restaurantillo estatal con relativo éxito, es ahora un lugar limpio y «decente».
I.
Aquejada de infancia
de la ferocidad de los mayores
de la niña de pelo caoba
y sus molares de leche
—la hermana de marras—
hay cosas que no sabré...
Javi voló a Moscú y, de allí, a los Emiratos. La última foto en casa con su hermano Alec le rompe el corazón a cualquiera. Abrazados frente a la cámara, abatidos y al mismo tiempo estoicos. Si una imagen pudiera capturar la manifestación de la tristeza, es esa: la mirada de dos hermanos de 23 y 14 años, tan apegados como ellos, a punto de una separación brutal. Observándolos, caí en cuenta de que presenciaba la repetición de mi propia historia: el momento en que me separé de mi hermano.
«La fotografía de calle es de 99 por ciento fallar, como diría Alex Webb. Llegué a esta fotografía fallando y redescubriéndome. Ya no me gusta tanto ir a donde haya mucha pose. Me gusta ir a donde hay imágenes que tengan que ver con la calle. Mi manera de ver ahora ha evolucionado a capas y reflejos».