A los cinco años, Lino era capaz de levantar mucho peso, más que cualquier otro niño de su edad, y a los siete, dice, contaba con la fuerza suficiente para arrancar con sus manos una ventana o quebrar una mesa de madera con los puños. Por entonces dejó de golpearse el cuerpo con un palo de escoba para hacerlo con un martillo, y probar así sus límites.
Si le preguntas a Feal cuáles son los temas de su trabajo, te dice que la noche, la fiesta, y sigue: «Siento que pertenezco a una tradición de cine documental de los sesenta, de esa fotografía avant-garde». Suma estos temas: «Mi generación de artistas, La Habana, la resistencia cultural, lo friki, lo alternativo, ciertos espacios de libertad en Cuba...».
Su cuerpo, milimétricamente tonificado, gira a la derecha, se contonea hacia la izquierda. Muestra al público su cintura de 62 centímetros. Aún no lleva la corona, pero no faltará mucho para que el jurado de la Federación Unida de Fisicoculturismo Cubano (FUFC) anuncie que Karla es la campeona en la categoría Bikini Wellness, la primera mujer de la provincia de Pinar del Río en competir y llevarse el título.
El viernes 26 de abril, la Seguridad del Estado cubano arrestó al reportero independiente José Luis Tan Estrada, quien se trasladaba de Camagüey a La Habana. Tras unas seis horas desaparecido, pudo avisar telefónicamente que se encontraba en el centro de detención más conocido del país. Nada más se ha sabido desde entonces.
Pedro Albert Sánchez es abiertamente «cristiano». Algo de mártir tiene. Y también de profeta. Cada una de sus acciones, consideradas «exitosas» solo en un plano simbólico, tributa al orgullo de haberse mantenido fiel a sus ideas. El profe condensa en sí mismo todo el imaginario cristiano. El sacrificio es su satisfacción.
Este 24 de febrero, a sus 98 años, murió Neris Amelia Martínez Salazar, la exempleada doméstica que nunca pudo domar a su otra yo. Dicen que también murió Juana Bacallao, que como vinieron al mundo juntas, juntas también se fueron. Pero eso nadie puede asegurarlo.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.