Quitar los muebles de una casa es como descarnarla, queda un agujero de significados. Debajo de la insensibilidad de los muebles, el arraigo es poderoso y no se supera de pronto.
Si algo dejan los ciclones, luego de los días, es una normalidad que asusta. Como que sea normal, por ejemplo, que a alguien se le caiga un día la casa.
Dos horas y media antes de la salida del avión Boeing 737 de La Habana, tres periodistas habían chequeado sus boletos y habían pasado hasta las taquillas de Inmigración, donde las autoridades cubanas les impidieron abordar su vuelo.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.