En un mundo perfecto o, por lo menos, más justo, El motel del voyeur sería un libro firmado por Gerald Foos, con prólogo de Gay Talese. Pero ya sabemos que el viejo periodista es como un cantante pop: con tres acordes se hace un canto a sí mismo.
Quitar los muebles de una casa es como descarnarla, queda un agujero de significados. Debajo de la insensibilidad de los muebles, el arraigo es poderoso y no se supera de pronto.
Si algo dejan los ciclones, luego de los días, es una normalidad que asusta. Como que sea normal, por ejemplo, que a alguien se le caiga un día la casa.
Dos horas y media antes de la salida del avión Boeing 737 de La Habana, tres periodistas habían chequeado sus boletos y habían pasado hasta las taquillas de Inmigración, donde las autoridades cubanas les impidieron abordar su vuelo.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.