Crónicas

Días de Coronavirus (X)

Se me terminó la mermelada de higos. Hoy desayuné una tostada con aceite de oliva y una taza de té. La actividad de los...

Días de coronavirus (IX)

En el hemisferio norte, en una de cuyas provincias más pintorescas estoy confinado, hoy comenzó la primavera. El reloj marcaba las 04:50 en mi...

Días de coronavirus (VIII)

No deja de ser curioso que sea en El Estornudo que yo escriba estas crónicas desde el confinamiento. Digo, porque estornudar no es uno...

Días de coronavirus (VII)

Pascal escribió que la mayoría de los problemas que se buscan los hombres les ocurren por no saber estarse quietos en una habitación. Y,...

Días de coronavirus (VI)

Cuando desperté esta mañana llovía y me pregunté si la lluvia alejaba o multiplicaba el virus. Me vino a la mente la voz «miasma»,...

Días de coronavirus (V)

Me conmueve y a la vez me electriza saber que pasaré junto a Grossman estas semanas de confinamiento. Tal vez él sea mi única oportunidad de encontrar algún sentido en medio de toda esta insensatez.
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Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.

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