Los medios sí que no le perdonan nada a LeBron. Lo odian. Porque se negó y se niega a cumplir esa pauta establecida a mediados de los ochenta: el apócrifo triunfo del individuo sobre el equipo.
Igual que tantos también creo, aún sin haberlo visto en directo más que como un señor esmirriado ya consumido por el Parkinson, que Muhammad Ali fue la figura más grande del deporte en el siglo XX.
La realidad terminará imponiéndose, con arrogante contundencia, sobre los restos de la elocuente fantasía sobre la cual se construyó la escuela. Pero el declive y posible clausura de la Lenin no es un síntoma de la crisis terminal del socialismo cubano, sino una tardía consecuencia de ella.
El racismo de Gurriel es el mío, y el de nosotros, y llegado cierto punto uno debiera, ciertamente, aplicar un ejercicio de conciencia sobre todas esas cosas que has dicho o has hecho pensando que eran correctas, creyendo que no segregaban o disminuían a nadie, y de qué manera específica lo hacen, en qué país y en qué escenario.
Raúl no tiene de qué preocuparse, tendrá las Asambleas que quiere, tan inútiles y serviles como las actuales. Nadie levantará en ellas jamás la mano para hacer una propuesta original de auténtica significación política, económica, legal o moral.
La Santa Biblia, un libro hermoso, sabio, con metáforas y parábolas poderosas, que lanza profecías sobre cualquier cosa, que abriga como ninguna otra cosa abriga y que lo ve venir todo, pero que no muestra la más elemental fórmula matemática o ley física que demuestre con pruebas empíricas que tal terremoto será la semana que viene entre las 7 y 10 de la mañana.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.